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CARTAS AL DIRECTOR

Fraga y los niños

Ahora, en plena madrugada, cuando ya han pasado unas horas, casi tengo la tentación de pasar de este asunto, a pesar de que un rato atrás me sentía a punto de echar fuego por la boca. De cualquier forma, sólo tengo que recordar a mi hijo el mayor, que tiene cinco años, que es una criatura extremadamente susceptible, un pequeño ser preocupado por todo, casi diría que incluso interesado a su manera y dentro de sus cortitas posibilidades por la actualidad y espantado por la violencia, sólo tengo que recordarle a él, digo, para sentir de nuevo toda la indignación del mundo, ahora ya de un modo más sereno.Fraga, nuestra pesadilla nacional, al menos la mía, dijo hace unos días en Salamanca, según vi en el telediario, que "el Gobierno ha legitimado el aborto, o sea, el infanticidio, porque, como no es capaz de conseguir los puestos de trabajo que ha prometido, ahora va a matar a los niños".

Evidentemente es la mayor y más burda falacia que he oído en los últimos tiempos. Ni siquiera un intento desesperado de ganar votos justifica pronunciar en vano esas palabras.

Pero, en fin, todos conocemos la delicadeza de espíritu y de palabra del señor Fraga. Lo peor fue cuando me di cuenta de que mi hijo estaba allí desencajado, preguntándome: "¿Quién va a matar a los niños?" Yo traté de quitarle importancia sin demasiadas explicaciones, y él repetía: "Seguro que es verdad". Y yo no sabía aclararle el significado de aquello -tiene cinco años- y me sentí, como pocas veces, cegada por la indignación. Aún lo estoy cuando lo recuerdo. No creo que haga falta añadir ningún comentario adicional. En nombre de mi hijo, un niño de aquellos por los que usted, señor Fraga, está tan preocupado, muchas gracias por el rato de terror que le ha proporcionado. Espero, al menos, que esta noche duerma tranquilo y no sueñe con usted. /

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 5 de mayo de 1983