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La peseta seguirá depreciándose lentamente para compensar el creciente diferencial de inflación con los países competidores

El aumento del diferencial de inflación existente entre España y los demás países industriales, agravado desde el pasado mes de septiembre de 1981, contribuirá a una mayor depreciación de la peseta en los próximos meses con respecto al resto de las monedas y, en especial, con el dólar, según expertos monetarios de la banca privada. La depreciación favorecería también la recuperación de la cuota de mercado exterior perdida durante 1981 por falta de competitividad de los productos españoles. El presidente de la Asociación de Banca Privada (AEB), Rafael Termes, ha estimado que el mantenimiento de nuestra cuota de mercado en 1981 supondría haber exportado unos 1.800 millones de dólares más. Fuentes oficiales han rechazado los datos de la AEB sobre la supuesta pérdida de cuota de mercado (véase cuadro adjunto) calificándolos de incorrectos.

La importancia de la polémica sobre si España pierde o no cuota de mercado exterior no reside en una quisquillosa discusión tecnocrática sobre interpretación de cifras sino que viene determinada, según estos especialistas monetarios, porque de ello depende la validez de la política económica actual y, muy especialmente, en lo que se refiere a la política aplicada al tipo de cambio y a la definición de prioridades en la lucha contra la inflación o contra el paro.Algunos expertos consultados en el sector privado opinan que "si el Banco de España dejara flotar con más libertad a la moneda española ésta se situaría, en unos cuantos meses, en 130 pesetas por dólar". Este ajuste por devaluación e inflación importada se enfrenta a la actual política de sostenimiento de la peseta aguantando el tipo para no aumentar la inflación interna por vía de importaciones aunque la situación del tipo de cambio no refleje la realidad de nuestra economía.

Entre los censores y apologistas de ambas posturas hay también posiciones eclépticas que promueven una combinación de devaluación con moderación salarial interior para mejorar los precios de nuestros productos y recuperar así la cuota de mercado exterior supuestamente perdida en los dos últimos años.

Sin embargo, tal como está ahora la negociación colectiva, dentro del Acuerdo Nacional sobre el Empleo que fija una banda de incremento salarial entre el 9% y el 11 %, "podría ser temerario, desde el punto de vista de la paz laboral, dejar flotar limpiamente la peseta produciendo una fuerte devaluación del 20%-30%" , según fuentes oficiales, que niegan que pueda producirse tal devaluación en caso de flotación totalmente limpia.

Una devaluación del 30%, siete puntos de inflación

La libre flotación de la peseta daría mayor competitividad a nuestros productos en el exterior, ayudando a recuperar los mercados perdidos, según los partidarios de esta medida, pero tendría un impacto de choque sobre nuestros precios interiores del orden del 6% al 7% en unos cuantos meses, debido al encarecimiento de las importaciones, especialmente el petróleo y las cargas financieras de las empresas endeudadas con el exterior.El emprobrecimiento del poder adquisitivo de los salarios sería brutal e inmediato y los trabajadores, que han pactado subidas moderadas según el ANE, pondrían el grito en el cielo.

La otra vía para ganar competitividad y recuperar la cuota de mercado exterior supuestamente perdida, conteniendo la caída de la peseta, puede centrarse en la reducción de los costes de producción interiores, (laborales, financieros, energéticos, etcétera).

El Informe sobre Evolución Monetaria, de la Asociación Española de Banca Privada (AEB), señala que "con toda claridad la evolución de las exportaciones en 1981 todavía dista de ser favorable por cuanto continúa la pérdida de cuota de mercado".

Y el propio presidente de la AEB, Rafael Termes, manifestó en una reciente conferencia, pronunciada con motivo del centenario del Banco de Sabadell, que "la importancia de la pérdida de cuota de mercado se puede apreciar mejor si se considera que de haber sostenido en 1981 la participación del 1,76% de 1979, supondría haber exportado unos 1.800 millones de dólares más, lo cual habría significado añadir unos 180.000 millones de pesetas al Producto Interior Bruto (PIB) del año. Dicho de otra forma, hubiera sido como si en vez de doce meses de exportación, en 1981 hubiéramos contado con un treceavo mes".

Perplejidad del presidente de la patronal bancaria

"Pero además hay que tener en cuenta", insiste el presidente de la patronal bancaria, "que el efecto sobre el PIB habría sido mayor porque el tipo de cambio necesario para sostener la cuota de mercado de las exportaciones habría provocado también una mayor participación de la producción nacional en el mercado interno, en contra de las importaciones.En efecto, el que la cotización media de la peseta durante 1981, en relación con el conjunto de las monedas de la región geográfica que recibió el 60,9% de nuestras exportaciones en 1980 (Mercado Común y otros países) no haya experimentado una variación sensible, mientras que el diferencial entre nuestra inflación y la de estos países se ha incrementado, no puede ser ajeno a la pérdida de cuota de mercado que venimos padeciendo en las exportaciones".

Al presidente de la AEB le causa "perplejidad" el que hayamos experimentado una pérdida de cuota de mercado tan importante en términos de exportaciones valoradas en dólares, cuando el tonelaje de las exportaciones ha crecido casi un 7% (el doble que las exportaciones mundiales).

La interpretación que Rafael Termes hace de este fenómeno se basa en dos hipótesis alternativas o en una combinación de ambas. Una hipótesis es que en 1981 se ha producido un descenso del valor unitario de nuestras exportaciones en dólares mayor que el promedio del comercio internacional. La otra hipótesis es que "las declaraciones de exportación estén subvaluadas", es decir, que se hagan por precios inferiores a los realmente obtenidos.

"La reconciliación", señala Rafael Termes, "de la existencia simultánea de una pérdida de cuota de mercado en dólares con un comportamiento adecuado del volumen de las exportaciones se tiene que deber a una combinación de los dos factores mencionados".

La subvaloración de las exportaciones declaradas puede ocultar, por otra parte, una cierta evasión de capitales incontrolada ya que lo que no se delcara no entra en España. En 1981 salió un mayor volumen de productos (entre 7% y 9% de incremento) pero entraron menos dólares (un 2,1% menos).

No hay pérdida de cuota de mercado exterior

En medios próximos al Banco de España se afirma que, pese a lo que dice el presidente de la patronal de la banca privada, no hay pérdida de cuota de mercado en exportaciones sino todo lo contrario.Fuentes del Ministerio de Economía aseguran que las exportaciones 'han crecido en volumen un mínimo del 8% en 1981 y que, en todo caso, una mayor depreciación de la peseta no tendría apenas efectos a corto plazo sobre nuestras exportaciones.

Una devaluación ahora impediría -según las mismas fuentes oficiales- aprovecharse de las bajas de precios en materias primas y sobre todo en el petróleo. En este sentido, insisten en que; aunque las importaciones han tenido un crecimiento moderado en 1981 debido a la atonía de la actividad económica interior, la dependencia energética española sigue siendo elevadísima, si se mide en términos de las exportaciones necesarias para pagar esta factura.

Eludir el ajuste real

Los enemigos de la depreciación de la peseta señalan además que con alteraciones del tipo de cambio se elude el ajuste real de economía española y este ajuste pasa necesariamente, según ellos, por la reducción de costes, especialemnte los salariales. Si se devalúa la peseta, lo único que se conigue es meter unos millones de pesetas más en los bolsillos de los exportadores que aumentarán sus ingresos pero no sus exportaciones.Con la devaluación puede ocurrir lo mismo que señala Milton Friedman con los incrementos de los impuestos: sólo sirven para aumentar el gasto público o el grado de ineficacia de las industrias.

La polémica en torno a la política de tipo de cambio no ha hecho más que empezar. Lo sorprendente es que dos instituciones como la patronal bancaria, AEB, y el Ministerio de Economía discrepen sobre la interpretación de unos mismos datos ya que todos tiene procedencia oficial, ya sea a través del Banco de España, del Instituto Nacional de Estadística o de la Dirección General de Aduanas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 3 de marzo de 1982

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