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Blas de Otero ¿recuerdas?

Te has ido, Blas, amigo.También tú.

Tú, el que cantaste «vivir es morirse todavía» y llevaste su presencia -la de ella, la de esa muerte que tantas veces no se nombra por falso pudor o por miedo, o por qué sé yo...-, clavada reciamente en el centro de tu vida, de tu canción, de tu grito; que eso fue tu canción y fue tu vida: el grito de un hombre al que le dolía el nacer y el morir, tu nacer y tu morir y el nacer y el morir de todos los demás humanos, y que se dolió naciendo y muriendo cada día.

Blas, amigo, ¿recuerdas? Yo rememoro aúncon emoción aquellas horas de, nuestra juventud ansiosa, apenas algo más que adolescencia: aquellas ocasiones recoletas en que me confiabas las primicias de tantos cantos, de tantos gritos tuyos, de tanto y tanto temblor de tu alma hecho palabra, cuajado en letra, pulido y cincelado en verso; en aquel verso tuyo denso, denso (como lo quería Unamuno, con quien no simpatizabas por entonces, y que, a tu pesar, tanto inspiró tu poesía), trabajado, depurado, sangre y sudor destilados del alma (como lo exigía Juan Ramón, del que hiciste un tiempo gran caso, quien te inspiró muy poco y te aleccionó mucho desde la altura impasible de su cátedra poética, y al que tardaste en dar la espalda bastante más de lo que tú mismo has creído)...

Blas, amigo, ¿recuerdas? Yo no puedo olvidar aquellos ratos de expansión íntima, en los que, trocando confidencias, me dejabas columbrar los avatares de la navegación atormentada de tu espíritu, apasionado surcador de océanos celestes e infernales, marinero incansable del infinito, que, hasta cuando se ha volcado en la pequeñez de la criatura humana, ha descubie rto en el fondo de ella la grandeza de su vocación de infinitud, por mucho que con otro nombre la haya llamado...

Blas, amigo, ¿recuerdas? Bien que me acuerdo.yo de cuando me entregaste, trémulo de ambiciosos ensueños, el original de aquel tomito de versos que, por vez primera, llevaría tu nombre de autor impreso encima de su título (Cántico espiritual, conmemorando el cuarto centenario de san Juan de la Cruz, que en aquel 1942 se cumplía), para editarlo como número inicial de los Cuadernos del Grupo Alea: de aquellos cinco o seis mensajes, que el tuyo encabezaba y que nuestra entrañable agrupación bilbaína lanzó a la mar calmosa de la pública indiferencia, con la incurable y un tanto vana ambición de agitarla... Y el día en que vio la luz aquel tu primer librito, ¿recuerdas cómo te desasosegaba pensar en el efecto que produciría sobre la chica a la que habías cantado, a la que habías pudorosamente acariciado en verso, llamándola «muchacha muy devota» en unos poemitas que no creo que hayas publicado nunca, y algunos de los cuales quizá conserva hoy ella, la mujer que hoy es ella, entre otros originales tuyos, con otra muy particular y delicada devoción?

Blas, amigo, ¿recuerdas? Casi tres años más tarde (entre una y otra fecha, un largo túnel de dolor, y al final de él, tu salida a una luz para ti nueva, radicalmente diferente de la que te había iluminado antes, a un fuego distinto en el que enceder la. antorcha de tu poesía), ya sin temblar, maduro, y afirmado, aunque invariable, desconfiado de ti mismo, me entregaste otro original (Poemas del hombre) que ocuparía la sección de poesía en castellano del primer número de la revista -bibingüe y sólo literaria, entonces- Egan, que empezábamos a sacar en Donostia a la sombra de la Bascongada de Amigos del País, entre cuyos socios suscitó los primeros escándalos burgueses, de tantos como estaba llamada a provocar tia obra, tu poesía pertinazmente doctrinaria.. Pues, eso sobre todo: fiel a tu propia esencia. de vasco castizo, de un cabo al otro, ha sido tu existencia-lucha a brazo partido y pantagruélico banquete para aplacar tu hambre y sed de ortodoxia: criado en el rigor de una doctrina, en el de otra -bien distinta-, te has consumido, y muy vascamente te desviviste siempre por tener una ortodoxia en la que descansar tu cabeza.

Más tarde, otros encuentros, otras conversaciones, y también otras preocupaciones -otras dedicaciones y otras ansias, otras combates y otras- creencias, nos han hecho converger unas veces, distanciamos las más, en nuestro ajetreado peregrinar por el mundo; pero no creo que nos hayan separado nunca.

Blas, amigo ... ; pero no. Sólo yo soy quien recuerda. Tú, desde hace un rato, no recuerdas ya nada. Nada recuerdas, porque lo tienes ya todo presente. Presente para siempre, definitivamente actual: niñez y adolescencia, juventud y madurez, ensueños, ambiciones, decepciones, triunfos, amor e ingratitud: todo presente, fundido en uno, reducido todo a un instante definitivo, principio, medio y fin de tu existir entero, mientras los que aquí quedamos, los que aquí vivimos, tenemos que limitarnos a recordar porque seguimos, como hasta ayer tú, muriéndonos todavía.

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