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Tribuna:Once años de terror y miserias en Guinea Ecuatorial /2

Un supuesto complot, en 1969, sirvió al dictador para iniciar el exterminio de la oposición

La fase de gobierno constitucional de Macías fue de breve duración. A primeros de 1969, a raíz de su enfrentamiento con los representantes de la Administración franquista, sus partidarios emprenden una campaña de agresión indiscriminada contra los españoles. El Gobierno de Madrid decide el envío de más de doscientos guardias civiles para proteger sus vidas y asegurar su evacuación. A su regreso de Addis Abeba, en donde han asistido, en febrero, a la asamblea de la OUA, el ministro de Asuntos Exteriores, Atanasio Ndongo, y el representante ecuatoguineano en la ONU, Saturnino lbongo, hacen una breve escala en Madrid. De vuelta a Fernando Poo tratan de resolver el contencioso entre los dos países por la vía de la negociación, pero son convocados inmediatamente a Bata por el presidente. Simultáneamente, éste anuncia la existencia de un complot para derrocarle, encabezado por Ndongo. Según la versión oficial del «complot», el líder del Monalige, al verse descubierto, trató de resistir y se arrojó por una ventana de palacio. Testimonios posteriores indican que fue precipitado por ella por la guardia de Macías y falleció poco después en la cárcel.Este presunto «golpe fallido» desencadenó una primera oleada de terror, un terror que desde entonces no ha cesado nunca. Todos los funcionarios cercanos a Ndongo fueron detenidos y la mayor parte de ellos murieron torturados antes de ser juzgados: Saturnino Ibongo «se suicidó» oficialmente en prisión; la mujer de Ndongo -una pariente del líder revolucionario camerunés Félix Moumie- fue torturada y rematada públicamente en el centro de Santa Isabel. Entre las personalidades encarceladas se hallaba Enrique Gori, vicepresidente del Consejo Provincial de Fernando Poo, y Armando Balboa, secretario general de la Asamblea Nacional.

Los supervivientes de esta primera hornada fueron juzgados en diciembre de 1970 por un tribunal militar, sin que tuvieran la menor posibilidad de defenderse, e incluso aquellos que sacaron la cabeza en el proceso fueron asesinados posteriormente en la cárcel: el más conocido de ellos, Enrique Gori, pereció en manos de un guardián a golpes de machete, en junio de 1972. Detalle particularmente macabro: según el Financial Times del 17-II- 1970, las víctimas del complot «fueron ahorcadas a los compases de Mary Hopkins cantando Those Were the days, transmitidos por los altavoces».

Crea el Partido Unico

El «golpe fallido» de 1969 permitió desembarazarse a Macías de las últimas trabas constitucionales. El sistema pluripartidista, declaró, era contrario a la idiosincrasia y tradiciones del país, y anunció su sustitución por el PUN (Partido Unico Nacional), bautizado más tarde PUNT (Partido Unico Nacional de Trabajadores), para congraciarse con los países del campo «socialista». Paralelamente, el movimiento oficial Juventud en Marcha con Macías se convirtió en su principal instrumento de control. A partir de entonces, todos los ecuatoguineanos deben formar parte obligatoriamente de los mismos. Aunque la Constitución de 1968 permaneció en vigor hasta 1973, era desde 1969 letra muerta.

En 1971 un decreto presidencial castiga con penas de seis a doce años el delito de «insultos al presidente». La «conspiración» contra el mismo recibe la pena de muerte. Dada la gran imprecisión de ambas figuras delictivas, su ámbito afectaba o podía afectar a la totalidad de la población ecuatoguineana: el simple hecho de no agasajar a las personalidades oficiales o no comparecer a las manifestaciones organizadas por éstas equivale a mostrarse «descontento». Y, por orden expresa de Macías, los descontentos tienen que ser implacablemente eliminados.

En 1972, Macías fue nombrado «presidente vitalicio de la República de Guinea Ecuatorial», «general mayor de los ejércitos nacionales», «gran maestro de educación, hacienda y cultura», etcétera. La lista completa de sus títulos (46) llenaría una holandesa a doble espacio. Su denominación oficial pasa a ser la de «único milagro», y la de su progenitor, «su santo padre».

Coincidiendo con su enfrentamiento con la jerarquía eclesiástica, el Partido Unico divulgó masivamente el eslogan «No hay más dios que Macías». El catecismo del PUNT le compara al Mesías, jugando con la similitud de las dos palabras. La frase «Dios creó Guinea Ecuatorial gracias a Macías. Sin Macías, Guinea Ecuatorial no existiría» pasó a formar parte de los servicios religiosos católicos, so pena de expulsión o encarcelamiento de los sacerdotes recalcitrantes. El tercer congreso anual del PUNT aprobó en 1973 la nueva Constitución, redactada por García Trevijano, que -como la estaliniana de 1936- garantiza «la libertad y dignidad plenas del hombre», los derechos de reunión y asociación, las libertades de religión, prensa, conciencia, etcétera. En realidad, los poderes omnímodos de Macías salen reforzados y el artículo 63 le confiere el poder de nombrar y destituir jueces.

Inventaba "golpes"

El supuesto complot de 1969 es el primero de una larga serie de «golpes fallidos», en su mayor parte fraguados por el propio Macías o inventados por él a raíz de alguna de sus visiones sobrenaturales (fruto, probablemente, de su consumo habitual de las drogas locales denominadas ibonga y bhang). Dichas «tentativas de subversión» abortadas presentan una doble ventaja: por un lado, le permiten desembarazarse de sus enemigos reales o imaginarios; por otro, y ello es sumamente importante si tomamos en consideración los factores étnico -culturales del pueblo ecuatoguineano, le aureolan de un nimbo de invulnerabilidad. Como señala Klinteberg en su obra Ecuatorial Guinea: Macías country, el emblema del PUNT es el tigre, «un animal que no existe en Africa, letal, místico, inmortal, que se alimenta de carne y sangre ». Según la superstición popular, «si un grupo de personas quisiera agredirle, Macías no tendría más que hablar con la voz del tigre, para que éste apareciera instantáneamente en su defensa».

La represión anterior a 1972 afectó principalmente a los seguidores o simpatizantes de Ndongo y Ondo Edu. Varios centenares de personas fueron detenidas y asesinadas por el simple hecho de haber participado en la campaña electoral de aquéllos o haber votado por su candidatura.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 8 de agosto de 1979