LAS VENTAS

El novillero Fermín Vioque, herido menos grave

Al entrar a matar a su primer novillo, el debutante Fermín Vioque sufrió una cornada seria. Por puro pundonor siguió en el ruedo y entró a matar otra vez, pero sus compañeros ya no le dejaron que acabara con la res. Llevaba el muslo ensangrentado, a la vista la herida y el fluir de la hemorragia.Mientras las cuadrillas lo trasladaban a la enfermería, entró en danza -exactamente, en danza- el sobresaliente Manolo González, que pegó un bajonazo de abrigo. Inesperadamente, le había surgido la oportunidad de darse a conocer y lo hizo a conciencia. Esperemos que tarde en volver por esta plaza.

Minutos antes se había inmiscuido en la lidia y, aprovechando que Vioque iba a tablas para cambiar el capote, intentó unas navarras que le salieron aragonesas; es decir, que bailó la jota. Después, en el novillo que ya le correspondió por derecho propio, un juguetito flor de bondad, dechado de inutilidad física, se marcó unos faroles y con la muleta imitaba a El Cordobés. La técnica era la misma: brazo encogido para citar, estirarlo para parar, no templar nada, dejar el recorrido en medio pase, acentuar el barrigazo, fingirse loco de remate para buscar terreno y empalmar el siguiente muletazo, poner altita y remilgona la mano que no torea, etcétera. Completó la exhibición con saltos de la rana, y los dio mejor que el propio Cordobés. La única diferencia del imitador con el imitado es que aquél no suscitaba delirios, sino indiferencia.

Plaza de Las Ventas

Cuatro toros de Murteira, correctos de presencia, flojos (excepto el cuarto), manejables. Juan José: bajonazo descarado (silencio). Tres pinchazos, estocada corta perpendicular y caída, dos descabellos (aviso) y otro descabello (palmas y algunos pitos cuando saluda). Curro Méndez: Pinchazo, estocada contraria y descabello (silencio). Tres pinchazos y dos descabellos (silencio). Dos novillos de Villamarta, flojos y nobles. Fermín Vioque: pinchazo del que sale cogido, otro y pasa a la enfermería; acaba el sobresaliente Manolo González de bajonazo descarado (vuelta, que da la cuadrilla de Vioque). González, en el sexto, dos pinchazos y estocada (palmas). Parte facultativo: Vioque sufre cornada en triángulo scarpa de dos trayectorias (quince y diez centímetros) que produce destrozos en músculo sartorio y recto anterior, con desgarro en las colaterales de la femoral. Menos grave.

En ese novillo buenecito nos habría gustado ver a Vioque, que en el anterior había estado muy nervioso y acelerado, y aparentemente inmaduro. Todo lo hacía de prisa y corriendo, desde los lances de capa hasta el toreo en redondo y al natural, pasando por las banderillas, que prendió bajas, desiguales y sin arte. Quizá necesitaba serenarse o quizá no estaba puesto para venir tan pronto a esta plaza, con fama de ser «la primera del mundo».

Una plaza sin categoría

Pero ¿qué plaza, ni qué fama, ni qué ocho cuartos? Esta es una plaza cualquiera, sin fuerza y sin categoría, pues todo lo ha perdido en las frívolas manos de José Luis Martín Berrocal. Cartel y ganado eran propios de una plaza de tercera. Este empresario está metiendo la fiesta de toros madrileña en un fangal y a ver quién es el guapo que la saca de ahí. Los aficionados desertan en masa. Nunca fueron tan malos los festejos en Madrid. Berrocal dirá que defiende su dinero, pero si no tiene mejor fórmula para ello que arruinar la categoría de Las Ventas, bien habría podido quedarse en casa y dejar que otros empresarios más expertos se hicieran cargo de la temporada.

Al doblar octubre haremos balance del año taurino, saldrán a relucir los incumplimientos de contrato, y la diputación -esa es otra-, lo mismo que hizo cuando pasó por aquí Canorea, será capaz d.e sacarse de la manga, ni se sabe cuántas interpretaciones del documento, para que las cosas sigan. como están. Y lo cierto es que rio puede estar peor. En su día pedimos a la corporación que revirtiera parte del fabuloso canon que percibe en favor de la flesta, y de eso no hay nada; que prornoviera cerca del arrendatario del coso un mayor contenido de la temporada, y tampoco; que por lo menos los carteles fueran decentes, y menos. Eso sí, hizo pomposas declaraciones, creó un órgano especial de gestión, puso a unoal frente, mas todo ese montaje sólo ha servido, hasta la fecha, para contratar a Paquirri por una millonada en la corrida de la Beneficencia.

Pero calla, corazón. El asunto es tan vidrioso, que preferimos hablar de Juan José. Toreó ayer en Las Ventas Juan José, después de rnucha inactividad, y esa inactividad se le notó. Estuvo torero unas veces y atropellado otras. Necesita placearse. Mano a mano con él -¿había pedido semejante competencia la afición?- actuó Curro Méndez, espigado mozo lleno de buena voluntad y vacío de arte. Toros y novillos resultaron flojos, a excepción del tercer Murteira, que volteó de forma impresionante al caballo. Los seis se dejaron torear. Que no les torearan en sentido estricto, era de esperar. El cartel, por mucha imaginación y mucho optimismo que pusiéramos cuando nos lo anunciaron, sabíamos que no daba más de sí.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 08 de septiembre de 1980.

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