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Lasse Söderberg: "España ha sido decisiva para mí"

Entrevista con el traductor de Aleixandre y Borges al sueco

El poeta y escritor sueco Lasse Söderberg ha venido a España con una misión de relación cultural entre los dos países, tras la firma del acuerdo sobre cooperación en este terreno. Lasse Söderberg asistió al Congreso de Escritores de Almería, y ahora continúa en Madrid unos contactos personales iniciados hace ya algunos años. Curiosamente, la poesía de Söderberg está cruzada por temas españoles, y la literatura de habla hispana, que conoce perfectamente, le ha preocupado como estudioso y como traductor al sueco a Vicente Aleixandre y es el traductor de Borges.

Los poemas de Söderberg aparecen en castellano en las antologías de la poesía sueca contemporánea de la Universidad de Puerto Rico y en la de Justo Jorge Padrón, y con él han trabajado en la traducción de algunos poemas suyos hombres como Blas de Otero y Heberto Padilla. «España -dijo Lasse Söderberg a EL PAIS- ha sido decisiva para mí como persona y como escritor. Vine por primera vez en 1953, y seguramente este viaje tuvo mucho que ver con mis actitudes políticas posteriores.»«En la Suecia de entonces, marcada, como toda Europa, por la guerra fría, la conciencia política era escasa entre los intelectuales, si exceptuamos algunos que habían vivido la época de los años treinta. Entiéndame, todos éramos vagamente de izquierdas. Pero el contacto con España, que era el contacto directo con la realidad política, con opresores y oprimidos, la dictadura y ese pasado cercano que todavía en 1953 se notaba claramente en las huellas de la guerra civil, fue verdaderamente muy importante.»

Los acróbatas, su primer litro de poemas, aparece en 1955. «Empecé a escribir poesía muy joven, como todo el mundo. Creo que para mí era un modo de escapar a ese ambiente cultural asfixiante, al clima de guerra fría y de provincianismo cultural muy visible en Suecia. Era un libro muy marcado por el surrealisnlo, que en Suecia nunca había existido como movimiento: Ludkvist, Ekelöf, entre los poetas, y un par de pintores y poco más. Mi libro, que llevaba una portada de Matta y que fue escrito en su mayor parte en mi primera estancia en París, era una protesta contra ese provincianismo, contra el aislamiento de la cultura sueca. Las nuevas tendencias estéticas habían tardado demasiado en llegar a nosotros y sólo la generación del cuarenta introduciría la nueva literatura.»

Más tarde publicará nuevos libros, hasta ocho más. Y su contacto con españoles se ampliará en París, donde conoce a Antonio Saura y otros hombres de El Paso, a Tàpies. «La generación de Blas de Otero me ha influido, pero más aún la del veintisiete. Me atrajo porque está más ligada a una experiencia concreta que la poesía francesa. Del veintisiete me han interesado todos en un momento u otro. Parece casi turístico citar a Lorca, pero debo hacerlo, y quizá el que más profundamente influyó en mí sea Cernuda.» «En París -explica Lasse Söderberg- viví siete años, del 58 al 65, mientras duraba la guerra de Argelia. Fueron años decisivos también en lo político.» «En realidad -dice-, sólo he escrito un libro de poemas políticos, publicado en 1969. Se llama La comida del general, y es en torno a la guerra de Vietnam. Son poemas escritos al calor de la ira y de la impotencia, y por eso no me arrepiento de ellos. Muchos fueron leídos en mítines y en encuentros. Creo que sólo alguna parte se podría guardar.» «Estos últimos años -dice- son de reflexión, casi de retiro. Más que escribir poesía, lo que he hecho es reflexionar sobre la literatura, y en poesía he escrito cosas que no sé bien a dónde me pueden llevar. Lo que sí es verdad es que acaso vuelva al principio, a aquel sentimiento que me guiaba en los primeros poemas. Me interesa más la particularidad que las generalidades. Y aquella rebeldía es seguramente una de las razones por las que hago la revista Tärnings Kastet («Golpe de Dados») contra una cultura poco imaginativa.

«En Suecia no se da la identificación automática entre cultura y antifascismo que se siente en España. La sociedad sueca, por ejemplo, ha eliminado de la conciencia de los suecos el sentido de la historia. La palabra tradición ha pasado a ser una palabra obscena, como también la palabra muerte.» «Las estructuras capitalistas, por otra parte, influyen en el mercado del libro y en la producción literaria de una manera aún más visible que en España, porque el nuestro es un país más desarrollado. Precisamente por eso son tan importantes las tareas de la Asociación de Escritores. Dos datos pueden ser particularmente significativos: el primero, la reforma universitaria posterior a 1968, que tecnocratizó la universidad e hizo disminuir la humanística, y que acabó también con la posibilidad de estudiar materias diversas: ahora hay que elegir una y trabajarla a fondo, para mejor servir al Estado... El segundo dato es que desaparecen las librerías. En España, todavía, una librería es una selva virgen. Todavía no se sabe lo que puede aparecer en ella, y se puede andar mirando por entre los libros. En Suecia, como es tan caro el sitio que ocupan, los libros no duran más de un año. Además, proliferan cada vez más esos modelos americanos de clubs de libro, que dirigen a los lectores hacia los best-sellers, hacia los libros del mes. El movimiento obrero sueco ha conseguido un nivel de vida y de seguridad social que es el más alto del mundo, pero, desafortunadamente, y a su pesar, se extiende también la conformidad, la seguridad espiritual. Y eso es lo más peligroso en literatura, donde, como decía Apollinaire, hay que elegir entre el orden y la aventura... Por eso esas búsquedas y esos hallazgos los encontramos en los países donde los problemas son más evidentes.» «En Suecia hay literatura, pero no hay vida literaria.»

En cuanto a las relaciones entre Suecia y España, Lasse Söderberg dice: «Han sido escasas y marcadas por el desconocimiento mutuo. Suecia ha estado ligada a las culturas del norte de Europa, sobre todo en la época de la grandeza sueca, en el siglo XVII, y particularmente con Rusia y Alemania, países con los que mantenía guerras casi constantes. Culturalmente, ahora se relaciona más con el mundo anglosajón. Además, durante el franquismo no se mantuvo contacto oficial con esa España desconocida. Ahora se ha firmado un convenio cultural, y precisamente por eso estoy aquí.»

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de marzo de 1979