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Crítica:TEATRO
Crítica

Variaciones sobre una paradoja

El veneno del teatro es una obra de intención intelectual. Una reflexión sobre el teatro, sobre el arte del comediante, a partir de Diderot y su Paradoja, con su famosa frase de todas las antologías y ensayos sobre la interpretación; sobre el actor como "un pantin merveilleux dont le poète tient la ficelle et aquel il indique la véritable forme qu'il doit prendre", a partir de la idea de que el actor carece de sentimientos en el momento de interpretar. Frase que, confesada o no, se ha desarrollado después en diversos de los métodos que tanta confusión han arrojado sobre el teatro (y de una manera especial sobre el tardío teatro español).La reflexión escénica recae sobre dos personajes: un marqués cruel -Sade, por supuesto- y un gran comediante; el poeta-marqués-cruel experimenta, hasta llegar al asesinato, sobre el comediante y su posible o imposible sensibilidad a la hora de interpretar.

El veneno del teatro, de Rodolf Sirera

Traducción: J. Luis Sirera. Intérpretes: la Carátula, de Elche, con Vicente Paredes y Javier Rico. Dramaturgia, escenografía y vestuario de La Carátula. Dirección: Antonio González. Local de estreno: Sala Olimpia (Muestra de Teatro de Compañías Estables e Independientes del Centro Dramático Nacional), 9 de diciembre.

Es un cuentecillo breve, sin de masiada entidad, quizá mejor para escrito que para representado porque, como teatro, tiene un defecto principal: el que el especta dor va adelantándose a las sorpresas del autor -de tal modo las prepara, de tal modo sabe él mismo lo que va a ocurrir después de lo que está fingiendo- y se convierten en ingenuas.

Actor marioneta

El texto da poca ocasión a saber si hay una tesis o no, un desenlace o no para la paradoja; la dirección de escena ayuda a n o saberlo, al convertir excesivamente al- actor que conduce el juego -el marqués- en marioneta -movimientos marcados, voz preparada- de forma que la paradoja no se abra nunca. Quizá sea ésa la intencion final, la de la paradoja cerrada, en forma de misterio.Pero donde en Diderot y sus seguidores, más o menos acertados, hay claridad y valentía de expresión, no la hay en Sirera (autor) Antonio González (director); y los dos comediantes, tan manipulados a la fuerza (Vicente Paredes y Javier Rico) o tan colaboracionistas, no dan lugar a personalidad propia que considerar.

Brevedad

La mayor bondad de esta pieza (aparte de un texto con calidades; algunas de ellas, estropeadas por el mal uso del castellano en la traducción) es su brevedad; más o menos, una hora. Y que con él da fin la larga Muestra de Teatro de Compañías Estables e Independientes del Centro Dramático Nacional, que, salvo algún hallazgo de algo ya encontrado previamente, ha sido generalmente pesada, aburrida.Si el centro hubiera querido demostrar que el teatro independiente está sufriendo una gran crisis profunda -como todo el teatro de nuestros días-, no lo hubiera hecho mejor.

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