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La rivalidad de dos santuarios de la música

El Covent Garden cumple 250 años

Una amplia exposición de pinturas, dibujos y fotografías recorre los grandes acontecimientos de una institución de Londres

El Covent Garden, de Londres, celebra esta semana su 250 aniversario. Tres edificios se han sucedido en este lugar londinense y diversos destinos ha tenido este centro de ópera y ballet. Hoy, a pesar de sus permanentes dificultades financieras, el Covent Garden está orgulloso de sí mismo. El tenor español Plácido Domingo considera al Covent Garden como uno de los puntales de la ópera en el mundo. El primero, para Domingo, sigue siendo la Scala, de Milán, donde acaba de abrir la temporada con Ernani, pero el tenor ha hecho notar lo exigente que es su público en Londres, aun cuando Plácido Domingo sea uno -quizá en la actualidad- de sus hijos predilectos.

El Covent Garden sentirá cierta nostalgia con la apertura en la Royal Academy of Arts de una exposición retrospectiva sobre su labor a lo largo de dos siglos y medio. Aquí se muestran las aportaciones de los que han contribuido, delante y detrás del escenario, a su largo éxito. La joya más preciada es un retrato de la señorita Elizabeth Billington que el pintor Joshua Reynolds presentó por vez primera en 1790. Tras un siglo de exilio en Canadá, esta obra llega de nuevo a Londres.

Fotografías, dibujos, pinturas y bocetos de distintos orígenes cubren las paredes de esta exposición. Así, el poco conocido retrato que Jacques-Emile Blanche hizo de Nijinsky. Otro, de Handel, por Mercies. Decorados de Hogarth y de David Hockney. Por estas tablas han pasado grandes figuras. La lista sería demasiado larga. Pero entre los españoles de este siglo cabe citar a Montserrat Caballé, Teresa Berganza, José Carreras o Victoria de los Angeles, que han hecho mella en el Covent Garden, del cual estará hoy ausente Plácido Domingo.

El Covent Garden se construyó sobre tierra eclesiástica (el Convent Garden, que perdió una n en el camino). Se abrió el 7 de diciembre de 1732 con la obra dramática de Congreve The way of the world. La primera representación musical fue The beggars opera, de May. Pero en el primer siglo de existencia este edificio georgiano estuvo fundamentalmente dedicado al teatro.

Por cinco veces ha sido reconstruido o totalmente reformado. Dos incendios lo arruinaron, dando paso en 1809 a un edificio neoclásico y en 1858 al que se erige en la actualidad. En 1847 se había convertido en la Royal Italian Opera. La segunda guerra mundial vio al Covent Garden dedicado a sala de baile. En 1946 se volvía a inaugurar como hogar de una compañía permanente de ópera. Su dedicación al ballet se remonta a las actuaciones de María Salle en 1734, pero la compañía formal de baile que lleva su nombre sólo celebró el año pasado su primer cincuentenario.

Crisis permanente

Si el Covent Garden sobrevivió fue gracias al impulso que le prestó el economista de Bloomsbury, John Maynard Keynes. Posteriormente, el Estado, a través del Arts Council, el Ayuntamiento y las donaciones particulares se hicieron cargo del apoyo financiero a esta gran institución. El Covent Garden vive en crisis permanente, pero hasta el momento ha salido adelante. Quizá el precio de 7.000 pesetas por una buena entrada para ver a Plácido Domingo en La fanciulla del West resulte algo excesivo, pero hay localidades más accesibles y el lleno es diario a menudo con un mes de antelación. Hay afición.Sin embargo, Claus Moser, presidente del Covent Garden, se muestra algo preocupado, pues si algo ha caracterizado a este centro ha sido el número tradicionalmente elevado de nuevas producciones de ópera. Esta temporada, sólo dos nuevas. Su rival directo -la Scala queda aparte-, la Metropolitan Opera, de Nueva York, sólo ha presentado esta temporada tres nuevas producciones. La crisis no es, pues, única.

Nueva obra

Entre otros acontecimientos, el Covent Garden celebra este 250 aniversario con la nueva producción de Semele, compuesta expresamente para este centro por Handel en 1744. Este músico estuvo asociado con el Covent Garden, pero murió arruinado. Lo mismo le ocurrió a Thomas Beechman, el director de orquesta que -además de por sus cualidades artísticas- se hizo famoso por sus conversaciones constantes con el público en pleno concierto. Beecham. se estrenó en esta Royal Opera House en 1910. Nueve años después era el dueño. Tras una década, se quedó sin un céntimo.En enero, recitales de Monserrat Caballé y del bajo búlgaro Boris Christoff.

Rudolf Nureyev, a quien se le aplaude profusamente haga lo que haga en estas tablas, estrenará su primera obra original para esta compañía, La tempestad, basada sobre Shakespeare, y próximamente bailará personalmente en el papel de Próspero.

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