Reportaje:

Cinco reclusos de Basauri pretendieron huir de la prisión secuestrando a seis funcionarios

Tras casi cuatro horas de tensión, efectivos de la Policía Nacional y del grupo especial de intervención de la Guardia Civil, lograron reducir, en una operación relámpago, a cinco reclusos amotinados que retenían bajo amenaza de muerte a media docena de funcionarios de la prisión de Basauri. Los amotinados, encabezados por un delincuente de 20 años, condenado a 77 años de prisión, exigían que fuera puesto a su disposición en el aeropuerto de Sondica un avión con el que abandonar España.

El motín se inició poco antes de las 23 horas del martes. Cinco reclusos, armados con media docena de cuchillos de cocina de grandes dimensiones, una cuerda de 15 mts. y diversos objetos punzantes, se hicieron fuertes en los compartimentos del jefe de servicio y del jefe de centro, consiguiendo retener a 6 funcionarios. Para dar mayor verosimilitud a sus amenazas los amotinados colocaron a uno de los funcionarios, Domingo Quiñones, sobre una silla con la soga anudada al cuello, y mostraron la escena al director del centro, al que advirtieron que, si no se cumplían sus condiciones, podrían retirar bruscamente la silla, lo que hubiera producido el estrangulamiento del funcionario.Sus condiciones, que proponían negociar con el gobernador civil de la provincia, Julián Sancristóbal, eran: traslado en un coche policial blindado al aeropuerto de Sondica, desde donde un avión les conduciría a Madrid, en cuyo aeropuerto les esperarla otro avión para despegar con rumbo a un país que indicarían en su momento.

'Gabinete de emergencia'

Los amotinados daban un plazo de 10 minutos para confirmar la aceptación de sus condiciones, amenazando, en caso contrario, con dar muerte a los rehenes.El gabinete de emergencia constituído bajo la presidencia del gobernador civil desde que se tuvo noticia del hecho, forjó un plan cuyo primer objetivo fue el de ir ganando tiempo con el fin de conseguir una información más exacta de la situación (inicialmente se desconocía el número exacto de amotinados, con qué tipo de armas contaban, etcétera).

Hacia las dos horas de la madrugada se personó en la prisión el gobernador civil. Tras un primer contacto con los amotinados por medio del teléfono interior, fue aceptada la propuesta, emanada de los funcionarios retenidos de entablar conversaciones a través de un intermediario. Fueron los propios rehenes quienes adelantaron el nombre de José Ignacio Aramaio Egurrola, dirigente de ETApm encarcelado en Basauri, como la persona adecuada para tal intermediación.

Aramaio, bruscamente despertado, ajeno a lo que estaba ocurriendo, fue conducido ante el gobernador, el cual le rogó que transmitiera a los amotinados la conveniencia de que depusieran su actitud. El dirigente poli-mili trasmitió tal aviso al cabecilla del grupo, Antonio Arevalillo Sanz, condenado por varios delitos, entre ellos un hurto con homicidio, el cual volvió a hablar telefónicamente con el gobernador, así como con el jefe superior de policía de Bilbao.

Mientras tanto, y a través de estos contactos, se pudo realizar una valoración más ajustada de la situación real. La inquietud de los funcionarios -que también fueron autorizados por sus secuestradores a hablar telefónicamente con el gobernador- seguía siendo alta. El jefe de los amotinados, que para entonces ya se sabía que eran cinco, parecía, por el contrario, bastante sereno. "Usted no sabe de lo que soy capaz" y "yo tengo mucho que ganar y poco que perder" fueron algunas de las frases que pronunció Antonio Arevalillo. Se tenía también una idea bastante exacta de las armas con que contaba el grupo así como del espacio que controlaban y las vías de acceso al mismo.

Necesitar tiempo.

Siguiendo con la táctica de dilación, el gobernador hizo saber a los amotinados que necesitaba tiempo para consultar con sus superiores la eventual aceptación de las condiciones. En un momento dado, Arevalillo afirmó que "el tiempo no es problema, dispone usted de todo el que quiera porque dominamos perfectamente las vías de acceso y es imposible que la policía nos sorprenda".Y "tras un estudio tendente a minimizar el riesgo que pudieran correr los funcionarios" -según palabras del gobernador en la conferencia de Prensa que ofreció ayerse fijó para las 6'30 horas el momento de realizar el asalto. Unos 40 policías nacionales y entre 15 y 18 especialistas de la UEI (Unidad Especial de Intervención de la Guardia Civil), tomaron posicíones silenciosamente y colocaron en diversos lugares explosivos de ruido utilizados con el fin de aturdir a los amotinados.

A la hora prevista, y tras varias explosiones simultáneas, los agentes penetraron después de forzar consecutivamente tres puertas, en el recinto controlado por el grupo y consiguieron liberar a los funcionarios sin necesidad de utilizar armas de fuego. Precisamente una de los aspectos más delicados del plan de asalto consistió en preveer la posibilidad de que los reclusos se hubieran intercambiado las ropas con los funcionarios. De hecho, las 11 personas que se encontraban en el lugar fueron inmovilizadas simultáneamente, procediéndose luego a la identificación de cada uno de ellas. El asalto se produjo por la zona teóricamente más inaccesible, tras una maniobra de distracción por el lado opuesto. La operación duró en total, según el gobernador, unos dos minutos, aunque una nota oficial posterior reduce su duración a 30 segundos.

Los amotinados, todos los cuales fueron trasladados ayer mismo al penal de alta seguridad de Herrera de la Mancha, son: Antonio Arevalillo, natural de Cabezudo (Segovia), de 20 años de edad, condenado a 77 años de prisión, y que cuenta ya con otros dos intentos de evasión; Bartolomé Mena, natural de Baracaldo (Vizcaya) nacido el mismo día que el anterior (el 17 de julio de 1962), con el que se fugó de la cárcel de León el 25 de septiembre pasado; Manuel Enrique García Ramos, de 20 años, natural de Eibar (Guipúzcoa), y condenado por robo; José Fernández Merino, natural de Villaluenga de la Vega (Palencia), de 23 años, condenado por robo y que hace algún tiempo logró fugarse del Hospital Provincial de Palencia, en el que se encontraba bajo vigilancia; y Juan José Ruiz Pardo, natural de Baracaldo, de 21 años de edad, pendiente de juicio por robo con intimidación.

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