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SANIDAD

Confirmado oficialmente que dos hermanos murieron en Sevilla a causa del síndrome de inmunodeficiencia

Las víctimas mortales del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida, o AIDS, en Sevilla son dos hermanos, de 9 y 14 años, fallecido el primero el 11 de enero y el segundo el 14 de abril. Ambos estuvieron en tratamiento durante cerca de un año en la Residencia García Morato de la capital andaluza. Otro joven hemofílico, que no reside en Sevilla, sigue tratamiento por la misma enfermedad y su estado no peligra por el momento. El INSALUD emitió ayer una breve nota oficial en la que confirmaba las dos muertes, y las autoridades sanitarias negaron cualquier otro tipo de información.

Las dos víctimas de la hasta ahora, desconocida enfermedad son los hermanos Juan Antonio y Diego de los Reyes Mesa, pertenecientes a una familia modesta que habita en una barriada periférica de Sevilla, el barrio de la Oliva, con altos índices de delincuencia y consumo de droga. El padre es un empleado de una central lechera y la familia se componía hasta esta tragedia del matrimonio y cinco hijos y pasaba estrecheces económicas. El mayor de los dos fallecidos, Diego, era sordomudo y tardó mucho en ser escolarizado, lo que se consiguió tras una gestión de la Infanta Margarita, presidenta de Honor de la Asociación de Hemofílicos de España.Ambos hermanos eran hemofílicos y como los restantes afectados de esta enfermedad de Sevilla eran objeto de un seguimiento permanente por parte del departamento de Hematología de la Residencia Sanitaria García Morato, que dirige el doctor Jiménez Jiménez. Hace algo más de un año, ambos comenzaron a presentar un cuadro clínico extraño para los médicos que les trataban, con altibajos en su estado de salud que aconsejaban alternativamente su internamiento o su alta.

El 11 de enero fallecía en el García Morato el menor de los hermanos, Juan Antonio y, para esas fechas, el equipo que dirige el doctor Jiménez Jiménez había conseguido relacionar la enfermedad con la AIDS, hasta entonces sólo conocida en Estados Unidos. Por esas fechas, otro hemofílico, que reside fuera de la provincia de Sevilla pero que es observado en el mismo centro, que actúa con carácter regional, comenzó a presentar el mismo cuadro. El 14 de abril fallecía Diego de los Reyes. El tercer afectado sigue al parecer una evolución favorable.

La aparición de la noticia produjo, en principio, cierta inquietud en el grupo de hemofílicos de Sevilla, 77 en total, en especial a partir de las declaraciones de un médico ligado a la Hermandad de Donantes de Sangre que insinuó que la posible causa estaría en el Factor VIII de la sangre, de necesaria aplicación a los hemofílicos, y que se importa de Estados Unidos. Sus superiores le han prohibido todo tipo de declaración y el INSALUD ha hecho saber en una breve nota oficial, en la que oculta el parentesco de los dos fallecidos, que no se puede afirmar en el momento actual que la transmisión de la enfermedad se realice a través de las transfusiones de sangre ni hemoderivados.

Juan González Cáceres, presidente de la delegación regional de la Asociación de Hemofílicos de España y padre de un joven hemofílico, manifestó a EL PAIS el agradecimiento que esta asociación tiene por la conducta profesional y humana del equipo que dirige el doctor Jiménez Jiménez, a quien el pasado día 28 la citada asociación había enviado una carta en este sentido. González Cáceres recibió, días atrás, una comunicación de la asociación mundial de hemofílicos, tranquilizadora respecto a la posible relación entre esta enfermedad y el AIDS, en la que se señalaba que, de todos los casos registrados hasta el momento sólo ocho habían recaído en hemofílicos. En cualquier caso, González Cáceres manifestó que no sentía ningún recelo hacia el Factor VIII, que su hijo se ha tenido que administrar muy frecuentemente y que tenía absoluta confianza en las indicaciones al respecto de las autoridades del García Morato.

En el INSALUD y en las autoridades del García Morato persistía ayer la preocupación por el hecho de que la noticia pueda retraer a los donantes y tomantes de sangre, hecho que ya habría podido comenzar a detectarse, así como por el aluvión de llamadas telefónicas de los medios informativos, que dificultan la marcha normal del centro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 5 de mayo de 1983