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10.000 peregrinos asistirán hoy a la canonización de un santo polaco

Después de varios siglos, los polacos volverán a contar a partir de hoy con un nuevo santo, gracias a la gestión del primer Papa polaco de la historia, Juan Pablo II. Asistirán a la grandiosa ceremonia 10.000 católicos polacos, en uno de los momentos más tristes de la historia de aquel país. Estará presente gran parte del episcopado polaco, menos el primado monseñor Jozef Glemp, que ha preferido quedarse en Varsovia.Se trata del sacerdote y franciscano polaco Maximiliano Kolbe, quién ofreció su vida en el campo de concentración nazi de Auschwitz, en agosto de 1941, a cambio de la de un compañero de prisión, Francesco Gajowniczek, que había sido sorteado para morir en la terrible celda del hambre, tras haberse escapado un prisionero de su pabellón.

La víctima rompió en gritos de desesperación. El padre Kolbe dió un paso hacia adelante: "Este hombre tiene mujer e hijos. Tomadme a mí que estoy solo, porque soy un sacerdote católico". Un testigo ha contado que el jefe del campo retiró con un puntapié a Gajowniczek y con otra patada empujó a Kolbe hacia la celda de la muerte. Allí, desnudos, debían morir de hambre. Alguien la apellidó la celda del infierno. El papa Wojtyla la visitó durante su viaje a Polonia.

Fallecieron todos los compañeros de tortura del padre Kolbe y él seguía aún vivo, hasta que el 14 de agosto le mataron con una inyección de cianuro. Murió rezando a la virgen cuando tenía 47 años.

Pablo VI le había hecho beato el 17 de octubre de 1971. Juan Pablo II le va a canonizar hoy, sin esperar a que haya hecho los dos milagros rituales. Es la primera vez que la Iglesia católica santifica a alguien después de que transcurran tan pocos años desde su muerte. Más aun, el padre Kolbe será proclamado también mártir contra el parecer de la misma congregación de los santos. Sólo puede ser mártir quien muere asesinado "por odio a la fe católica". El padre Kolbe murió, en cambio, "por salvar de la muerte a otro hombre".

En primera fila, hoy, durante la canonización, estará presente el hombre al que Kolbe salvó la vida. Francesco Gajowniczek es hoy un anciano de ojos muy vivos y, el mejor testigo de la generosidad, del sacerdote Kolbe.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de octubre de 1982