Las 140 "hurdes" de España
Seis millones de españoles viven en núcleos con renta 'per cápita' inferior a la media nacional
Setenta grandes comarcas de nuestra Península arrojan índices de atraso y subdesarrollo similares a los hurdanos y otras setenta apenas si pueden presentar saldo más favorable. España nos sigue siendo -a la mayoría de los ciudadanos- un país domésticamente desconocido.Cerca de seis millones de españoles -más del 15% de la población nacional- viven en 4.450 municipios (más del 50% del total de municipios a nivel estatal), donde padecen una renta por persona que no alcanza a la mitad de la media nacional y generan una renta por cabeza que no llega a representar un 6% de la total nacional.
Hay que hacer advertencia previa al examen de la pobreza de las comarcas españolas, puesto que hay que enfocarlas bajo dos caras estadísticas a fin de lograr una visión lo más ajustada posible a la realidad. En primer lugar se hace un examen porcentual: tanto por ciento de españoles habitantes de cada provincia (luego fácilmente traducible a comunidades autónomas) que viven en municipios cuya renta producida por cabeza activa es inferior al 50% de la media nacional. Por tanto, un examen cuantitativo: número de personas habitantes de esos municipios, según el último censo oficial de población (cuestión que queda reflejada en el cuadro A).
Al contemplar el mapa y el cuadro podemos evaluar más ajustadamente la importancia del hecho, tanto cualitativa como cuantitativamente. Por ejemplo, que Madrid sólo se vea afectada por esa baja producción por cabeza del 0,9% de su población industrial, mientras que Segovia sólo tenga en esa situación al 30,2%, alcanza su verdadera imagen al contemplar que sólo su verdadera realidad al ver cómo el número de habitantes afectados viene a ser el mismo entre los habitantes de Soria que en Madrid (unas 35.000 personas). Cuantitatívamente están emparejadas, pero cualitativamente, claro es, afecta a cada uno de sus tres habitantes por kilómetro cuadrado. El examen, pues, de mapa y cuadro nos permite llegar a una conclusión generalizada: la casi absoluta coincidencia existente, entre tanto, desde el punto de vista cualitativo como cuantitativo en la localización de la pobreza.
Los más pobres
Galicia, Extremadura, Andalucía, ambas mesetas castellanas y León (sin contar con que la riqueza aragonesa se centraliza en Zaragoza capital, despoblando y desertizando tanto Huesca como Teruel) rivalizan en esta clasificación negativa. En resumen, se puede decir que en la actualidad España ha creado un "tercermundismo de la España interior" en beneficio de la España periférica.
Hay que hacer constar, no obstante, que en el caso específico de Galicia -así como en otros de la cornisa cantábrica- el tema no corresponde a las estadísticas, porque es un reino del minifundio, donde se ofrece una imagen distorsionada -estadísticamente- de la realidad, ya que al considerar la renta generada por los municipios no se tiene en cuenta el importantísimo papel que en tales regiones (incluida León y Cantabria) juegan el autoconsumo, la autarquía alimenticia. Un autoconsumo que nos habla de economías primitivas precapitalistas, pero no de economías miserables, de situaciones infrahumanas, que sí se dan en tierras donde existe el gran latifundio, donde, por paradoja, la renta producida per cápita encubre la penuria y la miseria o suma pobreza de la clase jornalera. El hambre, la hambruna, entra en las casas donde nada tienen ni poseen, pero no en las que "algo tienen de propio". Es la gran diferencia entre las zonas minifundistas de León, Zamora, Galicia, Asturias y Cantabria (también en la Rioja) y los casos de ambas Castillas, Extremadura y Andalucía y parte de Aragón.
Las zonas de depresión
La depresión económica gallega se prolonga a través del antiguo reino de León (junto a Zamora y Salamanca) y Extremadura, llegando hasta la sierra de Aracena onubense), siguiendo con casi exactitud matemática la frontera hispano-lusitana. Es la raya de Portugal. La depresión se acentúa Lugo en todo el macizo Ibérico (grandes porciones de Guadalajara, Soria, Cuenca y Teruel), así como en el centro-sur (La Mancha) y toda la Andalucía penibética (el Este andaluz, formado por Granada, zonas de Málaga, Jaén y Almería).
El criterio de renta producida es particularmente interesante para estudiar la dinámica de los municipios, pues acierta a reflejar la presencia de núcleos de población estancados o regresivos. (Es preciso hacer notar que al día de hoy, tras la crisis que venimos padeciendo desde 1973, hay más municipios estancados que regresivos -en cuanto a población-, ya que no existen apenas posibilidades de emigración, tanto exterior como interior, lo que hace que exista una población agraría excedentaria o de paro encubierto que no se daría en tiempos de expansión económica.) Por ello, resulta un buen indicador para estudiar el efecto succionador que los grandes núcleos urbanos ejercen sobre sus respectivas regiones de influencia (Euskadi, sobre Castilla y Extremadura, y Cataluña sobre Andalucía, de forma notoria; así como Madrid sobre ambas CasiLlillas y León y parte de Andalucía).
Una cosa notoria: cualquiera que sea el tipo de medida o de estadística que utilicemos se nos hace patente cada año más la contraposición entre la España pujante (el río Ebro, desde Santander a Cataluña y Levante) que se sitúa entre la costa mediterránea (desde Murcia hasta la frontera francesa con Cataluña), así como toda la región cantábrica, y en su todavía incipiente -pero crecienteunión entre ambas a través del curso del río Ebro (la Rioja, Navarra y Aragón), que acaban de reforzar la autopista del Ebro y los futuros trasvases. A ello sólo podemos unir las Íslas de Madrid y Valladolid (están en regresión tras la crisis). Excepciones en ambas mesetas y León, que no hacen sino resaltar aún más la pobreza y desertización que las circunda.
Los estudios llevados a cabo en distintos anuarios comerciales de España efectuados por Banesto, los ejecutados por la Renta de España y su distribución provincial, del Banco de Bilbao, etcétera, son, sin duda, para el tema que tratamos, de sumo interés, pero una idea mas concreta de la realidad española, tanto desde el punto de vista social como económico, nos la puede dar el estudio llevado a cabo por el Servicio de Agricultura del Ministerio correspondiente, en el que aborda la misma problemática, pero no por municipios (desglose meramente político), sino por grandes unidades comarcales de España, lo que se corresponde mucho más con la realidad político-social-económica de los distintos pueblos y tierras de España.
España queda dividida en este estudio en 458 comarcas. Para cada una de estas comarcas se ha realizado un estudio de campo (in situ) y establecido una serie de puntuaciones o índices que miden el grado de regresividad o de progresividad de nuestra población, la diversificación de su actualidad económica, de sus servicios colectivos (carreteras y comunicaciones, teléfonos, etcétera), así como de sus equipamientos colectivos (abastecimientos de agua, luz eléctrica, escolaridad, etcétera).
Los índices resultantes van desde el máximo logrado por Bílbao y su comarca y el Bajo Llobregat (Cataluña), por encima del + 16,91, a los mínimos de Monterroso (Lugo), índice de -8,496; Las Hurdes, -8,848, y Alcañices (Zamora), con el -14,953. Sólo entre las 548 comarcas de España consideradas en el mencionado estudio, 148 superan el índice mil, que es, por así expresarlo, la media nacional.
Vamos a centrarnos en las comarcas más pobres. El estudio selecciona las 140 más pobres. Las últimas setenta tienen un índice inferior a -4,742, y las otras setenta, entre -3,000 y -4,742.
Pues bien, mientras regiones y nacionalidades no entran con ninguna comarca deprimida, como son los casos de Cataluña, Euskadi y País Valenciano, otras tres se evidencian como altamente regresivas o marginadas: Galicia, Extremadura y Andalucía, sin olvidar el caso de ambas Castillas y León, donde se está creando un verdadero mundo tercermundista que constituye toda la España interior. Baste señalar que de las setenta comarcas clasificadas en último lugar pertenecen a estas últimas regiones. Y entre ellas resalta Galicia, donde el 19% de sus comarcas -que representan casi el 70% de su territorio galaico- se encuentran entre las setenta últimas por su grado de bienestar. Junto con ella, Andalucía, con un 15% de comarcas, que totalizan el 50% de las tierras andaluzas, se encuentra en igual situación de penuria. Porcentaje casi idéntico al que se da en Extremadura.
Como inmensas bolsas de pobreza resaltan cuatro: 1) Toda la Galicia interior y su prolongación, siguiendo la raya de Portugal por Zamora, Salamanca, Cáceres, Badajoz y parte de Huelva. 2) Extremadura. 3) La Celtiberia, es decir, las provincias bajo el influjo del Sistema Ibérico (parte de Burgos, Guadalajara, Soria, Teruel y Cuenca); y 4) la Andalucía penibética. En resumen, restando comarcas aisladas en ciertas provincias y regiones y/o nacionalidades, las bolsas de pobreza homogéneas se centran en espacios muy definidos y afectan a diecisiete provincias de las 47 peninsulares. Por su mayor extensión y gravedad, esas bolsas se detectan en las provincias de Lugo y Orense y sus límites con León; en Granada, Almería, Córdoba y Jaén, y en Cuenca, en especial, aunque todas las manchegas cuentan al máximo con dos de sus grandes comarcas clasificadas como subdesarrolladas.
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