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Carmen Dedeu, 'la novia del Central', recuerda cómo conoció al 'número uno'

Se llama María del Carmen Dedeu Solé, pero todos la conocen como la novia del Central. Fue detenida en mayo de 1981 y puesta en libertad nueve meses más tarde, en marzo de este año, después de haber pagado una fianza de 150.000 pesetas. Es la única presunta implicada en el asalto al Banco Central de Barcelona que se encuentra en libertad provisional. Ahora esta aquí, al final de la aventura, y en el extremo de una larga mesa. Tiene unos enormes ojos, delicadamente maquillados, que permanecen, como s.u vida, constantemente envueltos en una nube de humo.

Explica que nació en diciembre de 1960 -ahora tiene 21 años- en la calle Ample de Barcelona, al final de las Ramblas. Estudió primero en un colegio de monjas, después hizo el COU en el instituto Montserrat, y acabó. sacando el título de monitora en el Instituto Nacional de Educación Física. Al hablar hace un esfuerzo por evocar su pasado. Recuerda las salidas dominicales al Montseny con un grupo excursionista, las manifestaciones callejeras a favor de la libertad de expresión, las protestas estudiantiles y las discusiones en familia ante un plato de verdura humeante.

Continúa hablando, y pasa a exponer sus ideas: el voto que dió a la coalición de Nacionalistes d'Esquerra, sus convicciones fuertemente nacionalistas, sus lecturas preferidas, y sus largos escritos en soledad. No le molesta, por último, re conocer que fue madre soltera, a los 18 años, de una niña a la que puso por nombre Agnés, y que sus diversionés preferidas durante mucho tiempo han sido salir por la noche, ir con los amigos a la sala Camelot y bailar durante horas y horas en la pista, al son de la música discotequera. De todo lo que dice se desprende que su historia hubiera sido vulgar y gris si una noche determinada no hubiera aparecido él.

"Le conocí en Camelot"

"Conocí a José -José Juan Martínez Gómez, el número uno y presunto cerebro del asalto- a principios de marzo, en Camelot. Yo entonces estaba llena de problemas. Mi hija tenía solamente un año de edad, acababa de presentar mi dimisión en el banco en que trabajaba, y hacía pocos días que había discutido con mi madre. A él no le había visto nunca antes.No le gusta bailar, ni ir de discotecas. Fue como una especie de caballero andante. Me ofreció algo distinto y prometió ayudarme, incluso económicamente. Por todo eso me fui a vivir con él".

Vivieron solos en un lujoso ático amueblado de la calle de Bailén, en pleno corazón del Eixampla barcelonés. El explicó que tenía negocios de electricidad en Francia. De vez en cuando se ausentaba de casa y decía que iba a arreglar tal o cual cosa. Ella se quedaba en casa, iba a la compra o bajaba hasta el final de las Ramblas, torcía a la izquierda por la calle Ample, y subía por los oscuros peldaños hasta el domicilio de sus padres. Otras veces acudía a la puerta de la guardería a recoger a la niña y la llevaba a casa de los abuelos. Por la noche, volvían a encontrarse. Se sentaban juntos, en el sofá, frente al televisor hasta el fin de la emisión.

"En Semana Santa nos fuimos a Andalucía. Estuvimos primero en su pueblo, en Almería: El quería enseñarme todo lo suyo. Después estuvimos en Cádiz. Cuando volvimos a Barcelona hablábamos ya de casarnos. Un día estuvimos cenando con mis padres en un restaurante y les dije lo del casamiento. A ellos les pareció muy bien, y mi madre se deshizo en halagos hacía mi pareja".

Me enteré por la radio

Con muchas dificultades logra recordar lo que hizo aquel 23 de mayo de 1.981. Consigue recordar, después de bucear por su memoria, que la noche anterior Juan José Martínez Gómez fue a cenar con unos amigos, volvió a las dos o a las tres de la madrugada y que al día siguiente se levantó a las ocho."El 23 de mayo me lo pasé en casa. Me enteré del asalto al Central por la radio. Al principio pensé que era la prolongación del 23-F. Estuve, como todos, escuchando la radio y viendo la televisión. El lunes supe por el periódico que él andaba metido en todo eso. Vi allí su nombre y su foto, y aquella misma mañana me fui a la comisarí de Vía Layetana. Me dijeron que no se le podía ver, que estaba incomunicado, que en el mejor de los casos lo único que podía hacer era llevarle tabaco, comida o una manta. Volví al día siguiente y tampoco me dejaron verle. A mi me detuvieron el miércoles 27 de mayo, en casa. Se presentaron dos policías de la secreta y me dijeron que me vistiera y que les acompañara".

Recuerda que en comisaría, durante horas y horas, permaneció de cara a la pared, mirando un enorme calendario, mientras, detrás, un grupo de policías le preguntaban algunas cosas sobre al asalto al Banco Central. Después la bajaron hasta los calabozos. Por un instante vió a José Juan Martínez Gómez tumbado en un banco de piedra, envuelto en su jersey, durmiendo. Pudieron cruzar unas palabras durante su corto recorrido hasta los servicios. Volvieron a encontrarse juntos en la puerta de la Jefatura Superior de Policía, seis días después. Los hicieron subir a todos en el furgón de la conducción.

"Nosotros pensábamos que nos llevarían al Palacio de Justicia. Nos quedamos de piedra cuando el furgón enfiló la carretera y paró en la Puerta del Sol, ante la Dirección General de Seguridad. El viaje duró seis horas. A mí me habían esposado junto a José. El viaje nos lo pasamos bromeando, contando chistes y comiendo. Nos había sobrado mucha comida y nos hinchamos de comer. Pero lo de la Dirección General de Seguridad nos dejó de una pieza. Nos tuvieron menos de un día y después nos llevaron a las Salesas, a declarar. Más tarde yo fui a Yeserías."

Busca trabajo

Todos, incluido su propio abogado, le habían dicho que saldría pronto. A lo sumo en septiembre. Luego llegó septiembre, pero no pasé nada y confiesa que ella se hundió y pasó tres días llorando. Finalmente, cuando consiguió la libertad, cogió el primer avión para Barcelona.Confiesa que lo primero que hizo al llegar a su ciudad fue salir de juerga, como en los viejos tiempos. Ahora esta ahí, de nuevo en la calle Ample con su hija, con sus padres, buscando trabajo, como monitora de educación física, escribiendo apasionadas cartas a su novio, que aún está en el penal de Ocaña.

"Del Central no sé nada. No hemos hablado nunca del asalto. No sé si detrás de él existe una trama negra. A mí, desde luego, que me molestaría que así fuera. La verdad es que no lo sé. No se lo he preguntado nunca. Tenemos cosas más importantes de que hablar. Desconozco qué haremos cuando salga de prisión. El está casado en Francia y tiene tres hijos. Este es su problema. Pero, en cualquier caso, entiendo que nos va a quedar una amistad, una fuerte amistad.

Ese es su balance: le queda esa fuerte amnistad, el recuerdo de la aventura -a la que ella llama experiencia-, un juicio pendiente ante la Audiencia Nacional y una acusación concreta por presunto delito de encubrimiento. El conocido letrado Joaquín Ruiz-Giménez pide para ella ocho años de cárcel y Carmen Dedeu no acaba de creerse que esta pesadilla aún no haya term ¡nado. Una pesadilla que le supuso ya nueve meses en Yeserías y que mantiene un mar de incógnitas sobre su futuro.

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