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"Wojtyla estuvo tentado de ser actor"

El papa Wojtyla quiso ser actor, no tuvo ningún romance amoroso, jamás ha dicho que los curas deben volver a ponerse la sotana, dejó boquiabiertos a varios monseñores al verlo nadar, ama a todo el mundo, no es antimarxista, pero no es partidario del comunismo ni tampoco del capitalismo. Estas cosas y más dice uno de los hombres que mejor lo conocen, su amigo el sacerdote polaco Stanislaw Malinski, que ha sido entrevistado por el corresponsal de EL PAIS en Roma y en el Vaticano, Juan Arias.

En vuelo hacia Varsovia en el avión del Papa, un periodista polaco me dijo: «A veces, el papa Wojtyla se ríe mucho leyendo las cosas que se escriben sobre, su vida, porque la mayor parte escribe sin conocer nada de él.»Uno que de Wojtyla conoce casi todo desde hace más de treinta años es el sacerdote polaco Stanislaw Malinski. Se conocieron cuando Malinski tenía dieciséis años y Woityla veintiuno. Desde entonces no se han separado nunca.

Juan Pablo II no ha conseguido traerse a Roma a este fiel amigo, casi un hermano, que prefiere quedarse en su Cracovia. Pero es de las pocas personas que cuando llega a Roma no necesita pedir audiencia en el Vaticano y está siempre invitado a comer o cenar con el Papa. Dice Malinski: «Conocí a Karol Wojtyla por casualidad en Cracovia, en 1940. Yo era mecánico. Era creyente. Saliendo una mañana de misa a las seis, antes de ir a la fábrica, se me acercó un cierto señor Jan Tyranowski. Quería que yo me encargara de un grupo de oración con quince jóvenes. Yo no me fiaba de él. En aquellos tiempos todos teníamos miedo. Pero vi que sabía todo de mí, hasta dónde vivía. Acabé entrando en su casa, que estaba allí cerca. Estábamos hablando y llamaron a la puerta: "Debe ser Karol, dijo Tyranowski." Entró un joven de unos veinte años y dijo sólo: "Soy Karol Wojtyla." Yo pronuncié mi nombre entre dientes para que no lo entendiera. Aún no me fiaba.»

Espiritualidad clandestina

Tyranowski era el famoso maestro de espiritualidad de una serie de jóvenes que se preparaban en la clandestinidad al sacerdocio. Entre ellos, el de mayor personalidad era Wojtyla. Se reunían todas las semanas en casa del maestro para «estudiar y meditar». Fue allí donde nació el interés de Wojtyla por San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Avila: «Nos interesaba entonces mucho la mística», dice Malinski. Karol Wojtyla se mostró en seguida tan maduro que Tyranowski le encargó la formación de otro grupo dejóvenes.El futuro Papa fue también el profesor del joven Malinski: «Como yo había podido estudiar sólo materias técnicas, Wojtyla venía varias veces a la semana a mi casa a darme lecciones de latín. Todo en secreto.»

Malinski es, pues, una de las pocas personas privilegiadas que en la juventud de Wojtyla recibía sus confidencias más íntimas: «Un día me dijo que estaba viviendo un verdadero drama de conciencia porque tenía el dilema de ser un actor o un sacerdote. Según Wojtyla, un verdadero actor es uno que desea cambiar el mundo en su dimensión moral.»

«Para él, el teatro era un instrumento para transformar al hombre. Pero después de mucha reflexión -me dijo que lo llevaba pensando desde hacía años- había llegado a la conclusión de que también siendo sacerdote podía cambiar a los hombres. El arte era un camino más indirecto y,más cómodo, y el sacerdocio, más directo y más sacrificado.»

Malinski me explica que después de su trabajo en la fábrica Wojtyla hacía teatro clandestino con su maestro, Mieczuslaw Kotlarczyk, quien después de la muerte del padre de Wojtyla se fue a vivir con su esposa a la casa del joven actor. Y fue a Kotlarczyk a quien Wojtyla planteó una noche su crisis vocacional: el maestro, después de una discusión que duró una noche entera, le dijo: «No, tú eres antes que nada un actor, un verdadero actor, que ha dado ya grandes pasos. Además, un actor es un verdadero sacerdote del arte. También con el teatro puedes cambiar el mundo.» Pero todo fue inútil. La decisión de Wojtyla fue irrevocable.

Ya desde entonces, según Malinski, el futuro Papa «poseía una gran fuerza de voluntad y de carácter, era muy activo y demostraba un gran don de gentes, sobre todo con los jóvenes».

En un italiano no perfecto, pero sí muy comprensible, Malinski, que hacía unas horas había comido solo con el Papa, hace un panorama del itinerario intelectual de Wojtyla: «Fue siempre un pastor, antes que nada. Lo era ya cuando era sólo actor. Su finalidad era cambiar a los hombres, ayudarles a tomar conciencia de la dignidad humana. Cuando su obispo le impuso prepararse científicamente, le contestó que sólo a condición de no abandonar su vida pastoral. Es un poeta. Y no será posible interpretar ninguno de sus discursos o documentos olvidándose que es, sobre todo, un poeta. Recuerdo que durante el Concilio, mientras los obispos hablaban, él escribía poesías. Pocos saben que la poesía Un negro la escribió durante el Concilio, inspirándose en un obispo negro que tenía delante. Lo vi yo con mis ojos cuando la escribió.»

«Pero Woityla es también filósofo. Un día quiso que yo mismo se lo confirmara. Me confesó a los pocos días de ser Papa que se interesaba por una nueva síntesis filosófica entre la metafísica tomista y la fenomenología de Max Scheler, que es su filósofo. Para él, la fenomenología moderna necesita el injerto de la metafísica. Wojtyla se enfada cuando yo le digo que es un ecléctico, pero en realidad lo fueron grandes filósofos, como Aristóteles y, sobre todo, Santo Tomás.»

Le pregunto a bocajarro si es cierto que el Papa es antimarxista. Y la respuesta es inmediata: «No: conoce demasiado bien el marxismo para ser antimarxista. Por ejemplo, del marxismo ha hecho suya una palabra fundamental: alienación. En 1976 fue invitado a la Universidad de Harvard a tener un ciclo de conferencias sobre el tema «Personalidad y alienación». Era la primera vez que un sacerdote católico había sido invitado a Harvard. Recuerdo que en aquellos días, en la primera página de un periódico de Estados Undidos, apareció una foto de Wojtyla con este título: «Quizás después de Pablo VI será el nuevo Papa. »

«Wojtyla nunca fue capitalista ni lo será jamás. Los Estados Unidos los conoce palmo a palmo. Yo mismo le acompañé una vez. Recuerdo que ciertos aspectos inhumanos de aquel mundo le horrorizaban.»

«Por las noches me pedía que le buscara una familia de emigrados polacos para ir a cenar y me decía: «Ni Nueva York ni Varsovia.» En realidad Wojtyla, si tuviera que votar en un régimen democrático no votaría nunca ni un partido capitalista ni un partido comunista, es partidario de un tercer camino. Quizás esquematizo demasiado, pero conociéndolo puedo asegurar que apoyaría un socialismo nuevo democrático de rostro humano. Su gran preocupación es la defensa de la dignidad y de la libertad global del hombre, y le horroriza todo lo que es alienación.»

Falso romance

Me asegura Malinski que no existe ninguna historia sentimental en la vida de Wojtyla. Hasta los 20 años, en Wadowice, su pueblo na tal, donde «todos saben vida y milagros de todos», todos aseguran y juran que Wojtyla nunca tuvo un amor. La historia que han contado de él es cierta, pero no es suya. Es de otro joven que después se hizo sacerdote y que es el canciller de la diócesis de Cracovia.De todos modos, Wojtyla siempre ha demostrado mucha simpatía por la mujer. «Es verdad. Se lo puedo demostrar con un ejemplo. En 1950, cuando en Polonia era casi increíble ver a un sacerdote sin sotana, Wojtyla, joven sacerdote, se fue de excursión solo con cinco jóvenes universitarias a la montaña, porque una de ellas deseaba ver las flores que nacen de la nieve. Tenían que haber ido también cinco jóvenes estudiantes de un coro mixto que él había creado en la iglesia de San Florián. Pero por la mañana los jóvenes no se presentaron. Lo cierto es que Wojtyla ama a todos: a las mujeres, a los hombres y a los niños. Y no le gusta vivir aislado y solo. Por ejemplo, me ha contado su secretario que ha pedido que se haga en el Vaticano una sala donde el Papa pueda comer hasta con sesenta personas. La sala y la mesa que ha recibido en herencia de los otros papas es solo para cuatro, máximo seis personas.»

«¿Cómo es posible», le pregunto a Malinski, «que un Wojtyla que antes de ser Papa desafiaba a sus superiores saliendo sin sotana, ahora que es Papa haya pedido al clero que se la ponga?»

«Estoy seguro que esto no es verdad, porque se lo he preguntado personalmente a Wojtyla. También a mí me lo habían dicho mis monjitas de Cracovia, las cuales se escandalizan cada vez que yo voy a Roma a ver al Papa sin sotana. Una de las últimas veces me presenté con sotana. En cuanto me vio el secretario polaco se echó a reír y se echó a reír también el Papa, el cual quiso que le explicara la novedad. Le dije: "Las monjitas me han dicho que Su Santidad desea que los curas nos pongamos otra vez la sotana." Y el Papa, siempre bromeando, me dijo: "Yo no he dicho eso. He dicho sólo que el sacerdote en la calle debe llevar algún distintivo para que la gente pueda reconocerlo."»

Hablamos por fin de Wojtyla deportista. Malinski me cuenta que es verdad que el Papa ama mucho todos los deportes, pero que en realidad todo nació de una exigencia médica: «Wojtyla sufre de mononucleosis, que es una enfermedad de los ganglios. Los médicos le dijeron que podría curarse sólo paseando, esquiando y nadando.»

«Cuando vinimos al cónclave después de la muerte de Pablo VI, como era agosto y hacía mucho calor en Roma, me pidió que le buscara una piscina. Encontramos una en un convento del Aventino. Como estaba vacía, el superior nos dejó ir libremente. Naturalmente nunca supo quiénes éramos. Le dijimos sólo que eramos polacos. Recuerdo que atravesaba decenas de veces la piscina sin cansarse.»

«Otro día fuimos al mar, a la playa de Palidoro, para el clero. Fuimos con algunos obispos y monseñores de la curia. Todos se quedaron con la boca bierta. Mientras ellos no iban más allá de tres metros, el cardenal Wojtyla se lanzaba en alta mar perdiéndose de vista. Nada con un estilo que le llaman a la marinera. No es estilo libre. Se lanza avanzando con la mano derecha. No tiene miedo y va lejísimo.»

El Papa, que conoce muy bien la apertura y la preparación teológica de su viejo amigo, que ha hecho su doctorado en Teología en Alemania con Karl Rahner, el mayor teólogo de este siglo, le ha pedido que se dedique a escribir: «Ahora que yo no puedo, sigue escribiendo tú», le dijo durante un viaje en coche a Loreto, en el sur de Italia, días antes de ser elegido Papa.»

Le pregunto, después de tres horas de conversación, de qué habla con el Papa cuando comen juntos, a veces los dos solos: «Sobre todo, reímos mucho; el Papa tiene mucho sentido del humor. Hemos reído toda la vida, aun en los momentos más dramáticos, pero entre broma y broma le canto a veces las cuarenta. Le critiqué el nombramiento de Casaroli como el secretario de Estado, ya que en Polonia todos los obispos, incluido él, habían estado siempre en contra de la política de ostpolitik de Casaroli.»

«Naturalmente, no puedo decirle lo que me respondió. Una vez que le hacía una de estas críticas delante de uno de sus secretarios italianos que intentaba defender al Papa, Wojtyla, bromeando, le dijo: "¿Ha visto? Malinski está en contra de su Papa." Puedo asegurarle que es un Papa que escucha.»

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de septiembre de 1979

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