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Reportaje:

Ganar dinero y regresar, los dos empeños que ocupan a los ex centristas

Apenas llevan nueve meses apartados del poder. Muchos han tenido que rehacer sus vidas profesionales, largamente ocupadas por la política. Hoy algunos de entre ellos viven dedicados a la empresa -pública o privada- y sin pretensiones de volver a lo que no hace ni un año fuera su ocupación. Otros, en cambio, se muestran más nostálgicos: brujulean por los cenáculos políticos, participan en operaciones de verano que seguramente acabarán en nada... Son los ex dirigentes de Unión de Centro Democrático, aquel partido que hace solamente nueve meses todavía ocupaba el poder en España. Son políticos en el paro o, como mucho, en el subempleo.

Después de cinco años dedicados al Gobierno, al partido o a ambas cosas, ganar dinero, para después, tal vez, regresar a la política, es una de las obsesiones comunes. Han sido pocos quienes se han reintegrado a sus carreras oficiales, y muchos, en cambio, los que han confiado en la iniciativa privada: bufetes, asesorías, puestos en consejos de administración. Tras nueve meses de silencio, un grupo importante de ellos se prepara para el regreso, aunque nadie sepa muy bien cuáles serán las vías para este retorno.Está, por ejemplo, el caso de Leopoldo Calvo Sotelo. El último presidente del Gobierno de UCD y penúltimo presidente del partido, medita en su descanso de Ribadeo, alejado, como siempre, de la Prensa, en la conveniencia de ocupar el escaño que no pudo ganar el 28 de octubre, sustituyendo a Landelino Lavilla. Desde que abandonó la Moncloa para volver a Somosaguas, Calvo Sotelo ha intentado el aterrizaje en muchos sitios -principalmente la banca-, para, finalmente, conformarse con un pequeño despacho en la calle de Alcalá, mirando al Retiro y a la grupa del caballo de Espartero, y un puesto en el consejo de Ferrovial, la empresa de su cuñado Rafael del Pino.

Entre tanto, ha aprovechado el tiempo para mantener contactos discretos con Antonio Garrigues, con Miguel Roca... Varias hipótesis políticas se han trazado ya "para cuando Leopoldo venga al grupo centrista", entre ellas una hipotética colaboración del grupo con la Minoría Catalana, en una avanzadilla parlamentaria de la operación reformista de Roca. Y lo cierto es que todas las hipótesis apuntan a que el sustituto de Lavilla en la presidencia del grupo centrista será, si no Calvo Sotelo, sí el ex ministro de Obras Públicas Luis Ortiz, un hombre ligado desde la infancia a la familia Calvo Sotelo. Aquejado de una leve ciática, que irrumpió bruscamente en su vida no mucho después de haber dejado la presidencia, el penúltimo presidente de UCD medita sobre la conveniencia de dar el sí definitivo al escaño... o dejar correr el turno.

La 'pesca' de Fraga

Varios de los hombres más cercanos al último presidente del Gobierno titubean también nueve meses después. No hace siquiera un mes, Manuel Fraga llamó a José Pedro Pérez Llorca, el último ministro de Asuntos Exteriores centrista; a Matías Rodríguez Inciarte, el joven ministro de la Presidencía cuyo despacho en la Moncloa era de los más cercanos al presidente; a Soledad Becerril, la última ministra de Cultura de UCD; a Antonio Jiménez Blanco, quien fuera presidente del Consejo de Estado y hoy comparte con Pérez Llorca y con el ex ministro de Hacienda Jaime García Añoveros un bufete que comienza a no ser tan rentable como antes...

Todos ellos, y algún otro, como Joaquín Muñoz Peirats, se vieron con Fraga y con Carlos Robles Piquer. Era el primer intento de ampliación del ala liberal de la Coalición Popular. De la reunión apenas salió otra cosa que el compromiso de seguir viéndose, mientras Pérez Llorca, que había alentado con cierto entusiasmo el encuentro, aseguraba que él permanece alejado de la política.

La salida liberal es una de las posibles para muchos hombres de UCD. Pero esta salida está aún poco clara, y varios hombres del PDL de Garrigues, antes destacados ucedistas, juegan con varias barajas a la vez, buscando esa unidad de los liberales que, piensan, tienen un nítido hueco en el futuro político español. No se trata solamente del incansable Muñoz Peirats. Antonio Fontán, el hombre que fuera presidente del Senado y ministro de Administración Territorial, convoca almuerzos a los que asisten liberales de la UL de Schwartz, del PDL de Garrigues y de la ex UCD, como varios de los antes citados.

Otros integrantes del ala liberal de UCD han escogido vías autónomas de futuro incierto. Es el caso de Ignacio Camuñas, cuya vida profesional vuelve a centrarse en una plena dedicación: la política. Ayudado por el ex ministro de Educación, el catedrático y miembro del Club de Roma Federico Mayor Zaragoza, Camuñas trata de poner en pie un partido de acción liberal en el que se integran no pocos ex miembros del partido que ocupó el poder hasta diciembre de 1982: Francisco Ruiz Ruisueño, Francisco Zaragoza, Manuel Bermejo, Antonio López Casero... Como el PDL, -como los ahora independientes ex UCD, el PAL también quiere cubrir el hueco que conservadores y socialistas dejan en el centro.

Escasa nostalgia

Pero no todos los hombres del presidente están en la vía liberal. Algunos de quienes se quemaron en la última etapa política de Calvo Sotelo tratan de rehacer sus vidas por los más diversos caminos: Luis Sánchez Merlo, el joven secretario general de la presidencia, da clases como visiting fellow en una universidad de Boston, y aún no ha decidido qué hará cuando regrese; Eugenio Galdón, otro de los hombres más cercanos a Calvo Sotelo, es hoy vicepresidente de la red de emisoras COPE y prepara un relanzamiento de los servicios informativos; Ignacio Aguirre, el último secretario de Estado para la Información, tiene un buen refugio en la Organización Mundial del Turismo, con sede en Madrid. Ninguno de ellos parece tener un excesivo interés por regresar a la política. Al menos, hasta olvidar los disgustos de la etapa pasada.

Muchos de quienes militaron en el ala liberal de UCD aún buscan acomodo político, más preocupados por su situación de parados en este terreno que los hombres del presidente antes citado. Para quienes la UL, el PDL o el PAL no parecen soluciones rentables de futuro, el Partido Reformista Democrático ofrece al menos la ventaja de haber tenido un lanzamiento inicial con cierta fuerza. La operación reformista que apadrina, paradójicamente desde fuera del PRD, Miguel Roca, cuenta, tanto en provincias como en Madrid, con importantes aportaciones provenientes de UCD. En el cuartel general madrileño, en la calle del Príncipe de Vergara, trabajan Florentino Pérez, Joaquín García Romanillos, Fernando Garro y Antonio Botella; todos ocuparon cargos en el anterior Gobierno o en la organización del partido ahora en vías de disolución. Todos ellos se proclaman afectos a la ideología liberal, aunque sus orígenes políticos estuviesen cercanos al Partido Popular, animado desde la sombra por el notario y ex ministro de Agricultura José Luis Álvarez, uno de los motores ocultos, en 1977, de la creación de UCD.

Abandonando a última hora el Gobierno Calvo Sotelo, Álvarez fue el último de los dirigentes centristas que salieron de UCD antes de las elecciones del 28 de octubre pasado.

A engrosar el PDP

Álvarez iniciaba una larga marcha hacia la reunificación de la siempre dispersa familia democristiana española. El Partido Demócrata Popular, fundado por Óscar Alzaga hace un año, iba a ser uno de los grandes beneficiarios del desguace de UCD: más de un millar de miembros del extinto partido pasaron a las filas del PDP. La conmemoración del primer aniversario de vida de este partido, hace menos de dos semanas, registró nuevas sorpresas, porque allí, sentados en las mesas del popular salón de bodas, banquetes y bautizos escogido para la celebración, se encontraban varios personajes cuya conversión en seguidores de Alzaga no constaba hasta el momento. Eugenio Nasarre, que fuera efímero y eficaz director general de RTVE durante la transición de uno a otro Gobierno; Carlos Moro, el alma de la Fundación Humanismo y Democracia...

No estaban ni Íñigo Cavero -dedicado a las últimas deudas de UCD, cuyo congreso de disolución parece haber quedado formalmente olvidado-, ni Juan Antonio Ortega Díaz-Ambrona, mano derecha de Lavilla mientras éste fue presidente de UCD y uno de los que más tenazmente se opusieron a cualquier coalición preelectoral con la Alianza Popular de Fraga. Sin embargo, tanto Cavero como Ortega participaron activamente en la escuela de verano organizada por el partido de Alzaga.

Desde su cada vez más aislado despacho en la nueva sede de la Fundación Humanismo y Democracia, ahora controlada de hecho por hombres del PDP, Fernando Álvarez de Miranda parece constituir ya la única resistencia democristiana a englobarse en la Coalición Popular. Pero lo cierto es que dificilmente puede afirmarse que el paro político. afecte hoy a los hombres de la DC, familia donde sólo se ha producido una fuga: la de Marcelino Oreja, quien prefirió ingresar en AP ante la creciente influencia en el País Vasco del nuevo secretario general del PDP, Julen Guimón. Esta influencia convertía a Oreja en prácticamente incompatible dentro del partido de Alzaga.

Están también quienes, militando en UCD, nunca pertenecieron a las ideologías tradicionales (liberales, socialdemócratas o democristianos): suaristas, azules o independientes sin más.

Unos buscaron, hace casi un año ya, su salida política en el CDS de Adolfo Suárez. La mayoría comprendió que su vida política se había extinguido, a menos que el panorama sufra un cambio radical.

Abandono de los 'azules'

Los más notorios representantes de los que fueran llamados azules parecen haber solucionado sus vidas al margen de la política: Juan José Rosón, el único ministro del equipo Calvo Sotelo que concluyó indemne su gestión, es buscado por los mentores de unas u otras operaciones veraniegas. Pero desde su presidencia de Sintel -una empresa que facturó el año pasado 12.000 millones de pesetas-, del Fénix Mutuo -cargo honorífico- y desde su destacada participación en la empresa de asesorías que montó con sus más cercanos colaboradores (Laína, Izarra del Corral), Rosón parece decidido a esperar. No ha dicho a nadie que piense en abandonar definitivamente la política, pero no se ha comprometido con nadie. Lo más lejos que ha llegado ha sido a responder a algunos que "en septiembre u octubre ya veremos, según estén entonces las cosas...".

Rodolfo Martín Villa, cuyo nombre sonó en algún momento como posible vicepresidente de un banco oficial, permanece por ahora relativamente cómodo en la vicepresidencia de Eulen, un holding creado por un emprendedor leonés, David Álvarez, que comenzó de la nada montando un servicio de limpiezas que luego se haría multinacional. Entre otras, Eulen controla una empresa de seguridad que protagonizó, no hace muchas semanas, un extraño caso relacionado con una presunta vigilancia ilegal al socialista Ciriaco de Vicente, secretario primero de la Mesa del Congreso, Al tiempo, Martín Villa, el hombre que durante más de 20 años jamás se apeó de un coche oficial, prepara, sin prisas, un libro de memorias, todo un síntoma de una retirada casi definitiva.

Menos suerte pareció tener Jesús Sancho Rof, diputado del grupo centrista escasamente asistente a los plenos en el hemiciclo. El ex ministro de Sanidad se vio involucrado en la adquisición de la Banca Masaveu, junto con otros varios, que luego pasaría, sigilosa e inadvertidamente, a ser controlada por un hombre de Rumasa...

También el valenciano Emilio Attard, que presidiera la comisión constitucional del Congreso, prepara un libro. El título provisional habla del Ocaso de UCD y, aparentemente, presenta como uno de los grandes culpables de todo lo ocurrido a quien fuera durante algún tiempo secretario general del difunto partido, Rafael Arias-Salgado.

Pero, ocupado en su bufete y en su nueva finca toledana, Arias-Salgado parece haber olvidado por completo tiempos pretéritos.

Algo semejante ocurre con Fernando Abril; el que fuera todopoderoso vicepresidente del Gobierno rechaza hablar de política, incluso en privado. Hoy, Abril preside una compañía naviera levantina de titularidad parcialmente estatal, tiene un despacho central en Madrid y vuela continuamente a Valencia. Quienes están próximos a él aseguran que jamás escribirá sus memorias, aunque no han sido pocos los editores que le han ofrecido sumas fabulosas por hacerlo. En ocasiones se reúne con otro levantino que también permaneció en UCD hasta última hora, aunque discurriendo por otros derroteros. Jaime Lamo de Espinosa ha vuelto a su cátedra, que simultánea con la asesoría de una empresa avícola, Avidesa, propiedad del ex secuestrado Luis Suñer; hay que seguir viviendo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 8 de agosto de 1983

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