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Emoción, solidaridad y canciones en el festival por los derechos humanos

Un largo recital de más de tres horas de duración, en el que volvieron a aparecer las cerillas como símbolo de solidaridad, en el que las palabras alcanzaron el tono justo de calor, y emotividad que la ocasión exigía, cerró el acto de entrega de los premios españoles de los Derechos Humanos, celebrado el sábado en el Palacio de los Deportes de Madrid.

Luis Eduardo Aute abrió el espectáculo, acompañado por Luis Mendo, de Suburbano, habitual arreglista de los últimos discos del cantante, y Olga Román, del grupo Nuestro Pequeño Mundo. Interpretó cuatro canciones, que fueron acogidas con calor, y se vio obligado a repetir De alguna manera, uno de los temas más conocidos de su repertorio. Luego' Rosa León y Massiel interpretarían también canciones compuestas por él.Teddy Bautista, consiguió conectar con el auditorio interpretando dos temas acompañado por el grupo canario Teclados Fritos, especialmente en su segunda intervención, Aguañac, dedicada a las islas. Rosa León consiguió las primeras cerillas de la noche, con una magnífica versión de Al alba, demostrando su progreso interpretativo en los últimos años. José Antonio Labordeta, que estrenó una incisiva canción que invita a enviar los carnés de identidad a Reagan y Andropov como constancia de que no se cuente con quien así lo haga para posibles enfrentamientos, puso en pie al recinto entero interpretando ¡Canto a la libertad, que tornó especial resonancia en una noche así.

Después de él subió a escena la actriz uruguaya Sara Laroca, del teatro El Galpón, cerrado por la dictadura, que fue acompañada en el poema que recitó por el cantautor de la misma nacionalidad Yamandú Palacios, uno de los nombres claves de la canción popular de Uruguay.

El argentino Indio Juan, que lleva largos años viviendo en España, se encargó de abrir la segunda parte, recitando un poema de Mario Benedetti, Padre nuestro latinoamericano, y una aplaudida canción del también argentino Jorge Schulsein. Massiel también estuvo sobre el escenario, mezclando canciones de Aute y Perales en una buena actuación artística que el público bailó y aplaudió, pero que quizá fue la que menos conectó con el espíritu del acto. Víctor Manuel y Ana Belén se turnaron en interpretar ocho canciones, alcanzando su punto álgido con La muralla, de Nicolás Guillén y Quilapayún, y Caminando, una hermosa canción pacifista de¡ brasileño Gerardo Vandré. Cerró la sesión Miguel Ríos con una versión, coreada por el público puesto en pie, de El himno a la alegría, aunque ante la insistencia tuvo que volver a salir para despedir definitivamente con su himno rockero Bienvenidos. Todo el acto fue acertado y sobriamente presentado por Rosa María Mateo e Iñaki Gabilondo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 12 de diciembre de 1983