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Un filme portugués, la sorpresa del certamen de La Coruña

Sen sombra de pecado, del portugués José Fonseca e Costa, ha sido la más grata sorpresa que hasta ahora ha deparado el Festival Internacional de Cine de Comedia de La Coruña, que se clausura el próximo domingo. Con una soberbia actuación de Victoria Abril, protagonista principal junto con el luso Mario Viegas, el filme portugués, presentado en la sección competitiva, ha hecho que público y crítica coincidieran en los aplausos en la sala con las valoraciones especializadas. Su director ha aprovechado el impacto para lanzar un llamamiento de urgencia a la colaboración cultural y cinematográfica entre España y Portugal, "dos vecinos que se dan la espalda".Ajeno a la dinámica festivalera, que no a las pantallas, José Fonseca había pasado desapercibido en el certamen, con su aire de portugués impasible. Junto a la discreción, ha demostrado tener una cabeza bien ordenada, en la que bulle un propósito apasionante: "Mi película quiere ser un primer paso, aunque tímido, para llegar a una colaboración efectiva desde el punto de vista cinematográfico, entre España y Portugal; es lamentable y dolorosa la actual situación de mutuo desconocimiento". La presencia de dos nombres importantes del cine español en la gestación del filme demuestran un interés no fingido: Victoria Abril, en el reparto, y Pablo del Amo, en el montaje.

En Sen sombra de pecado, basada en un relato de David Ferreira, la historia se va desgranando como las estrofas de un fado, en la atmósfera decadente de una Lisboa que vive de nostalgias coloniales. Una comedia nada al uso que consigue trascender el género, para hacer, que es de lo que se trata, un buen suceso que cuenta, divierte y abre luces. Una novela rosa que esconde el esperpento final.

Como para recordarnos que el océano aún existe, y a modo de contrapunto, se presentó Doctor Detroit, de Michael Pressman. Acción y swing. Una comedia americana tan intrascendente como bien construida. El filme portugués nos lleva de la ternura al rictus con cierta ironía fatalista. La comedia de Pressman nos lleva, sencillamente, a la risa, más o menos sonora.

Mientras Sammy Davies persigue una gata por el hotel, regalada por el ayuntamiento, no muy entusiasmada con el futuro incierto de, los tejados de Nueva York, otro miembro del jurado, Luis García Berlanga, recién llegado, devora en solitario las películas presentadas a concurso. Le hemos pedido novedades y Berlanga suelta dos: es ncesario, en colaboración con los Gobiernos autónomos, afrontar la descentralización de la Filmoteca Nacional; y a primeros del próximo año quiere comenzar el rodaje de uno de sus proyectos más añorados, una película sobre la guerra civil, abortada cuatro veces por la censura cuando estos tiempos eran otros.

También el escritor Gonzalo Torrente Ballester anda, aunque indirectamente, en proyectos cinematográficos. Mientras se le homenajea en su comarca natal, se ha dejado ver por el certamen en compañía de productores, interesados, al parecer, en una versión para el celuloide de Los gozos y las sombras.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 9 de septiembre de 1983