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Miguel Mármol

Tengo setenta y siete años, soy salvadoreño, zapatero, he estado siempre en la guerrilla, desde niño, ahora los niños de siete años ya son espías de la guerrilla, en el campo, la Guardia Nacional lo sabe y les dispara, les mata, en los años treinta llegué a ser el responsable mayor de la guerrilla, en México se explicaba la revolución por la copla y el payaso, en Colombia, por tantas cosas como ha contado García Márquez, en El Salvador, por el dibujo y la Edad Media europea, ya ve, mi amigo, la pirámide social, siempre los siervos abajo, y eso estaba en todas las láminas, somos un pequeño país limitado por todas partes y, de cara al Pacífico, observado por la flota y los submarinos norteamericanos, me fusilaron una vez y me han torturado muchas.(Miguel Mármol es un indio menudo, rapaz, más sutil que violento, vestido de las grandes utopías europeas y de una gabardina que también le está grande; en paso fugaz por España, viene de Inglaterra y Francia: habla con, una hermosa exageración de aes en su pronunciación, dejando las palabras abiertas como paisajes o aves desplegadas).

-Nuestra patria es el café y nuestra oligarquía catorce familias. En los treinta, ya digo, conseguimos muchas cosas. Ahora, la oligarquía campesina no quiere reformas y la oligarquía industrial quiere progresar, parlamentar con la guerrilla, resolver la eterna situación del país. A mí me han perseguido siempre, me hicieron muchas colgadas, pues claro, lo cuelgan a uno del techo y los que pasan le van azotando, hasta que cae inconsciente o muerto. Una vez, en los treinta, nos cogieron a dieciocho, nos fusilaban por parejas, mi compañero murió, pero yo escapé con tiros en la cabeza, en el pecho, en la cara, ya no se me notan, no, los compañeros me llevaron lejos, atravesando la capital, San Salvador, la luna estaba hermosa, pero nadie reconoció a Miguel Mármol, fui a parar a la casa de una prima del guardaespaldas del dictador, soy enfermera, me dijo, a mí no me engañe, usted tiene heridas de máuser, no es un borracho ni algo así, pendejo, si me lo cuenta todo le ayudo, le pregunté si creía en Dios, se lo conté todo, me curó cuatro meses, cuatro meses que estuve sin toser, porque el guardaespaldas iba cada día a la casa, a mudarse, Reagan ya no tiene salida, hoy no sabe qué hacer con El Salvador, su propio pueblo se vuelve contra él, de quien recibimos más ayuda, paquetes, medicinas, cosas, es del pueblo norteamericano, las armas que la guerrilla toma a la Guardia Nacional son últimos modelos yanquis: con ellas estamos haciendo la revolución, que es democrática y popular; en ella hay abogados, un médico francés, curas, mucho proletariado, medio país es nuestro, aunque siempre fluctúan las fronteras, cómo decirle, pues.

(Miguel Mármol tiende más a la perpetuación de las especies acuáticas, se diría, que a la del roble o el patriarca).

-El año veintidós mataron muchas mujeres, en la huelga, toda una vida luchando contra los MeIéndez y los Quiñones, al obrero no se le daba moneda, sino cartones para que los cambiase por cosas, en la plantación misma, una de nuestras grandes luchas fue por cobrar en dinero, era otro tiempo, el actual movimiento guerrillero nace el 72, cuando se supo que Mármol estaba vivo, qué sorpresa, yo era un aparecido, soy un muerto, no queremos intervención de otros países, no queremos globalizar el conflicto, los embajadores extranjeros denuncian ya los genocidios, el Gobierno está nervioso y, sin el imperialismo, ya habríamos ganado la batalla, la opinión mundial, usted sabe, está de nuestra parte (Miguel Mármol, 77 años, está entre el chino de los collares y el revolucionario indigenista), estratégicamente somos la guerrilla mejor organizada del mundo, cuando triunfe la democracia allá, volveré a San Salvador de zapatero, claro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 10 de noviembre de 1982.