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UGT ha dado un cambio hacia adelante en su política sindical, según algunos sectores

La estrategia sindical que la Unión General de Trabajadores desarrolle a partir del 33ª Congreso Confederal que ayer clausuró sus trabajos en Madrid, no supone un cambio en la táctica del sindicato, sino que, por el contrario, significa la continuidad de la política de concertación defendida por la central socialista en los últimos años, pero también su profundización, según expresó ayer Nicolás Redondo, reelegido como secretario general de la organización al término del citado Congreso. Sin embargo, las tesis aprobadas en materia salarial, significan, en opinión de sectores de los propios órganos de dirección, un cambio radical -"hacia adelante"- de la dinámica de negociación colectiva llevada hasta ahora.

El 33º Congreso Confederal de la Unión General de Trabajadores (UGT) finalizó ayer sus debates en Madrid, con la elección de la nueva ejecutiva confederal. La composición del máximo órgano de dirección del sindicato fue aprobada con una aplastante mayoría por el pleno. Nicolás Redondo fue reelegido en el cargo de secretario general, con el 99,30% de los votos, y todos los demás miembros de la ejecutiva contaron con el respaldo de más de un 93% de los delegados. No hubo, pues, votos de castigo para nadie, en contra de algunos rumores circulados a primeras horas de ayer. Tampoco era previsible que los hubiera en un congreso que, al margen de críticas puntuales, había respaldado unitariamente la gestión desarrollada por la comisión ejecutiva. El sector crítico señaló que la postura política era la de votar a favor de la única candidatura presentada, "sin que ello suponga que se va a ser menos exigente".Tal como estaba previsto, Antón Saracíbar retomó su secretaría de Organización y Paulino Barrabés la de Administración. José Luis Corcuera fue reelegido para ocupar la misma secretaría que ha tenido hasta ahora, si bien con una nueva denominación, Acción Sindical. Y José María Zufiaur ha pasado a titular de la de Acción Institucional, de nueva formación. En Internacional continúa Manuel Simón. Miguel Ángel Ordóñez deja la desaparecida de Propaganda para sustituir a Manuel Chaves en la de Imagen, que abarca las antiguas tareas que ya desarrollaba y las que antes dependían de Prensa. En Formación se queda Juan Mazarrasa, hombre de confianza de Saracíbar, y la secretaría de Emigración ha sido encomendada a Jesús Mancho. Las dos vocalías -secretarías confederales sin tarea específica- han quedado en manos de Manuel Chaves y José Luis Daza, el único nuevo de la ejecutiva.

El propio Nicolás Redondo al valorar el Congreso en su conjunto significó que éste había sido positivo porque representaba la continuidad de una política de concertación recogida ya en las resoluciones del anterior congreso. "La realidad", dijo, "obliga a mantener determinadas políticas". Minutos antes, en el discurso de clausura había señalado que "tendremos que hacer un esfuerzo para abrir nuestras mentes y adecuarnos a las situaciones cambiantes". Y más adelante había vuelto a insistir en la preocupación constante del Congreso, con parecidas palabras a las pronunciadas el pasado miércoles en la apertura de las sesiones: "Hace falta participar y exigir más contribuciones a los compañeros socialista y ugetistas, para conseguir una política solidaria en la que nos encontraremos con problemas que necesitarán de ajustes, pero nunca. pod remos perder lo fundamental".

La insistencia de Nicolás Redondo en la necesidad de desarrollar la política de solidaridad estaba justificada en un congreso que desde su propio lema -Desde el poder sindical, a la solidaridad-, ha estado centrado en este principio. Y las posturas que en este aspecto han llevado Metal y Vizcaya, las dos organizaciones más fuertes del sindicato y que consiguieron imponer como base de los debates sus ponencias, han salido triunfantes. La única espina que ayer quedaba a los miembros de la ejecutiva era el rechazo del Congreso a la creación de una Unión de Técnicos y Cuadros.

Una oposición naciente

En este punto y en el de la movilidad geográfica y funcional coincidieron las críticas y los triunfos de una naciente oposición que ha empezado a perfilarse en este congreso. Las intervenciones de Justo Fernández, secretario general de banca -que al final consiguió la aceptación de una moción de urgencia contra la reprivatización del sector bancario de Rumasa-, han despertado a lo largo de las sesiones una gran. espectativa. El líder bancario y la delegación de Álava, encabezaron, con motivos distintos, el movimiento de contestación dentro de los debates.Curiosamente, sus posturas, que al ser expuestas conseguían los mayores aplausos, eran rechazadas en votación. A ello, seguramente no resulte elieno -tal como se quejaban algunos delegadoslos sistemas de representatividad vigentes en el sindicato. Aunque personalmente los; delegados compartieran algunas de las críticas, el mandato que cada representación trae al Congreso impide la expresión individual la hora de emitir el voto.

La sorpresa, en este sentido la ha constituido la Federación de Construcción que en contra de lo que cabía esperar no ha dado la batalla que aparentemente prometía. Que al menos, no con la virulencia que algunos esperaban de Manuel Garnacho, en recuerdo del 32 Congreso, olvidando que lá situación era, en este caso, muy distinta. La Unión de Madrid, encabezada por su secretario general, Benjamín Castro, tuvo una posición crítica que, aun dentro de una línea de moderación, sorprendió a algunos sectores.

Justo Fernández, consiguió por la vía de la moción de urgencia, lo que no había logrado en las enmiendas. Además de la moción sobre Rumasa, obtuvo del Congreso que se aceptara la solidaridad de la organización en las situaciones de huelga. El tema había sido rechazado por el pleno al discutirse la política sindical, por entender, según el ponente que cada sindicato debe ser responsable de sus propias actuaciones.

Justo Fernández venía a pedir y a reprochar alos órganos de dirección del sindicato la tibieza con que habían contemplado el reciente conflicto bancario. "A veces", decía al defender su enmienda, "basta con que la organización saque un simple comunicado público apoyando la lucha que mantiene un determinado sindicato".

Sin política de pasillos

"En este congreso", decía Nicolás Redondo ayer en su discurso de clausura, "hemos desarrollado un trabajo sereno, intenso y distendido, dejando a un lado la política de pasillo". Y, en efecto, ha sido éste un congreso inusual en este aspecto. Hubo encuentros y negociaciones, dentro y fuera de las comisiones, Fiero se han limitado fundamentalmente a evitar la confrontación salvaje en los plenos. Así, la ampliación del mandato de la Comisión Ejecutiva de tres a cuatro años fue negociada de manera que la ponencia renunciara a su defensa en el pleno, a cambio de permitir que los comités confederales se celebren cada seis meses y no cada cuatro, como venía sucediendo. También la creación de una Unión de Técnicos y Cuadros fue objeto demegociación fuera de la comisión correspondiente. Pero la ponencia decidió no defenderlo en el pleno, tras su apabullante derrota en comisión, a pesar de que había bastantes posibilidades de que fuera aprobado. Dos razones parecen haber influido en esta decisión. Por un lado, evitar la derrota moral que supondría su aceptación forzada en el pleno que dificultaría su posteriormente su puesta en práctica. Y por otro, no dar nuevas oportunidades a una oposición que, en este caso, iba a contar con fuertes apoyos y que aprovecharía esta oportunidad para realizar críticas colaterales. A estos dos factores había que añadir que lo que no st quería de ninguna manera era que, en caso de una nueva derrota, se guillotinara la oportunidad de que se produjera un debate sereno, una vez finalizado el Congreso.

Esta postura ha permitido, en definitiva, que la organización de los cuadros no quede como asunto archivado. El pleno tomó la decisión de celebrar unas jornadas que profundicen en esta problemática. Y mientras, los cuadros podrán, como hasta ahora, organizarse dentro de sus propias federaciones.

"Llorar lo perdido"

En el acto de clausura intervino el presidente del PSOE, Ramón Rubial que fue presentado, entre grandes aplausos, como "el socialista más joven de espíritu entre los presentes". Rubial recordó los logros que para la clase trabajadora representa un Gobierno socialista que "en sólo seis meses ha conseguido para los trabajadores una jornada de 40 horas semanales y 30 días de vacaciones". "Nunca le damos valor a las cosas", dijo, "hasta que las lloramos perdidas. En este país UGT y PSOE son imprescindibles, porque con su acción ensamblada llegaremos a la plena emancipación de los trabajadores".Tras la intervención de un representante latinoamericano y la lectura de numerosos saludos de sindicatos internacionales, se produjo la del secretario general de las Juventudes Socialistas, Francisco Mañero, que planteó la gran esperanza que los jóvenes tienen puesta en el Gobierno socialista y el ejemplo que para ellos representa la UGT.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de junio de 1983

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