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Crítica:CINE / 'SOLO CUANDO ME RIO'

Comedia de bulevar

Tiene Neil Simon una clara habilidad para los buenos diálogos y cierta agudeza para retratrar personajes pintorescos con los suficientes brochazos como para hacerlos verosímiles o reconocibles al menos, con otros datos, en la vida diaria. Cuando esos personajes encuentran, además, el acierto de un buen reparto, el éxito está conseguido.No tiene el autor, sin embargo, gran cosa que decir. Sus trabajos se dispersan en un clima de bulevar con tanta capacidad para el entreteniemiento como para el olvido inmediato. Seguramente no pretende otra cosa. Las películas que se inspiran en sus trabajos teatrales no ocultan tampoco su condición original y se limitan a basar el espectáculo en los diálogos y en sus intérpretes. En el caso de Sólo cuando me río ese planteamiento ha sido bien asumido por el director, deseoso de ser ignorado y dejar paso,al libreto.

Sólo cuando me río

Director: Glenn Jordan. Guión: Neil Simon. Fotografía: David M. Walsh. Música: David Shire. Intérpretes: Marsha Mason, Kristy McNichol, James Coco, Joan Hackett. Comedia. Nortemericana, 1981. Locales de estreno: Amaya, Tivoli.

La anécdota versa sobre unos actores sin éxito cuya vida privada también se conduce hacia el fracaso. Un fracaso, eso sí, que no depende de su condición profesional sino que puede encontrarse, con idénticos términos, en cualquier matrimonio cotidiano, en cualquier pareja al uso. El ensamblaje entre teatro y amores frustrados es lo que Simon maneja con pericia, seduciendo al espectador con las interioridades de un mundo desco-r nocido, y ganándole para su causa por la vía de la identificación. Los tres protagonistas de Sólo cuando me río -dos actrices separadas y un homosexual sin triunfos- conviven situaciones cotidianas alteradas en el momento de iniciarse la película por la visita de la hija de una de esas mujeres. Una situación de comedia en la que la tragedia -una tragedia menor, rosácea- también quiere aparecer narrando las vicisitudes de la protagonista y su lucha contra el alcoholismo. Nada se resuelve ni se conduce por caminos imprevistos. Simon se limita al retrato de esa cotidianeidad encontrándole el mayor número de situaciones brillantes que alcancen el aplauso de un público burgués y con escasa capacidad de escándalo.

Es probable que sin los espléndidos actores que encabezan el reparto -mención especial para el James Coco en el papel de homosexual-, el guión de Neil Simon se revelara en su insipidez. Otros intérpretes no hubieran encontrado la misma comunicación con un texto brillante, certero, pero sin trascendencia. Marsha Mason y Kristy McNichol son eficaces y sensibles, entregando a su trabajo tanta emoción como le exigiría un texto escrito para pasar a la historia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de mayo de 1982