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Tribuna:

Preguntas y celebraciones

El tema de si existe o no una poesía andaluza y el festejo de y por la palabra han sido las más destacadas notas del II Encuentro de Poetas Andaluces. Aleixandre, que envió una hermosa carta de adhesión; Alberti, que paseé la ciudad y recitó poemas, y la poetisa granadina Elena Martín Vivaldi, creadora de una poesía vegetal y meditativa, fueron los santones invocados. Luego, fiesta, gozo, cante, magia -era Andalucía- y muchas ponencias sobre los temas más diversos, desde Bécquer, Juan Ramón o Hinejosa a los poetas jóvenes.Pero, ¿hay o no hay poesía andaluza? Tal fue la piedra de toque. Aunque casi todos estuvimos de acuerdo, y fue corta la polémica. En el terreno de la poesía popular, el folklore (en el sentido etimológico del término), sí se puede hablar de una poesía andaluza, claramente diferenciada de la. que se hace -o se ha hecho- en otras zonas de España.

Pero si nos referimos a la poesía culta, al orbe literario de la clerecía, no hay poesía andaluza, como no hay poesía asturiana o castellana, por decir otras. Lo que sí ocurre, a favor de Andalucía, es que en el mucho andar de la poesía española sobreabundan los grandes nombres andaluces, desde Herrera y Góngora hasta Lorca, Cernuda o Aleixandre. ¿El sol, el calor, la facundia viva de la tierra? De eso no se habló en el encuentro, pero quien quiso pudo sentirlo: el gozo tiene mucho de Andalucía.

En Granada estuvo todo Cántico: Bernier, García Baena, Julio Aumente. Estuvo el divertido y profundo Vicente Núñez (que dijo, en un cabaré, esta hermosa frase enigmática: "Yo quiero ser ave zancuda"); Carlos Edmundo, de Ory, Montesinos, José Luis Cano, Quiñones, María Victoria Atencia... Desde los santones a los poetas jóvenes de toda Andalucía, y hasta jovencísimos. Fuimos también no andaluces, lo que confirma el talante siempre acogedor de esa tierra. Hubo varias cosas que me gustaron: comprobar la poética feracidad andalusí, saber que la poesía no es conclusión -no las hubo-, sino júbilo y sorpresa y charla e inquietud.

Ver la boyante nueva poesía que allí se hace -diré de muestra a los organizadores granadinos, Álvaro Salvador, García Montero, Egea, Gutiérrez- y cómo, aún más lejos, y según ya apunté, llegaba el relevo con voces de jovencísimos poetas españoles (más allá de los ya clásicos novísimos) que obsequiaban con limones grandes. pero no amargos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 5 de mayo de 1983