Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Fernando Arrabal solicita la entrada con 'madrinas', en la Academia Española

El dramaturgo español Fernando Arrabal solicitó públicamente su entrada en la Academia Española, durante la comida que el pasado lunes le ofreció la Sociedad General de Autores, en Madrid. "Quiero que mis padrinos sean madrinas: Elena Quiroga y Carmen Conde. Lo que voy a hacer en la Academia es un secreto entre caballeros, o mejor, entre damas y caballeros, porque sólo se lo diré a mis madrinas. Tiene que ser una sorpresa".En la comida se encontraban presentes, además del presidente de la Sociedad, Juan José Alonso Millán, el dramaturgo Jaime Salom, el músico Carmelo Bernaola, el novelista Fernando Vizcaíno Casas y otros representantes de la entidad. Arrabal ratificó que, definitivamente, se radicaría en España, pese a que el ministro francés de Cultura le había ofrecido la nacionalidad francesa sin necesidad de que hiciera renuncia a la propia, y lamentó ciertas reacciones contra su vuelta: "Ha sido excesivo; ni durante el proceso por blasfemia e insultos a la patria que se me hizo en el año 1967 pensó nadie en retirarme la nacionalidad. No importa; estoy decidido a formar parte de la comunidad de escritores españoles".

Arrabal, que fue, según afirmó, agapito, es decir, aspirante a jesuita, "que va hacia Dios con amor de ágape", cuando tenía veinte años, en Valencia, dirigió la conversación, en cuanto pudo, a la religión. "El tema religioso hoy apasiona, al menos a mí. Durante el reciente congreso anarquista de Barcelona me pedían que hablase de teatro, pero a mí me interesa más la religión. Durante dos horas les hablé de ella. Algunos gritaban, '¡Vete a misa!', y les respondí que, efectivamente, al salir pensaba dirigirme a la iglesia de Gaudí. Ya les dije que yo era un anarquista de tendencia divina. Algunos dicen que soy un farsante, pero yo soy, como español, un apasionado que ha tenido una revelación de la Virgen María. Si esto hubiera ocurrido hace veinte años nadie se habría extrañado. Se me aparece ahora y dicen que soy un farsante. Como si la Virgen fuera a estar pendiente de que estén o no de moda las revelaciones".

"Es gracioso lo que pasa en España, también en Francia y en otros países, pero sobre todo aquí: si yo hubiera viajado a ver a Gadafi o a Jomeini y volviese convertido a la revolución Islámica la gente diría, 'qué tío tan cojonudo', pero convertirse a nuestra religión ya no sirve".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de febrero de 1983