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Editorial:

Amenazas sobre Líbano

LA SITUACIÓN en Líbano está llegando a unos extremos en que la amenaza de que un proceso caótico lleve a su descuartizamiento de hecho, como consecuencia sobre todo de las injerencias extranjeras, no puede ser descartada. Líbano es desde su nacimiento una realidad estatal extraordinariamente compleja. Situado en una región donde la humanidad ha conocido algunas de las formas más altas de civilización, mosaico de diferentes religiones, se constituyó como Estado despues de la primera guerra mundial, con un mandato confiado a Francia en el marco de la Sociedad de Naciones. Cuando conquistó una independencia efectiva, un pacto nacional establecido en 1943 dispuso un complejo sistema de equilibrios en los principales cargos del país entre cristianos y musulmanes, dando a aquellos, en aquella época mayoría, cierta preponderancia. El arreglo funcionó durante tres décadas; un proceso interno de mayor crecimiento de la población musulmana y una serie de impactos derivados de la creación del Estado israelí y de su conflicto con el mundo árabe iberon rompiendo el equilibrio y abrieron una etapa de luchas, de guerra civil, que amenaza ahora con llevar a situaciones aún más trágicas.El punto de partida de los actuales acontecimientos se remonta a la decisión de Israel, hace 15 meses, de invadir Líbano: el objetivo era alejar las bases de la resistencia palestina, que bombardeaban regiones de Galilea. Pero las tropas israelíes fueron hasta Beirut; parecía que el objetivo real de Beguin era cambiar la colocación internacional de Líbano, romper sus lazos con el mundo árabe, convertirlo en un país mediatizado por Israel. Al cabo de largas conversaciones, con EE UU de mediador y la participación personal de Shultz, Israel aceptó evacuar sus tropas conservando una franja de territorio bajo su control; y a,demás, con una condición previa: que se retirasen las fuerzas palestinas y sirias. Siria no está dispuesta a aceptar una solución que otorgaría a Israel una situación privilegiada en Líbano.

Pero Israel ni siquiera se ha atenido a los acuerdos gestionados por Shultz: acaba de realizar una operación unilateral de retirada de sus tropas sobre el río Awali, conservando en sus manos una cuarta parte de la superficie de Líbano. Al mismo tiempo, ha actuado sin arreglo previo con el débil Gobierno de Líbano para que éste pudiese ocupar con sus tropas las zonas evacuadas, y está armando a las milicias cristianas y drusas; se trata de impedir un proceso de paz civil, de reconciliación.

Por otra parte, el juego de Siria, que ocupa una parte. considerable de Líbano, no es de diferente carecterística. Antes que facilitar el camino hacia una hipotética recuperación de un Líbano independiente, reconciliado, los dirigentes siríos prefieren que se prolongue la división actual;,ello les permite controlar una parte sustancial de las fuerzas dela resistencia palestina y especular con ese factor en los dliversos teatros de la política árabe.

Francia, Italia y EE UU tienen en Beirut, desde hace aproximadamente un año, contingentes armados: fueron enviados para controlar la evacuación de los combatientes palestinos, cercados entonces en la parte occidental de Beirut, y contribuir al mantenimiento del orden. Pero en los últimos días están sufriendo cierto número de bajas y dan una sensación de total impotencia ante un proceso de agudización de la guerra civil. Estados Unidos y Francia han despachado unidades navales con aviación a las costas libanesas, y al menos en un caso, aviones norteamericanos han bombardeado posiciones de las milicias progresistas drusas. En la opinión pública de EE UU crece la demanda del retomo de las tropas; en este caso le es difícil a Reagan justificar su presencia en Oriente Próximo por el peligro comunista. En Italia y Francia se han producido ciertos esfuerzos por facilitar una reconciliación entre musulmanes y cristianos libaneses. El dirigente druso Jumblat hizo recientemente un viaje a París, y se habla ahora de otro viaje suyo a Roma. Tal reconciliación sería el primer paso imprescindible para la recuperación de un Líbano independiente. Pero no parece existir, al menos hasta ahora, una voluntad política, ni siquiera en las fuerzas libanesas, para avanzar en ese sentido. Una especie de partición de hecho, con una zona ocupada por Israel y otra por Siria y zonas disputadas en una guerra civil más o menos larvada (manipulada además por los dos países citados), es una perspectiva sin duda triste, pero probable.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 9 de septiembre de 1983