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Exito del Festival Granada por Bulerías, en homenaje a la Niña de los Peines

A pesar del buen cartel confeccionado, sobraron muchas sillas en el albero y más huecos en las gradas de la plaza de toros granadina. Sobraron también, principalmente, defectos de sonido en el equipo de amplificación. Faltaron, por el contrario, horas para disfrutar de una de las mejores veladas de flamenco ofrecidas en los últimos años en la ciudad de la Alhambra. Se trataba del Festival Granada por Bulerías, organizado por Juan Peña El Lebrijano y Manolo Fernández Heredia, en recuerdo de Pastora Pavón, la Niña de los Peines, una de las mejores cantaoras de la historia del flamenco, a cuya mítica figura nunca hasta ahora se le habla hecho un homenaje.

Ante un público mayoritariamente gitano, y presentado por Juan Bustos, el homenaje a la Niña de los Peines comenzó, como ya viene siendo habitual en los festivales de cante jondo, con casi una hora de retraso, cerca de las once de la noche del viernes. El granadino Antonio Cuevas El Piki fue el encargado de abrir el programa, con una excelente malagueña muy bien acompañado a la guitarra por Pedro Peña. Una vez entonado ya el público, sus cantes por alegrías, tangos y bulerías demostraron una vez más, en el coso taurino de Granada, que El Piki posee uno de los torrentes de voz más espectaculares del panorama flamenco actual.Pansequito dio a continuación la nota seria de lo más jondo que lleva dentro, si bien sus dotes no están a la altura de su enorme voluntad y saber hacer flamenco. Caben ser destacadas en su actuación, sin embargo, la soleá con que arrancó y las seguiriyas que siguieron, ambas magistralmente tocadas por la máxima figura actual de la guitarra flamenca de acompañamiento Juan Carmona Habichuela, que fue, indiscutiblemente, uno de los triunfadores de la noche.

El Lebrijano, que era en principio el encargado de recordar con sus cantes a la homenajeada y madrina suya, Pastora Pavón, se olvidó luego, sin embargo, de interpretar las lorqueñas que había prometido, un cante creado en su día por la Niña de los Peines, inspirándose en las letras de García Lorca. Acompañado por su hermano Pedro, Juan Peña supo meterse pronto al público en el bolsillo, cantando por soleares y tientos, airosamente rematados por tangos. Después, embriagado quizá por el entusiasmo de la gente, su actuación ba . ó mucho de calidad y ni siquiera su magnífica media granaína, rematada por bulerías, sirvió para disculparle.

La Paquera de Jerez, muy mermada de facultades y a punto ya para retirarse, cerró la primera parte. Sólo su buena voluntad y su enorme simpatía justificaron su presencia en el festival, si bien sus bulerías por soleá resultaron bastante aceptables.

Con la segunda parte llegó lo mejor de la noche. La abrió Antonio Cortés Chiquetete, acompañado por el Habichuela, y consiguió arrancar los más calurosos aplausos habidos hasta entonces, cantando magistralmente por tientos, tangos y fandangos.

La sevillana Sus¡, acompañada por su hermano Joaquín Amador y tres palmeros, puso a continuación la nota del color y la gracia gitana en el espectáculo. Interpretó tangos, bulerías y colombianas y, aunque se despistó un par de veces, supo arreglarlo con el recurso del baile, que le sale de los pies casi tan fácilmente como el propio cante.

Camarón de la Isla fue, sin lugar a dudas, el gran triunfador del festival. De, su garganta salieron los mejores cantes de la noche. Muy bien acompañado por Tomatito, que a sus diecinueve años se ha consagrado ya como un joven maestro de la guitarra flamenca, Camarón interpretó tangos, bulerías y fandangos, teniendo que repetir en dos ocasiones ante la insistencia del público y destacando, sobre todas, sus fandangos al estilo de Antonio El Rubio, un gitano anticuario del Rastro de Madrid, que, al decir del poeta Pepe Heredia, puede considerarse como el abuelo del flamenco actual, cuyos renovadores más notables son Enrique Morente y el propio Camarón.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de septiembre de 1979