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Reportaje:

Stuart Christie

El anarquista que quiso matar a Franco

En agosto de 1964 la policía detuvo en Madrid a un anarquista británico de 18 años, Stuart Christie, acusado de participar en la preparación de un atentado contra Franco. Christie fue condenado en consejo de guerra sumarísimo a 20 años de cárcel, pero en 1967 las presiones internacionales obligaron a concederle el indulto. Hoy es un estudiante más del departamento de Historia Contemporánea de la universidad de Londres. "Ninguna universidad me enseñará nunca tanto como me enseñó la prisión de Carabanchel. Allí aprendí a conocer a las personas, a no poner etiquetas y a valorar mis propios límites".

Stuart Christie ya no es el muchacho de ojos azules asustados que mostraban las fotografías policiales de la época. Hoy tiene 35 años y ha conocido temporadas peores que los tres años que pasó en una cárcel madrileña. "En 1971 me detuvo la policía inglesa y pasé 18 meses en la prisión de Londres, a la espera de juicio. El jurado me absolvió, pero recuerdo esa época como mucho peor que la de Carabanchel. La cárcel española era mucho más humana, estaba todo el día fuera de la celda, hablaba con otros presos, incluso podía discutir con algunos funcionarios. Me viene a la memoria uno que me trataba como si fuera su hijo. La prisión londinense era mucho más dura, y los funcionarios, verdaderos fascistas con los que no se podía intercambiar una palabra".Cuando llegó a Madrid acababa de cumplir 18 años. Originario de Glasgow, el ambiente minero en el que se movía su padrastro le puso en contacto con el movimiento anarquista. "Yo fui simplemente un correo, encargado de llevar material e instrucciones a Fernando Carballo, que era quien iba a realizar el atentado. Yo ni tan siquiera sabía que intentaban matar a Franco en el estadio Bernabeu. Fue mejor así, porque como no sabía nada, nada pude contar a la policía". Los interrogatorios no fueron muy duros: "Me dieron algunas bofetadas, pero muy poco, en comparación con lo que le hicieron a Carballo. Le vi un día a través de unos cristales. Estaba atado a una silla y le golpeaban con la culata de una pistola. Era la primera vez que me enfrentaba a algo así y fue terrible". Con Carballo, que sólo salió de la cárcel gracias a la amnistía de 1976, no mantuvo casi contactos. "Me caía muy bien, pero no teníamos amistad personal. Casi no le conocí. A él le llevaron a otra prisión. En Carabanchel mis amigos fueron Luis Andrés Edo, Miguel García, Juan Busquet. Ellos me enseñaron español -cuando me detuvieron no sabía casi ni una palabra- y me ayudaron".

Cuando, indultado y expulsado de España, llegó a Londres, fue recibido casi como un héroe por la prensa británica. "Sólo duró 24 horas. El Daily Express de Glasgow había estado hablando con mi madre y pretendía medio secuestrarme para que le contara la historia en exclusiva. Me negué y les di el esquinazo, y a partir de ese momento me convertí en un sinvergüenza y subversivo peligroso".

Casi inmediatamente comenzó a extenderse por Europa occidental el movimiento de protesta estudiantil. Era 1968 y los ecos de mayo llegaban también a Londres. Christie, que ha continuado toda su vida vinculado a movimientos libertarios, se convirtió en uno de los blancos favoritos de la policía británica. "Estuve permanentenente vigilado por Scotland Yard, hasta que en 1971 me detuvieron con el pretexto de que habían encontrado armas en casa de unos amigos míos. Fui absuelto, pero, cuando salí de la cárcel, un policía, que había leído tanto sobre anarquismo que se sentía él mismo libertario, me aconsejó que me fuera de Londres".

Para entonces, Stuart Christíe había creado la Cruz Negra (organización anarquista de ayuda y socorro para presos), que continúa existiendo hoy día. "Nadie me daba trabajo, así que entré en una editorial anarquista -la Cienfuegos Press-, que hasta su cierre, el año pasado, ha sido considerada internacionalmente como la mejor prensa libertaria del mundo". En 1983, la editorial, que se había trasladado a las islas Orcadas, quebró y Stuart se encontró de nuevo en paro. "Mi compañera, la mujer con la que vivo desde antes de que me detuvieran en España, trabajaba como secretaria y vivía en Cambridge, y allí me fui yo también. Ahora tengo una beca que me permitirá estudiar durante tres años. Después no sé qué haré".

Stuart Christie recuerda España con nostalgia. Le gustaría instalarse en nuestro país: "No quiero ser pelota", dice en su atropellado español, "pero la verdad es que me gusta la gente, el paisaje, el clima. Tengo buenos amigos". Cuando Franco murió estaba viviendo en Yorkshire: "Sentí euforia, aunque duró poco, porque no sabía hasta qué punto la muerte de Franco en sí misma podía cambiar la situación española". En 1981 fue a Barcelona para reunirse con Miguel García, que regentaba el bar La Fragua: "No vi el cambio que yo hubiera deseado. Esperaba algo más positivo". Christie sigue siendo anarquista, pero cree que, en estos momentos de crisis económica e internacional, es difícil mantener vivo el espíritu revolucionario. "Quizá me equivoque, pero me parece que, en épocas como ésta, hay poca capacidad de reacción".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 2 de febrero de 1984