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Comienza un ciclo de casi todo el cine de Buster Keaton

Los cines Alphaville comienzan hoy un ciclo dedicado a Buster Keaton (1895-1966), en el que se proyectará casi la totalidad de la obra muda de este gran cómico norteamericano. Se han excluido los filmes cortos en que Keaton intervino como secundario a su llegada a Hollywood, a finales de 1917, dirigidos y protagonizados por Fatty Arbuckle. También se han excluido sus filmes sonoros, que serán proyectados en un ciclo posterior. El primer ciclo se prolongará hasta el dia 20 de julio próximo. El espectador español tiene, por vez primera, ocasión de conocer casi exhaustivamente la extraordinaria obra de este genio del cine.

El cielo comienza hoy con la proyección de una película inédita para la inmensa mayoría de los españoles. Se trata de El colegial, rodada en 1927, que entusiasmó a Luis Buñuel, quien ese mismo año escribió sobre ella, en Cahiers d'Art, una memorable crítica, en la que intuyó la complejidad técnica de Keaton como realizador y como montador. Tuvieron que pasar muchos años, hasta la revisión por Henri Langlois en la Cinemateca Francesa, en la primavera de 1965, de la obra completa de Keaton, para que esta intuición de Buñuel tomara carta de naturaleza.En España se proyectó un ciclo incompleto de largometrajes de Keaton hace diez años. Comprendió ocho de las obras mayores del cineasta: El cameraman, El navegante, El maquinista de la General, El hombre del río, La ley de la hospitalidad, Siete ocasiones y El héroe del río. Todos ellos -salvo El cameraman- volverán a exhibirse en el ciclo que ahora comienza, en el se incluyen, además de El colegial, otros cuatro no repuestos y desconocidos en España desde los años veinte: El boxeador, El rey de los cowboys, Tres edades y El moderno Sherlock Holmes.

Todos estos filmes fueron rodados entre 1923 y 1927. Cinco años de fiebre creadora, en los que Keaton, para algunos de sus analistas, se vació por completo y dio cuanto llevaba dentro. Para otros, en cambio, estos largometrajes son sólo un desarrollo formalmente más acabado de una lección ya pronunciada por Keaton en la serie de cortometrajes que realizó e interpretó, tras sus separación del equipo de Fatty Arbuckle, entre 1920 y 1923, año de su primer largometraje.

El actual ciclo incluye dieciocho de estas magistrales películas cortas, dieciséis de ellas totalmente desconocidas para los públicos españoles de hoy. Dos fueron rodadas en 1919 por Arbuckle. Entre bastidores y Buenas noches, enfermera, y no son propiamente de Keaton, pero en ellas ya se entrevé no solo la singularidad de su personaje, sino el peculiar enrevesamiento de su juego cómico, que pedía a gritos una puesta en escena propia. Los cortos de Keaton son, por la concentración a que le obligaba el pequeño metraje, obras muy densas que contienen ya la totalidad de sus registros.

En 1929, Keaton, que hasta entonces había trabajado para la United Artists, fue contratadopor la prepotente Metro Goldwyn Mayer. Hizo allí una gran película, El cameraman, que fue su canto de cisne. Pero la Metro, una marca que engullía y destruía más talentos, que revelaba, quiso poner en este inimitable artista su sello, su marca de fábrica, y lo hundió para siempre. Tenía Buster Keaton 33 años de edad. A partir de entonces, con pocos islotes de acierto, tanto su obra como su vida fueron un rosario de desdichas, que le condujeron progresivamente a la indigencia y el olvido. Ese olvido del que le sacó Henri Langlois el día que decidió programar su obra para los cinéfilos parisienses, y Keaton, como un reguero de pólvora, ya viejo y muy cansado, Volvió a recorrer, después de cuarenta años encerrado en latas, los cines del mundo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 3 de marzo de 1982