Estreno en España de la historia del soldado "Woyzeck", de Herzog
Hoy se estrena, en Madrid, Woyzeck, el último filme del realizador alemán Werner Herzog, basado en la obra del dramaturgo Georg Buechner, que narró magistralmente la historia de un soldado impulsado a la locura y el asesinato. Herzog es uno de los grandes cineastas europeos de la actualidad. En España ya han sido estrenadas algunas de sus obras.
Durante los años veinte, el movimiento expresionista sitúa al cine alemán a gran altura. Se construye una fuerte industria y aparecen grandes creadores, como Murnau, Stenberg y Lang. La llegada del nazismo al poder, a principios de los años treinta, pone fin a este período. Los grandes creadores emigran a Estados Unidos y el cine se convierte en un arma de propaganda nazi. Con la segunda guerra mundial desaparece la industria cinematográfica. Mientras el país se rehace, se restablece la economía y muchas industrias alcanzan un nivel superior al de antes de la guerra, la cinematográfica lleva una lánguida vida. Controlada por las compañías norteamericanas, muertos, apartados del cine o desfasados en su retorno al país sus directores, el cine alemán está en manos de los hombres que no quisieron o no pudieron emigrar durante el nazismo.En 1962, durante el Festival de Cortometrajes de Oberhausen, un grupo de aficionados, críticos y directores de cortometrajes firma un manifiesto donde rechaza el cine alemán y afirma tener capacidad para hacer otro diferente y mejor.
Entre 1965 y 1967 debutan Peter Fleischman, Alexander Kluge, George Moorse, Edgar Reitz, Joahnnes Schaaf, Peter Schamoni, Volker Schlondorff, etcétera.
Hacen un cine más personal, ligado a los problemas del país y realizado con una cierta habilidad, pero es demasiado académico. Hay que esperar uno o dos años más para que, a la sombra de este primer grupo, aparezca el segundo, que arranca del movimiento underground, y que va a alcanzar la fuerza, la novedad y las personalidades que no tiene el primero. Son Rainer Werner Fassbinder, Rosa von Praunheim, Werner Schroeter, Hans Jürgen Syberberg, Win Wenders, etcétera.
Entre ambos grupos se sitúa Werner Herzog. Debuta en 1967 con los primeros, pero su edad está más cerca de la de los segundos, y sus películas, aunque cada vez en menor medida, encierran unos elementos extraños que las acercan a las de los segundos. Hijo de madre yugoslava y padre vagabundo, Werner Herzog Stipetic nace en Munich, en 1942. Hasta los once años vive en las montañas bávaras con su madre, rodeado de hermanos y hermanastros. Estudia historia y literatura en Munich y en Pittsburgo, Estados Unidos, pero no tarda en dejar sus estudios y dedicarse al contrabando con México. A los dieciséis años escribe su primer guión un productor se lo compra, pero le rechaza como director por su poca edad. En ese momento decide producirse sus propias películas, lo que ha hecho y sigue haciendo, y para conseguir dinero empieza a trabajar en una fundición como soldador y en unos apartamentos como guarda.
Con los recuerdos de un viaje a Grecia a ver a su abuelo arqueólogo hace Signos de vida (1967), que describe la locura producida por el aburrimiento en uno de los tres soldados alemanes encargados de vigilar un inútil polvorín en la isla griega de Kos durante la segunda guerra mundial. Poco después empieza en Africa una historia de ciencia-ficción, pero las dificultades de producción y la fascinación del paisaje le hacen abandonar el guión y el proyecto se convierte en Fata Morgana (1970), la menos narrativa y mejor de sus obras, donde se entremezclan imágenes de gran belleza con un texto sobre la creación del mundo. Casi al mismo tiempo hace, en Canarias, También los enanos empezaron pequeños (1970), la mas cruel de sus obras, centrada en un motín en una residencia para enanos. País de silencio y de oscuridad (1971) es un minucioso y personal documento sobre los sordociegos.
El éxito alcanzado con estas películas le permite conseguir dinero para financiar proyectos más caros y ambiciosos. Con Aguirre, la cólera de Dios (1972) empieza la segunda etapa de su obra. En las selvas peruanas rueda su personal versión de la aventura amazónica de Lope de Aguirre, el sanguinario conquistador español enloquecido en la búsqueda de Eldorado. El premio que obtiene en el Festival de Cannes con El enigma de Gaspar Hauser (1974) le lanza internacionalmente. Se vale del tema del misterioso muchacho que en 1828 aparece en Nuremberg y sólo sabe decir algunas palabras, para hacer una dura crítica de la sociedad que le rodea. Tanto Corazón de cristal (1976), que gira en tomo a una legendaria figura del folklore bávaro, como Stroszek (1977), que narra las andanzas norteamericanas de Bruno G., uno de sus actores, favoritos, tienen una menor dimensión, a pesar de volver a indagar sobre la soledad, la dificultad de comunicación y la marginación alrededor de las cuales gira su obra. Con Nosferatu, vampiro de la noche (1978), hace su película más cara. Su última película, Woyzeck (1979), que ahora se estrena en Madrid, interpretada por el genial Klaus Kinski. Es una adaptación de la tercera obra del dramaturgo Georg Büchner, que dejó inacabada al morir a los veinticuatro años. El propio Herzog la define así: «Es la historia del pobre soldado Woyzeck que sistemáticamente es conducido a la locura y al asesinato.»
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