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En el corazón de UCD

Sabía yo que este país no cambia, lo sé de siempre; así que me fui a pasar la noche de los pronósticos largos al corazón de UCD, al campamento de telecable y Chanel número cinco. Al Eurobuilding.A la entrada, me dieron una chapa de Suárez y una tarjeta. Póngase usted la placa. No, que no. ¿No se la va a poner? Pues mire, no. Como una estrella de sheriff del condado en una de technicolor. Como la placa del vaquero sonriente en la solapa confortable de los ovejeros. Se la doy de regalo a María Jesús, bella samaritana de mis manos, a la que dicto artículos a veces.

-Umbral, que yo no soy ucedé.

-Ya lo serás, amor.

Ya lo seremos todos, porque ucedé, verde por fuera, rosa por dentro, como el neumático optimista de su logotipo, es ese modelo de sociedad que no nos hemos jugado porque ya estaba aquí desde hace tiempo, armando su zarabanda consumista en torno de la lucecita de El Pardo. Se apagó la lucecita y se han encendido otras mil, en cambio: luces de la orgía perpetua y la verbena neocapitalista, que es la primera que Dios envía a los españoles (como la de San Antonio) tras cuarenta años cuaresmales.

Don Antonio Fontán, casi solo y casi triste al comienzo de la noche. Iba yo a pedirle una cocacola, pero luego caí en su cargo. En el que le van a dar, quiero decir. Pero alguien tendrá que servirme a mí una cocacola caliente, que es como está buena y tiene todos sus sabores: sabor americano a democracia, rica-rica al paladar. Y Alfonso Sánchez con la bufanda bicolor ucedé, no por convicción, sino por catarro, como siempre.

Me lo dijo Juan Bosch en Santo Domingo: «Franco, paradójicamente, hizo la revolución burguesa que no había hecho España.» Burgueses revolucionario/ franquistas, gente de siempre, la gente de orden que cruza mi barrio de misas y confiterías, los domingos por la mañana, se paseaba la otra noche por las moquetas del campamento ucedé, entre la fiesta de los televisores y los oros de Ruper en el pelo volante de las damas.

Luis Apostúa, Abel Hernández, Miguel Picazo, Carmela García Moreno y el eterno Clodomiro, cual la talla cadete de UCD. Apostúa y Abel se abrazan en La Retorta. ¿Caín y Abel? Algo así piensa Fraga de mi amigo y vecino el columnista del Ya, con quien a veces paseo el spleen del barrio o la noche americana, y que, al no estar de acuerdo conmigo, me concede cristianamente:

Pero ahí quedará tu prosa para siempre.

Fraga, en cambio, me invitó una vez a marisco para decirme que en este país no había vuelto a haber un articulista desde Pemán. Es la diferencia entre el francofraguismo y el francosuarismo, que ha cegado esta noche, ya digo, con sus luces de Luna Park político, de sueño americano, la lucecita casi rural de El Pardo, que yo me empeño en ver entre las cifras.

Las cifras son de UCD desde el principio. La España de Mingote, con un toque de spleen neoconsumista, vive su nochevieja, su solsticio de invierno, su fiesta electoral y su victoria, y me dan buen café, emparedados gruesos, cocacola, y saludo vagamente a viejos funcionarios del Frente de Juventudes, caras conocidas de provincias, reciclados en verde/Walker y naranja/Ordóñez, que son la base oscura de UCD, un partido sin base, porque España, toda España, la España de boutique y apartamento, es su base y peana. A nuestra nueva matrona democrática le da Ruper, ya digo, las mechas en el pelo.

Me siento en una mesa de primera fila:

-Perdón,está reservada para lo ministros.

Así que voy más atrás, hacia lo últimos puestos de la clasificación que tengo el marcador aquí a mi izquierda. Me siento residual, cociente electoral sin importancia decimal con sueño. Fue una noche la otra noche, de dejarse besar por el matriarcado UCD, de dejarse querer y derrotar. De ver a Pérez Llorca más de cerca. De ver la España real, novoburguesa, contenta y con su suerte y con su Suárez. Alfonso Sánchez me trajo a casa con su bufanda verdeorange. Y yo con mi bufanda roja y vieja. Acabamos hablando, como siempre, de lo mal que nos pagan los periódicos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 02 de marzo de 1979.

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