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Gran afluencia de público y animación en los festejos del Carnaval

Los carnavales, que el pasado viernes comenzaron en Madrid, están resultando un notable éxito de participación, a la vista de la asistencia masiva de personas con ganas de fiesta, no solamente a la carpa del cuartel del Conde Duque -donde hay una asistencia media diaria de 3.000 personas-, sino también a la plaza del Dos de Mayo, de Malasaña; la de Agustín Lara, en Latina; Vallecas, Carabanchel y Moratalaz. El premio a la mejor carroza del desfile del sábado pasado ha sido para el Club de Amigos de la Unesco, quien recibirá 100.000 pesetas.

Dentro de la carpa, a los sones de una música pachanguera y marchosa, podían verse los más variados disfraces. Casi ninguno es comprado para la ocasión, sino que la gente, en un alarde de imaginación, se ha sabido colocar con gracia esos trapos habitualmente inservibles, pero vistosos, que hay en todas las casas. La tendencia más generalizada era la de pintarse la cara con grandes trazos a todo color y, luego, a base de pañuelos y trajes antiguos o ropa de cualquier amigo, para aparecer vestido de superman, de bruja, de personaje indefinible («Oye, tú ¿de qué vas?» «De feria del trapo») e incluso de Guardia Civil.Para que el hambre y las ganas de beber no hagan decaer la fiesta, en cada uno de los distintos recintos festivos hay instalados pequeños quioscos donde se puede comprar pinchos morunos, rosquillas o bocadillos de jamón sospechosamente baratos. Para beber, hay cerveza, vino e incluso copas de cazalla o aguardiente. Pero mucha gente pa sea con la botella en la mano, traída de casa o comprada en un bar próximo. Los porros pasan de mano en mano sin poner reparos en que se apunte cualquier mirón con ganas de «alegrarse un poco, que buena falta hace».

Así, desde primeras horas de la tarde del sábado y el domingo, la gente no paró de bailar a los sones de las diferentes orquestas contratadas por el Ayuntamiento o por las asociaciones de vecinos. El sábado, alrededor de las diez una pequeña zona de Malasaña queda a oscuras durante unos quince minutos por falta de energía eléctrica, sin que por es disminuyera la alegría de la gen te. Serían más de las cinco de la madrugada cuando la gente em pezó a retirarse a sus casas. Al día siguiente no había que madrugar y no había razones para las prisas.

Con todo, el gran llenazo se está registrando bajo la carpa instalada en los patios interiores del cuartel del Conde Duque. La buena iluminación y sonido del recinto, además de los divertidos grupos musicales que están actuando estos días, han supuesto una asistencia diaria de 3.000 personas de todas las edades, aunque predominantemente jóvenes.

En los bares instalados en las antiguas caballerizas, grupos de muchachos jugaban al corro alrededor de un chico disfrazado de guardia, en torno al que cantaban: «Todos al suelo. Aquí no pasa nada». Así, una y otra vez, hasta que el mareo de las vueltas agotaba al personal.

Al margen de las diversiones de los más mayores, los niños asistieron casi de forma masiva a la cabalgata del sábado, y a la plaza Mayor, el domingo a mediodía. Muchos de ellos iban disfrazados con trajes de gitanos, que sus madres les habían colocado y que ellos lucían con ostensible jolgorio, a la vez q ue correteaban de un lado para otro ante los grupos animadores.

Las fiestas de Carnaval concluirán mañana miércoles, con el tradicional entierro de la sardina, del que se harán dos versiones a la misma hora, las siete de la tarde. Uno será en la plaza Mayor y el otro partirá de la glorieta de San Antonio de la Florida, atravesará el río Manzanares y terminará en la Casa de Campo, ante la puerta de las Moreras. Después, a partir de las diez, habrá una gran verbena en la carpa del cuartel del Conde Duque.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 3 de marzo de 1981

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  • Una media de 3.000 personas asiste diariamente a la carpa instalada en el cuartel de Conde Duque