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Tribuna:TRIBUNA LIBRE

La locura y las elecciones locales

El autor llama la atención sobre la problemática de la asistencia psiquiátrica, cuyo futuro inmediato se decide en las próximas elecciones locales. Ello es así porque el 80% de la asistencia está en manos de las administraciones autonómicas, provinciales y locales y el porcentaje restante, será transferido a ellas.

Plinio el Joven decía que la mayor felicidad consiste en poder hacer lo que se quiere, y la grandeza, en querer hacer lo que se puede. No sé si en política se puede ser feliz, porque la felicidad es una emoción que surge y se diluye, frágil e inconstante, que no parece gustar de las tensiones al uso en la vida política, mal que en este escenario social de vanidades abunden quienes con cierta ansiedad y desvarío busquen la felicidad en la ostentación de cargos públicos, con avidez más común en aquellos cuyo único proyecto político es el de procurar su personal beneficio.Habría que preguntar a los concejales -alcaldes, consejeros regionales y de cabildos o diputados provinciales- que acaban su mandato si en estos años han sido felices en su oficio.

Algún instituto de opinión debería aplicarse alguna vez a estas cuestiones y tomar como muestra de investigación a los varios miles de personas dedicadas directamente a la política.

También en la política local, hacer realidad lo que es posible exige inteligencia e imaginación, conocimiento de las tareas y responsabilidades, valor para afrontar muchos obstáculos y otras actitudes, más escasas en estos tiempos como las de evitar el amiguismo y sus intereses enredosos, o la de rehuir "placeres tan poco dignos como los que produce la adulación", que decía Aristóteles, que observaba cómo "la virtud y la in teligencia no son las compañeras obligadas del poder", pero quien no afirmó que esta vinculación fuera imposible, ni tampoco que fuera infrecuente.

Si la grandeza no es, pues, una locura que pueda afectar a los po líticos locales, la locura sí es, en cambio, un problema que les concierne. Podría asegurar que muchos candidatos que van en las listas electorales aún no lo saben, y no hablo aquí del futuro de sus propios conflictos psicológicos, digo que no saben que la asistencia a la locura depende mayoritariamente de las administraciones locales, de las diputaciones provinciales, y es un área en el que, con rarísimas acciones y excepciones, apenas se ha querido empezar a hacer lo que se puede.

La mayoría de las diputaciones provinciales no ha hecho absolutamente nada en los hospitales psiquiátricos, cuando en muchas provincias es el manicomio la institución que ocupa el primer lugar en el gasto económico de la corporación, y alrededor de la cuarta parte de todos los presupuestos generales ordinarios de las diputaciones provinciales -unos 30.000 millones de pesetas anualmente, en total- se malgastan en seguir desatendiendo pacientes en abandonados manicomios.

Ante la dejación de diputaciones, la insuficiencia de los ambulatorios y la falta de políticia al respecto del Ministerio de Sanidad, algunos ayuntamientos han creado en estos años sus centros, unidades o equipos de salud mental, tan escasos hasta ahora como insuficientes los recursos de estas entidades locales. Todo ha venido sucediendo por el empeño y la voluntad personal casi de concejales de aquí y allá más sensibles a estos problemas. Hubo también quienes, en primer lugar, querían hacer un centro para toxicómanos en su ciudad, como respuesta a lo que percibían como clamor colectivo. Hubo que insistir en que las toxicomanías pueden y deben ser atendidas, con los programas específicos que requieran, dentro del dispositivo general de servicios para la salud mental.

Gracias a esta insistencia hay 40 o 50 equipos de salud mental repartidos por diversos ayuntamientos de la geografía española, donde también se atienden los problemas derivados del abuso de tóxicos, y no casi otros tantos centros más dedicados sólo a toxicómanos, de eficacia dudosa y estigma indudable, que suelen ser respuestas políticas apaciguadoras y llamativas, pero tan absurdas como hubiesen sido las iniciativas de ayuntamientos que careciesen de carreteras poniéndose al día con el movimiento ecologista y construyendo una red interurbana exclusiva para carriles de bicicletas.

Aunque pueda sorprender, las elecciones locales deciden el futuro inmediato de la asistencia psiquiátrica. En la actualidad, el 80% de la misma ya está en manos de las administraciones autonómicas, provinciales y locales, y el porcentaje restante será transferido a ellas. Conviene tener presente que los trastornos mentales los sufren, en grado de solicitar ayuda y a lo largo de la vida, del 10% al 15% de los ciudadanos. Su adecuada atención dependerá política y organizativainente de que quienes salgan elegidos en las próximas elecciones locales quieran acabar con el nocivo funcionamiento de los actuales manicomios y crear un dispositivo asistencial moderno para impedir que estas peculiares crisis biográficas que llamamos trastornos mentales conlleven a la fuerza el aislamiento y deterioro individual a causa del abandono de los servicios públicos. Los largos in ternainnientos psiquiátricos, que pueden evitarse, son auténticas penas sin delito. Hoy hay también en España millares de personas condenadas a cadena perpetua de manicomio.

Para emprender la necesaria reforma psiquiátrica, que exigirá años, son imprescindibles los políticos locales que quieran acome terla. Desgraciadamente, a nivel local, hay muy pocos dedicados a la asistencia sanitaria, porque su reorganización tropieza con la activa obsirucción de muchos intereses e irregularidades que crean conflictos y exigen una gran dedicación que luce poco y quema mucho. Todo lo contrario, precisamente, de la actividad política que muchos desean, y con los cuales no hay que contar para ninguna reforma social.

Pero los que quieran hacerlas deben saber que no hay verdaderas transformaciones sociales e institucionales sin oposición y resistencias. La estimación y apoyo que merezcan expresa de algún modo el reconocimiento de los riesgos y dificultades que en esa tarea asumen.

Con este propósito quiero recordar otra vez un texto de 1513 que tiene una enorme actualidad: "...No hay cosa más dificil de tratar, ni más dudosa de conseguir, ni más peligrosa de conducir que hacerse promotor de la implantación de nuevas instituciones. La causa de tamaña dificultad reside en que el promotor tiene por enemigos a todos aquellos que sacaban provecho del viejo orden y encuentra unos defensores tímidos en todos los que se verían beneficiados por el nuevo. Esta timidez nace, en parte, del temor a los adversarios, que tienen la ley a su lado, y en parte, también, de la incredulidad de los hombres, quienes -en realidad- nunca creen en lo nuevo hasta que adquieren una firme experiencia de ello. De ahí nace que siempre que los enemigos encuentran la ocasión de atacar, lo hacen con ánimo faccioso, mientras los demás sólo proceden a la defensa con tibieza, de lo cual resulta un serio peligro para el príncipe y para ellos". El lector habrá adivinado ya que quien escribió esto hace 470 años, no fue otro que Nicolás Maquiavelo.

Manuel González de Chívez es presidente de la Asociación Española de Neuropsíquiatría.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 5 de mayo de 1983