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CARTAS AL DIRECTOR

V. S. Naipaul

S. Andreu de Salou, Gerona.

La entrevista de su enviado especial con V. S. Naipaul demuestra un admirable "restraint", según dirían los admirados maestros del novelista caribeño. Naipaul, un escritor menor que se aprovecha de la moda por escritores marginalmente excéntricos, en cuanto a su origen y su cultura, pero totalmente "céntricos" en cuanto a su fidelidad a los presupuestos de la cultura hegemónica, ataca globalmente a los escritores en lengua española como cualquier provinciano que no sabe distinguir las variedades culturales que ocurren mas allá de los límites de su pueblo. Pensar que Borges es el producto de la misma cultura que García Márquez o Arreola, es tan ignorante o quizás tan "universalista" como afirmar que V. Woolf, Tom Wolfe y T. Woolfe comparten algo más que un mismo idioma. Naipaul, de origen caribeño y antepasados hindúes, elige vivir en Hampstead, paraíso londinense de profesionales exitosos, porque no aguanta la miseria de su origen lo que no le impide erigirse como crítico "implacable" de las imperfecciones del Tercer Mundo, críticas que coinciden con las más inteligentes del State Department. Las novelas de Naipaul son las de un Uncle Tom más refinado que ofrece a las antiguas metrópolis un costumbrismo más sutil que refuerza todos los prejuicios. Sin tocar lo político, tranquiliza y da argumentos para seguir ninguneando a las ex colonias.Sus juicios "críticos" sobre la literatura española forman parte de aquella escuela inglesa de académicos que, desde hace siglos y por razones políticas de fácil comprensión, han intentado negar el pan y la sal a nuestra literatura. Aunque puedo estar de acuerdo en la mediocridad de obras concretas - Zalacaín el aventurero-, Baroja es un excelente novelista, y si Pardo Bazán hubiera sido Miss en vez de condesa otro gallo le cantara. Por otra parte nuestro, Uncle Tom ignora el nombre de Alas, el más ilustre de nuestros novelistas modernos y no ha oído hablar de escritor-a alguno después de Baroja por lo que podemos suponer que depende de antiguas deducciones o cree que no vale la pena molestarse en leer en otro idioma que el inglés, lengua de los imperios. Cuando Borges se ríe de Quevedo no hace sino continuar una tradición propia. Cuando Naipaul enjuicia una literatura que ignora no hace sino confirmar actitudes imperialistas. /

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 8 de agosto de 1983