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Tribuna:Vuelta Ciclista a España

2.328 pedaladas

La Vuelta dio otro paso hacia su final y, como cada día, reforzó su interés. En el torbellino de ayer, sin que Hinault pudiera arañar segundos en el primer sector, en línea, sí lo hizo por la tarde, contra reloj. Pero le salió respondón Gorospe. Aquél joven aficionado que ganó hace unos años el Gran Premio de las Naciones, la carrera más clásica para los especialistas contra el cronómetro, y recordó a Ocaña, demostró que es una figura confirmada del nuevo y pujante ciclismo español. Aún le quedarán cuatro jornadas dificilísimas, pero se ha convertido en el principal aspirante al triunfo total cuando parecía difícil confiar en sus grandes cualidades, simplemente, por su falta de experiencia. Su éxito en la pasada Vuelta al País Vasco, al parecer, le dio ya la moral suficiente para encarar la hermana mayor sin ningún complejo.De todas formas, tal como ha ido la carrera hasta ahora, con sorpresas y cambios continuos, sigue abierta la incógnita sobre la resistencia del nuevo líder frente a sus aún cercanos rivales; frente al viento de hoy entre Valladolid y Salamanca, con sólo 162 kilómetros, y a las montañas de mañana, pasado, y el domingo. Lo ha hecho magníficamente hasta ahora, pero deberá seguir, sin fallos, con el apoyo total de su equipo Reynolds, menos fuerte que el Zor.

El conjunto que mandaba hasta ayer con un Pino que resistió espléndidamente: y con Alberto Fernández, aunque el ex líder esté acusando un peligroso principio de bronquitis, que le hizo perder más tiempo, tendrá que volver a atacar. Al día siguiente de unos cariños nacionales de conveniencias, ya se ve que cada uno deberá tirar por su lado. Y lo curioso es que podría salir beneficiado Hinault, con sus extranjeros, aunque él también deberá seguir con sus zarpazos personales. La moral de haber conseguido un triunfo, al fin, aunque más corto de lo que hubiese deseado con respecto a Gorospe, le dará nuevas fuerzas. Está claro que teinnina la Vuelta con más entidad que cuando la empezó. Marino Lejarreta, por su parte, notó que los lla.nos de Valladolid no son las cuestas de Panticosa, donde, además -como Pino ayer- le empujó el maillot amarillo que llevaba. Su lucha solitaria, pese a los diez puertos que quedan, cinco de primera categoría, dificilmente cuajará, pues ninguno estará en la misma meta. Lo contrario sería una sorpresa más.

Máximos desarrollos

En las pruebas contra reloj en llano, como la de ayer, se mueven los máximos desarrollos y al ser todo menos improvisado que en las etapas eri línea, se suelen implantar los mayores adelantos técnicos.

Los mejores y buenos profesionales recorren antes el trazado, como un piloto de rally, para saberlo. Las bicicletas son más ligeras, pues no existe tanto peligro de rotura, incluso con menor número de radios en las ruedas. Los maillots son de tejido de acetato, como los monos de los esquiadores -de descenso, sobre todo, supergigante o gigante, los que alcanzan la mayor velocidad- para -resbalar más fácilmente contra el viento. Incluso se llegaron a utilizar de piel de pez, muy peligrosos en caso de caídas, pues se deshacen prácticamente.

Con el paso de los años el corredor especialista en esta modalidad también ha cambiado, porque también lo ha hecho la técnica. Hace años el mejor era, el ciclista elástico -estilo Coppi, casi tipo Lejarreta, muy superado, como se ve- que se sentaba muy atrás en el sillín para pedalear lo más rápidamente posible. Ahora manda el corredor atlético, no tan alto justamente, tipo Hinault o Gorospe, sobre los 1,75 metros- pero potente, que se sienta más delante en el sillín, casi en la perpendicular del eje de los pedales, para poder transmitir más directamente su esfuerzo.

En los desarrollos utilizados ya por los grandes campeones contra el cironómetro las coronas de 12 dientes son habituales. Gracias a ellas cada pedalada supone recorrer más de los nueve metros. Cuanto menores son las coronas y mayor, en cambio, el plato, normalmente de 53 o 54 dientes, la cadena tiene un recorrido mayor, por lo que las pedaladas trasmitidas a las ruedas suponen más metros recorridos. Un 53 x 12, por ejemplo, supone 9,29 metros. Un 54 x 12, de Gorospe e Hinault, ayer, 9,45. Es decir, que cada uno debió dar 2.328 pedaladas. El francés, en diez segundos menos solamente.

El problema es que se necesita tener una gran potencia para que un gran desarrollos sea rentable. Precisamente un espaflol, ahora director del Teka, González Linares, derrotó a Merckx en la contra reloj Bruselas-Forest, del Tour de 1970, con los citados 12 dientes. Su gran fisico se lo permitió. Sin embargo, no se extendió su utilización hasta 1976, con el mismo Merckx y el ya decadente Thurau, gregario ahora de Saronni en la Vuelta. Ahora, con alturas menores a la potencia ayuda la técnica. Dos franceses, Mahé y el legendario especialista Anquetil, fueron los precursores de los grandes desarrollos, con los 14 y 13 dientes, en los años 50 y 60, respectivamente, por encima de los ocho metros. A partir del 52 x 13 (8,41 metros), se aumentó progresivamente la circunferencia del plato y el nuniro de dientes, por tanto: 53 x 13 (8,58), 54 x 13 (8,74) y 55 x 13 (8,90), y en raras ocasiones 56 x 13 (9,06).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 5 de mayo de 1983