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Crítica:'MONSEÑOR'

Los implacables caminos de la corrupción

Un ambicioso sacerdote norteamericano, héroe de la segunda guerra mundial, es introducido en el Vaticano, donde, como consejero económico del secretario del Papa, hace una rápida y triunfadora carrera. Sabe aprovechar el auge del mercado negro para multiplicar el dinero de la Iglesia; logra introducirse en el mundo de las finanzas con la complicidad de personajes de la Mafia, y peca por amor al enamorarse de una joven que pretende convertirse en monja.Es ésta una película que busca el éxito por su capacidad de escándalo entre los católicos. Pierde en ello buena parte de su interés ya que acaba siendo más importante el conflicto interior del sacerdote (al que honoríficamente se le trata como Monseñor) que la posible denuncia de la corrupción del dinero de la Iglesia: vence el melodrama privado sobre la realidad objetiva. No es suficiente lo que cuenta la película frente al reciente escándalo del cardenal Marzinkus.

Monseñor

Director: Frank Perry. Guión: Abraham Polonski y Wendell Mayes, según la novela de Jack Alain Leger. Fotografía: Billy Williams. Intérpretes: Chistopiter Reeve, Fernando Rey, Genevieve Bujold, Jason Miller, Adolfo Celli, Tomas Millian. Drama. Norteamericana, 1982. Local de estreno: Capitol.

Momentos aislados

Hay momentos aislados en los que el guión de Abraham Polonsky (uno de los directores más perseguidos por el senador McCarthy durante la tristemente famosa caza de brujas) supera las debilidades de la puesta en escena de Frank Perry. Se localizan sobre todo en las secuencias desarrolladas en el interior del Vaticano: la ambición de sus cardenales y el politiqueo de sus ministros se traducen en una violenta lucha por el poder.De entre los actores del reparto destaca de forma especial Fernando Rey como secretario del Papa. En su larga intervención, matiza con sensibilidad el personaje que Frank Perry utiliza para no llevar su denuncia por caminos excesivos. Rey cuida de que cada secuencia aporte a la película una posibilidad distinta y mejora con ello el trabajo de su oponente, Christopher Reeve (conocido por protagonizar Supermán).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de febrero de 1983