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Necesidad de un pacto social

«Entre la espada de las autonomías -metralletas y bombas en lo referente al País Vasco-, la pared del continuo incremento de la inflación y el suelo de are nas movedizas del paro, el país se encuentra en estos momentos en una situación absolutamente crítica. ( ... )Vueltos -los que se vayan- del veraneo, todos nos encontraremos no sólo un país más caro -que ya ha comenzado a serlo-, sino, además, más difícil, menos propicio para las inversiones, con mayores problemas laborales y con un menor índice de seguridad ciudadana, deteotable en cualquier aspecto de la actividad social.

Se impone, ahora más que nunca, un pacto social. Un pacto que, si bien no podrá presentarse como ungüento mágico, capaz de sanar todas las muchas heridas que el organismo nacional padece, sea capaz de no añadir más leña al fuego de los problemas y de procurar un posible y deseable aislamiento de los mismos, en lugar de servir a todos, de combustible básico, de común denominador de irritaciones y de trampolín para nuevos temas de conflicto.

Este pacto debería lograrse entre los partidos, las centrales sindicales y las organizaciones empresariales. Y en él habrían de contenerse unos acuerdos básicos de coexistencia y colaboración. Los partidos pospondrían el logro de determinados objetivos políticos de alcance social, las centrales olvidarían reivindicaciones no vitales y el uso de la huelga como primera providencia, y los empresarios podrían renunciar a una drástica flexibilización de plantillas al tiempo que encontraban bases suficientes para, dejando al margen las presiones ficales del Gobierno, lanzarse a unas inversiones que, como mínimo, asegurasen una estabilidad suficiente para que la recesión fuese frenada y se contuviese, sin avanzar, el índice de paro. ( ... )

Algo ha de quedar chiro en este planteamiento inicial: no es el Gobierno quien debe protagonizar este pacto, sino las fuerzas vivas del país, las centrales sindicales, los empresarios y los partidos. ( ... )»

6 de julio

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