Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Alianza cine-televisión en Estados Unidos

Estados Unidos es el primer país en el que se plantearon los problemas de competencias entre cine y televisión. Al principio, estas relaciones no eran nada fácil, pero han terminado siendo cordiales. Las ayudas decretadas recientemente por el Ministerio de Cultura para el cine español son una ocasión propicia para repasar los datos en torno a este tema en uno de los países con mejor cine y, al menos tecnológicamente, una televisión más avanzada.La NBC difundió, en 1941, en Nueva York los primeros programas comerciales de televisión. Su implantación sólo se generalizó en Estados Unidos después de la segunda guerra mundial. Entre 1951 y 1959, el número de hogares con televisión pasó del 30% al 90%. Eso supuso un enorme descenso en el número de espectadores cinematográficos. Entre 1947 y 1956 pasó de 4.680 a 2.470 millones anuales De las 378 películas de 1946 se bajó a las 150 de 1960. Para tratar de frenar la competencia de la televisión, el cine tuvo que dar lo que ésta no podía ofrecer: aumentó el número de películas en color, aparecieron diversos sistemas de relieve, Cinerama, 3-D, CinemaScope, y cada vez se hicieron más superproducciones. Estas medidas sólo consiguieron paliar mínimamente la situación. Para poder sobrevivir, las grandes compañías vendieron en 1954 a la televisión sus películas anteriores a 1948.

En 1955, RKO, una de las grandes compañías productoras, fue liquidada y sus propiedades vendidas. Es el momento peor de la crisis. Ese mismo año se comenzó vislumbrar la solución: la producción por las grandes compañías de películas para su pase exclusivo por televisión. Finalizada la etapa de los programas en directo, y al tiempo que aparecía un primitivo sistema de video, se crearon lo que más tarde serían telefilmes. Esto significaba una completa revolución en el funcionamiento de las grandes compañías, marcaba el final de una etapa y disipaba definitivamente el fantasma de la crisis.

En 1958, el 82% de los programas de la televisión norteamericana eran filmados. En 1961, el 25% de sus programas fueron producidos por compañías cinematográficas. En la actualidad, las relaciones cine-televisión se han hecho todavía más cordiales y se extienden desde el alquiler de sus locales para la grabación de programas en directo, hasta la producción de largometrajes para su única exhibición en televisión.

Desde 1960, cuando las grandes compañías vendían, como drástica solución, sus películas posteriores a 1955 a televisión, hasta hoy en que cada vez son más las películas que se ruedan, en completo acuerdo con una cadena de televisión, para ser emitidas por ésta después de un primer recorrido por las salas cinematográficas, hay un largo camino y una ampliación de fórmulas, que van desde el episodio piloto de una serie de telefilmes que, por razones de censura o calidad, son distribuidos directamente en locales cinematográficos, hasta los telefilmes de gran éxito que, unidos, originaron una película que tiene una segunda vida en salas cinematográficas.

Los hechos que más claramente señalan cómo el antagonismo inicial entre cine y televisión se ha convertido en alianza es que, después de la proliferación de Scopes y aumento del empleo del color como arma defensiva frente a la televisión, hace años que los Scopes han desaparecido y no se producen películas en blanco y negro, desde que se ha generalizado la televisión en color, ante el problema de perder el amplio mercado de televisión, y las poquísimas que se hacen, como el reciente Manhattan, de Woody Allen, son altamente exóticas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 8 de agosto de 1979