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REPORTAJE

El galope del caballo envenenado

Decenas de heroinómanos ven añadirse a sus problemas la pérdida de un ojo, foliculitis y caída del pelo

La heroína siempre produjo problemas orgánicos, facilitados por el estado de debilidad del drogadicto y la falta de asepsia, como las hepatitis, ayudadas a transmitir por las jeringas usadas una y cien veces y pasadas de unos a otros, por pincharse con agua hasta de los charcos. Aparecieron luego las endocarditis, tromboflebitis, dermatitis, septicemias y problemas oftálmicos. La humedad, el enmohecimiento de los limones con que se mezcla la droga y el transporte -especialmente cuando se pasa por vía vaginal o rectal-, entre otras causas, incrementan las infecciones, que se manifiestan de muchas formas, entre ellas los cuadros de ceguera. Los cortes de la droga, para añadir muchos ceros a los beneficios, con cal, talco, ladrillo, estricnina, lactosa y sustancias fácilmente alterables aumentan los riesgos. Los afectados han empezado a multiplicarse.

Quizá estuvieran sonando el Camarón de la Isla o David Bowie cuando Alberto se dio cuenta de que el mundo se oscurecía. Contrastaron entonces la atmósfera negra de su habitación y la película clara, en su cerebro de 23 años, de las dos últimas semanas de su vida: la ayuda denegada en dos clínicas que él sitúa en Pamplona y Vitoria; el hospital provincial de Burgos, donde le dieron cuatro pastillas y le mandaron a casa; el momento en que decidió, por qué no una vez más, chutarse la heroí na. Sabía que esta vez era distinto Al peligro de todo caballo, que el adicto ya no considera, se unía la seguridad del veneno. Alberto olió la droga y supo que iba a meterse la perfumada, ahora que estaba de senganchándose. Pero "esa vida mía sólo la conozco yo". Antes de que pudiera dudar un instante, la aguja había llegado a su destino.Alberto lo cuenta recordando que antes tenía un trabajo en el que no dependía de nadie. Era cuando le gustaba leer, "desde poesía a ma soquismo, pasando por Agatha Christie y libros de terror". Dice que desde que se pincha ha perdido esa afición y que, además, no puede leer, porque cuando le dilatan la pupila con las gotas no ve. Pero continúa escuchando al Camarón de la Isla mientras habla en la Residencia General Yagüe, de Burgos, con sus ojos oscuros quietos en un punto fijo, agarrándose las rodillas con sus brazos largos y balanceándose encima de la cama, pijama azul claro, batín granate. Estuvo un mes en infecciosos y ahora sigue adelante con un botellín diario de "medicación" y tres de suero, que le entran mediante un gotero cuya aguja le penetra por la vena subclavía, en el cuello, porque en los brazos es inútil intentarlo. El gotero es una compañía forzosa durante las 24 horas del día, un ángel de la guarda que arrastra con ruedas cuando sale al pasillo, o cuando va a echar un mus con sus colegas de la habitación de al lado. "Te tienes que acostumbrar a él aunque es incómodo, porque si no se te reproduce más el hongo", afirma Paco, enterado ya a los 17 días de estar en la residencia.

Dice Eugenio López, fiscal jefe de la Audiencia de Burgos, que el drogadicto tiene menos miedo a la muerte que a la ceguera, y es una afirmación que ratifican los médicos. Por eso Alberto se asustó. Fue ingresado a últimos de septíembre con 55 kilos, nueve menos que antes de empezar a pincharse, y entró con dificultades de visión en un ojo y sin saber que la inmediata culpable de esa especie de mosca negra que no le deja ver tiene un nombre ingenuo: se llama cándida, cándida albicans.

El doctor Manuel Serrano, director de la Residencia General Yagüe, explica que la cándida albicans es un hongo que habita en las mucosas, como la boca, la vagina o el recto, y que se piensa que se transmite por el sistema culero o vaginal de transporte de la droga o por falta de asepsia, por ejemplo en las jeringas.

Fenómeno conocido

Ricardo Merino, oftalmólogo del centro, afirma que de los siete casos de dolencias orgánicas provocadas por heroína contaminada que ha visto desde el mes de junio sólo cinco eran de uveítis micótica, nombre de la lesión que produce la cándida en el ojo, y que sólo son recuperables si están poco evolucionadas. El tratamiento, con inyecciones de dosis progresivamente más altas de anfotericina B, medicación muy fuerte, puede dañar el hígado y el riñón hasta el punto de tener que suspenderla y dar de alta la enfermo.

Aunque conscientes de que las consecuencias de las infecciones por cándida no eran un fenómeno nuevo -el director de la residencia dice que tenían conocimiento de casos de éstos en Estados Unidos en 1971, que en España la habían visto en publicaciones hace más de dos años, y en Francia, a través de la asociación El Patriarca- incluso antes-, el centro sanitario burgalés hizo público un comunicado el pasado 4 de octubre para que acudieran a él quienes tuvieran los mismos síntomas: malestar y fiebre al principio, foliculitis (granos en el cuero cabelludo o manchas blancas en la barba) después. "Los síntomas del ojo -generalmente en uno sólo- aparecieron más tarde. Lo que los afectados ven como una mosca es una pequeña manchita, cuyo período de incubación está entre dos y 10 días. Esto hace que vengan todos tarde, porque están esperando a ver si se les pasa", dice Serrano.

El psiquiatra Jesús de la Gándara, quien afirma que la patología de los heroinómanos con afecciones orgánicas no difiere de la de aquéllos que no las tienen, trató en la Residencia General Yagüe un caso en el que no se presentaron alteraciones oculares, sino que los problemas fueron de caída de pelo, alteraciones en el cuero cabelludo, infección de la linfa y lesiones en los ganglios. De la Gándara explica que los síndromes de abstinencia están muy mitificados y que nunca superan la semana o los 10 días.

Dicen los responsables de la Residencia General Yagüe que la edad de los allí tratados por heroína contaminada es de 17 a 25 años. De los siete casos que han pasado por este centro burgalés, sólo dos eran mujeres. Todos, menos una chica, tienen afecciones oculares. La otra parece que se ha curado. El grado de formación es variable. Sólo uno tiene estudios superiores, y dos, antecedentes delictivos. Predomina la extracción social baja, aunque un paciente es de clase alta. Los últimos ingresados proceden de Miranda, Briviesca, Burgos y Aranda, localidades todas ellas situadas en la línea geográfica Bilbao-Madrid o viceversa, según hacen notar los médicos.

Es este tema de la extracción social y de la procedencia el que hace decir a Roberto, de 27 años, que estaba en paro y antes trabajaba en montaje, que empezó a pincharse por curiosidad, "porque, hermana, yo estoy en la calle, y en la calle hay 50.000 temas y 50.000 cosas. Si te metes en un convento de monjas, pues es difícil pillar". El caso es que a Roberto empezó a caérsele el pelo y la barba y que lleva semanas en la cama y con el gotero, explicando que en su familia .están hechos polvo, especialmente la viejilla, que aún no ha venido a

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Viene de la página 19verme. Quizá sea por falta de tiempo. Tiene 53 años y está trabajan do. No ha venido... Y eso que yo era su hijo predilecto".

A Nieves sí van a verla. Primero, porque no les pilló de sorpresa: "ya sabían cómo iba yo". Luego, porque "en casa no soy el único caso". A ella la heroína contaminada no le ha subido a los ojos. Notó que se le hundía el esternón y que no podía mover el brazo izquierdo, porque le daban calambres. La infección le ha llegado a los huesos. Y ahora, a sus 19 años, yonqui desde hace dos, quisiera no volver a la heroína y recuerda cuando trabajaba en el restaurante de sus padres, mientras le entran en las venas cuatro gramos de antibiótico cada cuatro horas y aprovecha que sus ojos están intactos para desgranar La historia interminable, de Michael Ende.

La ruta de la 'perfumada'

Para cuando la perfumada empezó a hacer compañía al Camarón de la Isla en el entorno de Alberto y a acercarle a la ceguera, había recorrido ya un largo camino. El inmediato anterior parece que fue Euskadi. Antes, posiblemente, Barcelona, pero esto nadie puede o quiere decirlo con certeza.

En Euskadi, donde hay más de 10.000 yonquis, circulan tres clases de heroína, que el Centro de Drogodependencia del Gobierno vasco (DAK ) considera que llega al consumidor, salvo excepciones, con una pureza de un 5% a un 7%: la turca, la marrón (que es la más pura) y la blanca (la más suave). A finales de 1983 llegó el butanol, una heroína que olía a gas. Alguien la transportó o almacenó en recipientes de butano o le aplicaron gas con el fin de confundir a los perros de la policía. Pero los médicos relacionados allí con tratamiento de heroinómanos encuentran raro que la droga que luego se convirtió en perfumada, la heroína de olor a colonia, fuera exclusivamente transportada por vía vaginal o culera. A primeros de octubre de este año, la Policía Judicial de Bilbao aprehendió más de seis kilos de heroína en una sola operación y detuvo a cuatro personas. Hacía tiempo que no había grandes redadas por heroína en Euskadi, pese a que son allí sobradamente conocidos los tres puntos de Vizcaya donde se trafica con ella, y algunas personas consultadas entienden que para transportar seis kilos de droga por vía vagina¡, por ejemplo, haría falta una importante legión de mujeres. Fuentes solventes apuntan, además, que esos seis kilos eran el resto de una partida de alrededor de 50.

Parece que el butanol se convirtió en perfumada como forma de quitarle el olor. La heroína suele introducirse envuelta en pescado callos o tripas de animales para que no huela a sí misma en los controles. Cuando en Euskadi la droga de olor a colonia ha empezado a producir bultos en la cabeza y la cara de los consumidores -"porque endoftalmitis, siempre ha habido en los yonquis", dice el doctor Mikel Martínez, del servicio de medicina interna del hospital de Cruces y colaborador en la formación de personal del Centro de Drogodependencia del Gobier no vasco (DAK)- y éstos han comenzado a acudir a los médicos, alguien ha vuelto a teñir la heroína contaminada y a bajar partidas de perfumada hacia el sur, lo cual podría explicar la aparición de afectados en La Rioja, Palencia y Burgos. En Euskadi la perfumada tiene ahora un inequívoco olor a golosina.

"La partida de perfumada que se consumía aquí estaba infectada por cándida, no se sabe si porque la mezclaron con lactófilos", dice el psiquiatra Javier Aizpiri, director del DAK. "Creemos que siguió las rutas de Ezcaray (La Rioja) Burgos-Logroño, o Valmaseda (Vizcaya)-Burgos, llevada posiblemente por los que venden en los mercadillos. Salió de Deusto, donde parece que estaba almacenada, y dicen que ahora la han mezclado con caramelo para quitarle el olor".

Iñaki se subió al caballo contanúnado antes de que éste galopara hacia el sur. Lleva 24 años recorriendo la acera izquierda del camino que lleva de Bilbao al mar cuatro o cinco pinchándose y varias semanas en manos de los médicos, lo que le ha obligado a abandonar el bar familiar de la capital vizcaína, donde trabajaba. Una mañana se levantó, dice él, hecho un cristo. "Tenía la cara llena de granos, la cabeza con bultos y una pequeña mosquita en el ojo derecho. El médico me dijo que era una infección de la cara. Conforme pasaban los días iba a peor, hasta que se me puso una tela blanca por delante. Era el pus. Me empezaba a salir por debajo de la mancha blanca y a comerme el iris. Entre la gente con la que me muevo había muchos casos, todos con los granos, pero no necesariamente con lo del ojo; por eso yo creo que no es el hongo. Al principio no me preocupé demasiado. Pero me hincharon de antibióticos y no se me quitaba. Llevo más de tres meses entre médicos. Cuando empezaron a salir estos síntomas en la Prensa me di cuenta. Y vino el gran susto cuando me dijeron que me tendrían que operar. Veo borroso, y si no pierdo el ojo, quedaré contento".

"La perfumada estaba a mitad de precio y llevaba rulando por aquí un par de meses por lo menos. Y no se trata de unos gramos, sino de mucho más. Yo la compraba en Otxarkoaga, y allí había un movimiento de heroína increíble" sigue Iñaki. "Si llevas dos meses yendo a pillar y todo el barrio funciona igual, tienes que pensar que es una movida muy fuerte, de cantidades industriales".

Entró en la Universidad y tuvo que dejarlo. "Imposible estudiar con este tema a cuestas". Siempre le gustó mucho la literatura. El dinero de la dosis diaria le llegaba a duras penas. "Cuando no me he podido meter, no me he metido. No soy muy callejero, ni valgo

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para sacar una navaja a un tío, o robarle, o entrar a un piso. Me pongo a mirar a la gente con la que he andado y es otro nivel cultural, no tengo ni de qué hablar". Está ilusionado con salir de la heroína. "Los amigos que he tenido, y que no han estado metidos en esta historia, me han aguantado estos cuatro años y me están apoyando en los meses que llevo sin meterme. Me conformo con eso, y con tener mi trabajo esperándome. He procurado no perder los principios. Se trata de ir un poco de sano por la vida y de creer en algo".Detenciones en Burgos

Puede que sean el azar, el grado de interés, la suerte o los distintos niveles de eficacia las circunstancias que hayan llevado a que en Burgos sí haya habido detenciones de traficantes, y justamente de aquéllos que parecen ser los que estaban vendiendo la heroína contaminada. Y eso que "la Brigada de Estupefacientes carece aquí de medios materiales, pero tiene al frente a un inspector muy eficaz", según Eugenio López, fiscal jefe de la Audiencia burgalesa. "Controlaron los puntos. Tenían varias casas, y a una de ellas iban a pincharse, pese a que ya se había publicado que era heroína contaminada. Los que salían un día de allí lo dijeron. La colaboración de los drogadictos ha sido decisiva. Los afectados que están en la Residencia, sin embargo, no nos quieren decir la procedencia de la droga, por si nadie vuelve a venderles o por temor a amenazas, ya que esto es una mafia", añade el fiscal. "Una colaboración que, por diversos motivos, no es igual en el País Vasco, y que estoy seguro de que podrá serio cuando se ocupe de estos temas la Ertzantza, la policía autónoma", comenta otro fiscal y ratifica un médico vasco.

Aitor sabe que no volverá al caballo cuando regrese a su pueblo de Guípúzcoa, que da al mar. No está enganchado. Era un esporádico, y lo suyo fue un auténtico problema de mala suerte, que puede costarle un ojo. Mientras ve transcurrir ahora sus días de muchas horas piensa en cuando pueda volver a hacer footing por la playa. Seguirá estudiando y trabajando en el bar, y sin querer pensar más en "esa gente que me ha robado mil veces y me ha puesto cuchillos en el cuello". Quiere olvidarse de todo. Incluso de que aquél que le dio la droga por primera vez, cuando se la metió por la nariz, acabó suicidándose después. Y es que "encima de que te arruinas y de que estás todo el día hecho polvo... Encima te venden mierda".

Se extiende la heroína contaminada y adulterada

La heroína siempre produjo problemas orgánicos, facilitados por el estado de debilidad del drogadicto y la falta de asepsia, como las hepatitis, ayudadas a transmitir por las jeringas usadas una y cien veces y pasadas de unos a otros, por pincharse con agua hasta de los charcos. Aparecieron luego las endocarditis, tromboflebitis, dermatitis, septicemias y problemas oftálmicos. La humedad, el enmohecimiento de los limones con que se mezcla la droga y el transporte -especialmente cuando se pasa por vía vaginal o rectal-, entre otras causas, incrementan las infecciones, que se manifiestan de muchas formas, entre ellas los cuadros de ceguera. Los cortes de la droga, para añadir muchos ceros a los beneficios, con cal, talco, ladrillo, estricnina, lactosa y sustancias fácilmente alterables aumentan los riesgos. Los afectados han empezado a multiplicarse.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de noviembre de 1984

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