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REVISTA DE PRENSA

EL PAIS y la querella del fiscal general del Estado

El diario EL PAIS realizaba ayer, en su editorial Me gusta ser una zorra, otra concienzuda manipulación. Presentaba la querella del fiscal general del Estado como una agresión a la libertad de expresión. Pues no. La manipulación no puede resultar más burda. El intento de trasvasar el vino del error cometido a otros odres más propicios resulta ridículo. Ni el fiscal ni, por supuesto, Abc, se oponen a que, en uso de la libertad de expresión, se escriban y se canten canciones como Me gusta ser una zorra. Hay lugares adecuados para hacerlo, de la misma forma que existen salas especiales para la proyección del porno duro. Si la canción obscena se hubiera interpretado en un cabaret o en una discoteca para un público adulto, con libertad para elegir su entrada en la sala, nada tendríamos que objetar. El problema consiste precisamente en lo que silencia, manipulador, EL PAIS: en que se emitió a través de Televisión Española, un sábado y en un programa con audiencia mayoritaria de niños y adolescentes. No nos oponemos -aunque no nos gusten- a que se produzcan y proyecten películas de porno duro, pero nos parece adecuado que el Gobierno socialista haya creado unas salas especiales, con entrada prohibida a los menores de dieciocho años. A lo que nos opondríamos es a que esas películas de porno duro se emitieran por Televisión Española. Ese criterio es el que impera en toda la Europa democrática, le guste o no a EL PAIS. Como el fiscal no se ha plegado dócilmente a hacer lo que le hubiera gustado a nuestro gentil colega, le ha amenazado con pedir su dimisión. Ese cierto aire de matonería ni ha impedido ni va a impedir que el fiscal cumpla con su deber. Porque -reafirmamos una vez más lo que EL PAIS oculta- no se persigue a una canción. Se persigue el que haya sido emitida por la única televisión en un espacio para niños y adolescentes. 4 de mayo

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 5 de mayo de 1983