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La

Universidad de Santiago de Compostela regresa a los tiempos de la Casa de la Troya, según algunos indicios. Preocupa a las autoridades académicas de la ciudad gallega que esa vuelta a los viejos tiempos tenga ribetes más ácidos y críticos que los que tuvo la vida familiar y alocada de la famosa residencia de estudiantes compostelanos. El primer aldabonazo sobre la nueva actitud de un amplio grupo de estudiantes se produjo a principios de se mana, cuando tuvo efecto la investidura de doctores honoris causa a los escritores Camilo José Cela y Alvaro Cunqueiro y al profesor Joseph M. Piel. En aquella ocasión, la contestación, dirigida especialmente contra el rector, José María Suárez, fue calificada por éste como «una expresión del más abyecto de los fascismos». Los estudiantes no se han arredrado, y después de haber deslucido aquel acto oficial, lanzando gallinas e insultos del más diverso carácter a los responsables de la Universidad de Santiago, anteayer organizaron por su cuenta una singular parodia académica de la investidura y, entre otros elementos con que adornaron su actuación, pronunciaron remedos de discursos, algunos de los cuales tenían estos títulos: El sexo de los ángeles y la ley de Autonomía Universitaria, Yo diría de alguna manera y Jóvenes corazoncitos; rebeldía, sí; ley de Autonomía Universitaria, no. Entre otros investidos gloriosis causa (según la definición estudiantil), estuvo el popular restaurante de la ciudad llamado El Asesino, una de las casas de comidas más antiguas de Santiago, muy frecuentada en otro tiempo por Valle-Inclán y otros personajes de la cultura gallega. Al acto de investidura asistieron unas mil personas.

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