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Tribuna:TRIBUNA LIBRE

Gilbert Durand: Mitocrítica, mitoanálisis, mitodología

La estancia en España de Gilbert Durand para participar en la Semana de la Crítica Literaria organizada por el Departamento de Francés de la Universidad Complutense y por el Instituto Francés de Madrid habrá significado probablemente, para algunos, una revelación.

Gilbert Durand, catedrático de Sociología y Antropología Cultural de la Universidad de Grenoble -que ya había estado hace algunos años en España con motivo del Congreso de Córdoba-, ha ido sentando desde hace ya más de veinte años las distintas etapas de un nuevo espíritu científico y epistemológico que, siguiendo las huellas de Bachelard, Mircea Eliade o Georges Dumézil, proclama el retorno de los mitos en nuestra sociedad. Sus libros más importantes -Les structures anthropologiques de l'imaginaire (1960), Le décor mythique de la Chartreuse de Parme (1961), L'imagination symbolique (1964), Figures mythiques et visages de l'oeuvre (1979), Science de l'homme et tradition (1979) y L'Ame tigrée (1980)- postulan una nueva y pluralista aproximación a lo imaginario que nos ayude a comprender mejor las grandes obras del espíritu humano.En el caso del seminario de Madrid, que tenía el título significativo Au-délà du Structuralisme, se reflexionó desde perspectivas diferentes sobre la crisis de un estructuralismo demasiado formalista o dogmático que rinde culto al reduccionismo y que ignora voluntariamente la riqueza de implicaciones de la obra literaria. Frente a este estructuralismo, la mitocrítica de Gilbert Durand se presenta como una síntesis constructiva de las diversas críticas literarias y artísticas, tradicionales y modernas, que durante estos últimos años se han afrontado, a veces estérilmente, y que podría configurar un estructuralismo figurativo cuyo primer plano estaría ocupado por un retorno de lo imaginario y de sus estructuras antropológicas. Un estructuralismo figurativo que se aplicase, sobre todo, al nacimiento de las imágenes, a su organización en tres grandes cauces semánticos (regímenes), y sólo se ocupase secundariamente de su desarrollo en el relato.

El punto de partida para Gilbert Durand es un "nuevo espíritu antropológico" que, basado en las ideas de Betcherev y en los trabajos sobre etología de Tinbergen, Konrad Lorenz o Portman, estudia los "componentes innatos específicos" constituidos tanto en el hombre como en el animal por el acoplamiento de "automatismos endógenos", por una parte, y "elementos desencadenantes", por otra, y que hacen que la naturaleza humana sea un ."paradigma perdido" (Edgar Morin). De ahí la preferencia que todo est * udio antropológico debe dar a dichos "componentes innatos específicos"; cultura e historia no son más que derivaciones que vienen a insertar se en los determinismos complejos y necesarios de la especie. (El ejemplo aducido por Gilbert Durand en el coloquio de Madrid, al mismo tiempo que confirma estas teorías, proporciona una abun dante materia para la reflexión crítica: si uno de los grandes cauces que recogen el flujo de la imaginación simbólica es precisamente el vinculado a la dinámica del descenso, de la caída, de la degradación, es precisamente por la singular posturalité verticale del hombre y su miedo innato a la caída. El héroe de la ficción nunca cae, y aquel que lo hace -Lucien Leuwen, en la novela de Stendhal- no puede ser considerado como tal. Se podría decir, simplificando un poco, que, en un principio, fue la cabeza del fémur y su peculiar inserción en la pelvis del Homo sapiens...).

Pero los arquetipos imaginarios -cuya formulación estática no satisface plenamente a Gilbert Durand- dejan paso al concepto más dinámico de mitos que son susceptibles de un análisis sociohistórico, puesto que aparecen y desaparecen según un ritmo marcado por los momentos de nuestra historia sociocultural. La función de la mitocrítica será la de poner de manifiesto en un autor, en una obra, en una época y en un ambiente determinados sus mitos vectoriales y sus transformaciones significativas, mostrando la manera con que el genio personal de cada autor contribuye a la transformación de la mitología dominante. La mitocrítica desvela así todo un sistema pertinente de di namismos de lo imaginario y al mismo tiempo desemboca en el análisis de las constancias o redundancias en un momento cultural dado o al menos en una generación cultural (H. Peyre, Guy Michaud, G. Matorè).

Para la crítica literaria actual, a la búsqueda de nuevas salidas integradoras, es evidente que la "mitodología" durandiana ofrece trascendentales posibilidades; partiendo de las geniales intuiciones de Bachelard, adoptando en parte el método de Charles Mauron y su psicocrítica (cuyas insuficiencias comienzan no en el método propiamente dicho y en el descubrimiento de las "metáforas obsesivas", sino en su confluencia en un "mito personal" excesivamente individual y biográfico), la cadena "mitocrítica, mitoanálisis, mitodología" postula y define un sistema de aproximación, análisis y cornprensión que desvela a la vez el sentido psicoanalítico y el sentido sociológico de la obra literaria. Las aplicaciones que de dicho sistema se han hecho en los últimos años en España -en forma de tesis doctorales sobre autores franceses (Roussel, Laforgue, Gracq) en departamentos de Filología Francesa- podrían tener una continuación inmediata con la creación de un centro de investigación sobre lo imaginario que reuniese a profesores y críticos con psicólogos, sociólogos y antropólogos de nuestro país.

es catedráuco de Lengua y Literatura Francesas en la Universidad de Valladolid.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de abril de 1982