Denuncias en Ginebra contra la colaboración represiva en el Cono sur
Uno de los supervivientes, Amílcar Latino Santucho, de la familia del líder guerrillero argentino Mario Roberto Santucho (jefe del Ejército Revolucionario del Pueblo, ERP), asesinado por miembros del Ejército argentino el 19 de julio de 1978, ha llegado a Ginebra, liberado de las cárceles paraguayas, después de cuatro años y medio de prisión.Amílcar Santucho, de 58 años, era abogado de presos políticos argentinos y miembro de la Liga Argentina de los Derechos del Hombre cuando, durante un viaje, fue detenido en Asunción por la policía del dictador Stroessner, el 16 de mayo de 1975. Tiene una hija, dos hermanos, tres cuñadas y una sobrina desaparecidos, dos hermanos muertos en la tortura o en enfrentamientos con la policía y el Ejército.
En conversación con EL PAÍS, atribuyó su liberación «única y exclusivamente a la permanente presión internacional», y de allí su visita a Ginebra, para agradecer a una serie de instituciones la preocupación por su persona y hacerles ver que «la vida de miles y miles de prisioneros, reconocidos o no por las dictaduras de Argentina, Uruguay, Chile y Paraguay, depende de la movilización internacional».
El abogado argentino afirmó haber sido torturado ferozmente por la policía paraguaya e interrogado por militares de Argentina, Chile y Uruguay, «lo que demuestra la unión de las dictaduras del Cono Sur».
Amílcar Santucho, afirma también haber visto el día en que fue conducido a la prisión, al dirigente Soler, secretario general del Partido Comunista paraguayo, cuya detención fue negada por la dictadura. Amnistía Internacional, sobre la base incluso de testimonios de policías de este país, informó que Soler había muerto víctima de una de las tantas sesiones de tortura a que fue sometido, después de su detención en el año 1975.
Amílcar Santucho planteó en Ginebra la necesidad de una urgente movilización para salvar, específicamente, las vidas de dos paraguayos que dejó en prisión, hace pocos días, en «peligro de muerte». La del dirigente obrero Severo Acosta y la del ingeniero Virgilio Vareiro.
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