Ir al contenido
_
_
_
_

"La raíz del problema de Guatemala es la propiedad de la tierra"

Monseñor Gerardo Flores, obispo de Las Verapaces, en el interior del país, es, dentro del grupo episcopal de Guatemala, uno de los nombres más conocidos. Obispo viajero por el puesto que ocupa dentro de Caritas Internacional, hace esfuerzos -como él mismo declara- por comprometerse más con su pueblo. Las circunstancias dramáticas que atraviesa la zona del país que a él le corresponde le ayudan mucho en estos esfuerzos. Las dificultades también son grandes, pues sobre la Iglesia-jerarquía de este país centroamericano gravita de forma muy significativa la persona y la personalidad del cardenal de origen español Mario Casariego, contestado desde hace ya muchos años -cuando la contestación apenas tenía carta de naturaleza en la Iglesia- por el pueblo y por los sectores cristianos más comprometidos.

Pregunta. De Guatemala, monseñor, se habla siempre como de «el país del mundo con más violencia por kilómetro cuadrado». Y esto desde hace mucho tiempo. ¿Por qué tanta violencia?Respuesta. Hay allá un refrán que dice: «Yo no tengo todos los pelos de la yegua en la mano para decir si es baya.» Este es un problema muy complejo, quiero decir. De todas formas, esta violencia represiva, de la forma que ahora la vivimos, es relativamente nueva. Es triste decirlo, pero la mayoría de los líderes populares están hoy enterrados o desterrados, la violencia ha crecido mucho en estos últimos meses. Bien, algunos piensan que esta «escuela de violencia» la crearon, ya hace años, cubanos matones que llegaron a nuestro país a la caída de los Gobiernos tanto de Prío como de Batista. Matones profesionales. Pero esto es sólo una hipótesis.

Creo que es decisiva la situación económica, la extrema pobreza de la inmensa mayoría del pueblo, que ha visto agravada su situación con el alza del coste de la vida. Ya sé que es un fenómeno mundial, pero repercute más fuertemente en los pueblos pobres. Esto ha ido aumentando más la emigración a la capital, que ha tenido un crecimiento espantoso. Un fenómeno muy latinoamericano, por otra parte, este de la macrocefalia: países con una enorme cabeza. Guatemala. capital. tiene 1.200.000 habitantes, y la segunda ciudad, Quezaltenango, tiene sólo 120.000. En la capital se han creado tremendos cinturones de miseria, que fueron los que más sufrieron con el terremoto de 1976. Hay gente que vive todavía en esos asentamientos inhumanos que se construyeron cuando el terremoto, y ahí siguen. Gente sin trabajo, con hambre. Esto ayuda a que la violencia prolifere.

Otro aspecto básico para comprender nuestro drama es la defensa que de sus privilegios hacen las clases pudientes. Me decía hace poco una señora de una finca: «O matamos o nos matan.» Esa es la actitud que hoy tienen muchos finqueros. Un dilema falso, pero que ya es como una psicosis entre las clases pudientes. Considero que la raíz profunda de todo el problema está en la tenencia de la tierra. El 73 % de los guatemaltecos vive de la agricultura, y la concentración de tierras en manos de unos poquitos es la gran realidad allá. Una inmensa mayoría no tiene ni una parcela. Señalaría, dentro de este problema agrario, el aspecto legal. La legislación de Guatemala en lo referente a la propiedad está de espaldas totalmente a la realidad de nuestro pueblo, sobre todo de los indígenas. La concepción de propiedad del indígena, tan noble, está en desacuerdo con esa concepción europeizante de nuestras leyes actuales. A raíz de la «liberación» empeoró todo. Pero, ojo, que en nuestra historia esa «liberación» se refiere a la invasión derechista de 1954, así que está muy mal puesto el nombre...

Pues bien, el objetivo principal de esa «liberación» era precisamente anular los intentos de reforma agraria de anteriores Gobiernos revolucionarios. Y desde entonces, la nueva Constitución ha traído una radicalización fortísima del concepto de propiedad privada. Yo he leído estudios comparativos de las legislaciones latinoamericanas sobre propiedad, y la nuestra es la más reaccionaria en este aspecto. Está hecha exclusiva y directamente para defender la propiedad privada por encima de cualquier otra cosa. Allá no se concibe lo que dijo el Papa de que «toda propiedad privada tiene una hipoteca social». Los finqueros se dicen católicos, pero ignoran esto, no se plantean ninguna reforma y muchos abandonan la Iglesia cuando se les recuerda.

P. ¿Y dónde queda la política de derechos humanos de Carter?

R. Todos nos hacemos esta pregunta. Creo que hay una gran falta de coherencia entre una política, casi gritada, de derechos humanos, y después esos hechos que vemos en la práctica. Se enterarían ustedes de que hace poco el Senado norteamericano retiró la «ayuda» a Guatemala diciendo que el Gobierno no respetaba los derechos humanos. Pero eso realmente no significa nada. Hay muchos capitales norteamericanos que están en juego allí. Y esa es la ayuda que cuenta para sostener al Gobierno.

P. Usted es el obispo de la zona donde ocurrió hace poco más de un año la matanza de 115 campesinos.

R. Panzós fue un horrible botón de muestra de la realidad guatemalteca y no se puede considerar en absoluto como un caso fortuito, aislado o imprevisto. Es el problema de la tierra. El campesino puede tener un título legal incluso, pero nunca es seguro para él.

P. En las listas de «los condenados a muerte» por todos esos grupos paramilitares que actúan en el país ha aparecido varias veces su nombre...

R. Sí. Puede ser sólo para asustar, pero no nos hacemos demasiadas ilusiones. Dicen que soy comunista, y una acusación de comunista en Guatemala es una condena a muerte. No podemos estar muy seguros de que vamos a vivir muchos años más. Lo mejor es ignorar esto y seguir adelante. Una altísima autoridad me llamó un día y me dijo que a alto nivel se habla hablado sobre mi eliminación, se había discutido. Pero había prevalecido el criterio de que todavía no era conveniente... Así estoy.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_