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Crítica:

"Hiroshima, mon amour", primer largometraje de Alain Resnais

Hoy se reponen en Madrid dos obras maestras del cine francés: Hiroshima, mon amour, primer largometraje de Alain Resnais, rodado en 1959 y considerado como una de las mejores obras del cine de los últimos años, y Play-Time, terminada de rodar por Jacques Tati en 1967. La reposición -y no el estreno, como anuncian los reclamos publicitarios- de Hiroshima coincide con el 35 aniversario del bombardeo de esta ciudad, pero la película no ha pasado a la historia del cine por esta razón histórica, sino por razones artísticas y, además, porque por primera vez la relación erótica de una pareja era planteada en términos adultos. Por otra parte, la obsesión de Jacques Tati por la fina crítica de la vida moderna no necesita más referencia que la del señor Hulot, esa creación humana de Tati contra los excesos del progreso.

En 1959, el cineasta francés Alain Resnais realizó su primer largometraje, con guión de la escritora Marguerite Duras. Narrando el breve encuentro amoroso entre una francesa y un japonés en la ciudad de Hiroshima, Resnais sugería en su película múltiples lecturas posibles, conformando así Hiroshima, mon amour como una obra capital en el cine francés de los últimos años.El que más tarde sería director de El año pasado en Marienbad, Muriel, La guerre est finie o Staviski planteó ya desde el principio de su carrera la preocupación básica de toda su obra: el pasado, la memoria y el olvido, en una reflexión inquietante que denunciaba tanto los gratuitos estragos de la guerra como nuestra capacidad para olvidarlos. En tiempos de paz, estos personales viven una apasionada e imposible historia de amor sobre la que continuamente flotan las sombras de tiempos pasados: su imposibilidad de liberación del recuerdo es, al tiempo, la génesis del encuentro.

Por vez primera, la relación erótica de una pareja era planteada en el cine en términos adultos. La película, en un descubrimiento visual que renovaba el anquilosamiento de tantos directores de la época, versaba igualmente sobre esa relación, combinándola de forma maestra con la reflexión política, de suerte que una no podría existir sin la otra.

Lenguaje cinematográfico

La novedad del lenguaje cinematográfico utilizado pudo hacer pensar muchos que la película no superaría los estrechos límites del público especializado. Sin embargo, no fue así. Desde su proyección en el Festival de Cannes de aquel año (fuera de concurso, puesto que había sido eliminado de la competición «por razones diplomáticas»), Hiroshima, mon amour cautivó a un público masivo, sensibilizado inmediatamente por la inteligencia de sus imágenes. Eran los años de la irrupción de la nouvelle vague y quizá los espectadores confiaban ya en encontrar siempre películas «distintas». No obstante, Resnais estuvo desvinculado del movimiento; si bien su instinto cinematográfico podía coincidir en cierto modo con las libertades formales propuestas por Godard, Truffaut o Chabrol, su compromiso político, en cambio, le diferenciaba notablemente de sus compañeros de generación en aquellos años.

Montaje de realidad y ficción

La política proteccionista de André Malraux permitió, como a los demás, el riesgo expresivo de su película; pero, al margen de esa circunstancia, Alain Resnais ha permanecido fiel a su primer espíritu, renovando y experimentando en cada una de sus nuevas películas. Lo que podría parecer paradójico es, sin embargo, la característica fundamental de su obra, No en vano, desde Hiroshima, mon amour, afrontaba reflexiones que el cine no había expresado visualmente hasta entonces o, al menos, no había intentado armonizar en un conjunto donde pudieran darse cita extremos aparentemente irreconciliables.

Coincidiendo con el treinta y cinco aniversario de la explosión atómica de Hiroshima, se repone en las pantallas españolas la película, ahora en versión original subtitulada. El poético texto de Marguerite Duras que da pie al escalofriante montaje de Resnais, en el que se alternan documentos reales con la ficción, fue publicado en España hace doce años. Su vigencia permanece en la traducción y recreación de las imágenes de la película. Tampoco en este caso podrían separarse. Hiroshima, mon amour no admite divisiones: su unidad es su valor. Clásico ya en la historia del cine.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 8 de agosto de 1980