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Cartas al director
Opinión de un lector sobre una información publicada por el diario o un hecho noticioso. Dirigidas al director del diario y seleccionadas y editadas por el equipo de opinión

Arrabalerías

Soslayamos los problemas personales del señor Arrabal con el PCE, así como sus veleidades mesiánicas, por ser temas que no nos interesan, pero sí deseamos centrar nuestra respuesta en otros puntos concretos:Quizá el principal sea su olvido de que entre los innumerables méritos de Israel («centro cultural y religioso») se cuenta constituir uno de los principales estados genocidas y represores del mundo. Y éstos son habas contadas: la documentación de la Cruz Roja y de Amnistía Internacional es irrefutable. Las últimas noticias confirmadas de colaboración técnica en interrogatorios a detenidos palestinos entre alemanes y judíos también son suculentas. Al parecer, el mesías Arrabal también está aquejado de humanitarismo selectivo.

El señor Arrabal cae en el dislate -ahí es nada: lo dice un periódico ¡francés!- de acusar de sovietismo a la política exterior española por no reconocer a Israel. Desgraciadamente, no sólo es la defensa de la paz ni de los derechos humanos, ni la «tradicional amistad con los pueblos árabes», lo que ha contenido a UCD hasta ahora a reconocer a Israel, sino una razón mucho más prosaica que sabe cualquier lector medianísimamente informado, y que se llama petróleo.

Pero donde el señor Arrabal raya en el delirio es en su acusación a TVE de sovietizada y, por tanto, antijudía, al no permitirle hacer el panegírico de Israel. Que la Televisión está monopolizada por un partido lo sabe todo el mundo, pero que ese partido tiene implicaciones, y no precisamente con los soviéticos, también. Y acusar de antijudía a TVE tiene gracia, después de habernos colado a la trágala bodrios sionistas como QB VII, Moisés y Holocausto (¿cuál será la próxima?). Estas cosas las sabe cualquiera: quizá al señor Arrabal, en su residencia de París, donde se oponía al general Franco, no le lleguen.

¿Y qué decir de su pánico ante la posible ruptura con la literatura del Siglo de Oro, porque, según él, es judaica? ¿Qué tiene que ver Fernando de Rojas, Santa Teresa, San Juan de la Cruz, etcétera, con Israel, la URSS o Joan Comorera? Nada, evidentemente; pero para rellenar folios todo vale.

Por último, no está de más recordar al señor Arrabal dos cosas: la primera, que son legión los españoles que se quedan sin expresar su opinión sobre infinidad de temas -aunque lo intentan-, y esto lo saben bien en las redacciones de los periódicos, y la segunda, que la profesión de autor de obras teatrales faculta exactamente lo mismo que cualquier otra para opinar sobre temas que salen de su campo.

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