Reportaje:La historia de los 13 Juegos Olímpicos de Invierno: de Chamonix a Sarajevo

Toni Sailer, el primer gran esquiador polivalente

JUAN-JOSÉ FERNÁNDEZLos Juegos de Verano de 1948 tuvieron como sede Londres, y la imposibilidad de encontrar instalaciones invernales rompió ya definitivamente la absurda idea del COI de que una misma ciudad organizase los dos grandes acontecimientos. Ya entonces se preveía, aparte de la dificultad de elegir lugares válidos para ambos Juegos, que el coste económico lo haría aún más inviable. La ciudad suiza de Saint Moritz, por ello, repitió como sede, con 713 participantes (con 77 mujeres, un número ya considerable) y 28 países, aunque Japón y Alemania, todavía sin recuperarse de la derrota en la guerra, no estuvieron entre ellos.

La nota más destacada de los quintos juegos fue la supremacía ya del esquí alpino sobre el nórdico. El francés Henri Oreiller, ganador del descenso y la combinada (sólo disputada en 1936 y 48), y al que se conocía como el Loco por sus arriesgados recorridos, que continuó en el automovilismo, se acabó matando en 1962 en el circuito de Monthléry. El gigante sólo entraría en el programa en los Juegos siguientes, donde la especialización repartió los triunfos sin que nadie pensara en que un solo hombre, el austriaco Toni Sailer, iba a ser capaz de coparlos.

En Oslo, 1952, con el consuelo noruego de ser el primer país nórdico en organizar unos Juegos de Invierno y con un éxito apoteósico de público, otro esquiador de velocidad, Andersen, fue el mayor consuelo patriótico, con tres títulos. Aunque Noruega seguía mandando en el esquí nórdico, e incluso Eriksen ganó el primer gigante olímpico, ya. aparecía la URSS como debutante y gran enemiga futura para las pruebas de fondo.

Una gran figura

En Cortina, de nuevo con récord de participación (32 países, 819 atletas, 132 femeninas), se dio el espaldarazo a los Juegos, pues Italia estaba en pleno milagro de recuperación económica. Debutó en ellos Eugenio Monti, figura legendaria del bobsleigh (tras abandonar el esquí por romperse las dos rodillas) y de la deportividad. Fue 9 veces campeón mundial y sólo doble medalla de oro olímpica en Grenoble-68, ya con 40 años, tras haber perdido en Insbruck-64 ante un rival al que le prestó una pieza imprescindible. Pero el brillo del momento y para la historia fue el de un joven austriaco, apodado Toni desde que nació un 19 de noviembre de 1935 en Kitzbuhel. Toni Sailer, en efecto, de no haber igualado su plusmarca 12 años después el francés Jean-Claude Killy, hubiese quedado como el mejor esquiador de todos los tiempos. Al menos, fue el pionero de unos triunfos sin precedentes. Antes de su triple triunfo olímpico fue ya, en 1955, el primer esquiador que ganó todas las pruebas en una temporada, salvo la Kandahar.

De su dominio en los Juegos Olímpicos destacaron, sobre todo, las diferencias, actualmente casi increíbles, con que superó a sus adversarios. Si en el descenso se impuso por tres segundos y medio al suizo Fellay, en el eslalon especial aventajó al japonés Nigaya nada menos que en cuatro, y en el gigante, a su compatriota Molterer por el asombroso margen de seis segundos. La superioridad de Sailer en su tiempo fue aplastante en todas las pruebas, cuando aún no había llegado la especialización Fue uno de los prodigios técnicos en la historia del esquí y un, adelantado, lo mismo que atletas míticos como el saltador de altura soviético Brumel.

Sailer aún estuvo a punto de completar su hazaña olímpica ganando los cuatro títulos en los Campeonatos del Mundo de Badgastein, dos años más tarde, en 1958, cuando todos le daban ya por acabado para el esquí de alta competición. Sin embargo, se impuso en el descenso, en el gigante y en la combinada (cómputo de las tres pruebas alpinas, que no se premia olímpicamente), y sólo fue superado en el eslalon especial por su compatriota Rieder.

Como otras grandes figuras del deporte, hizo sus pinitos en el cine, y las rígidas normas entonces sobre el amateurismo le descalificaron al interpretar el papel de un esquiador profesional. Debió, pues, abandonar la competición, sin haber medido sus fuerzas más veces con los mejores rivales de su época, y siguió poco tiempo más en las pantallas, sin mayor éxito. Su porvenir estaba como hacendado industrial de la hostelería.

En otro de los lugares ancestrales del esquí alpino, la localidad austríaca de Sankt Anton, nació en 1938, tres años más tarde que Sailer, Karl Schranz, otro de los grandes de la historia del esquí mundial y, sin duda, el más desafortunado, pues no logró nunca ganar un título olímpico. Schranz, conocido como el Viejo, ha sido elesquiador que más años ha permanecido en la cumbre de su especialidad. Ascendió a ella ya en 1956 y lo confirmó un año más tarde, cuando ganó el descenso y la combinada de Arlberg-Kandahar.

Un sucesor desafortunado

Toni Sailer ya tenía sucesor. Schranz ha sido el mejor especialista de descenso, y sus siete triunfos en la Kandahar, cinco en el Lauberhorn y tres en el Hahnenkamm así lo acreditan. Campeón del mundo en el descenso y la combinada en Chamonix (1962), y del gigante en Val Gardena (1970), ya con 32 años, también logró dos copas del mundo de la regularidad alpina en 1969 y 1970. En los Juegos Olímpicos de Sapporo-72 ya no pudo participar, acusado de profesionalismo, tras una gran polémica.

Schranz fue también eliminado en Squaw Valley-60 antes de participar, por conducta incorrecta; en Innsbruck-64 le superó el francés Bonlieu en el gigante, y en 1968, el galo más grande, Jean-Claude Killy, ganó el eslalon especial tras medio día de discusiones, que finalizaron con la descalificación de Schranz por haberse saltado una puerta en medio de la niebla. Propietario de un hotel en su pueblo, Schranz fue el primer gran millonario del esquí, antes que Stenmark, cuya licencia B, por cobrar la publicidad, tampoco le permitirá estar en Sarajevo.

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