La tragedia de un Pontífice

Del pontificado de Pablo VI, que duró algo más de quince años, la prensa de todas las tendencias dice que fue una mezcla de «dolorosa laceración entre tradición y novedad", como escribió ayer el primer diario de Italia Corriere della Sera. El vespertino comunista de Roma afirma que Pablo VI «entre mil incertidumbres fue sensible a nuestro tiempo y se demostró capaz de notables innovaciones», y así titula su primer editorial después de la muerte de Montini: «Un vacío difícil de llenar».En realidad, Pablo VI vivió la tragedia de querer conciliar la herencia revolucionaria de Juan XXIII y la esperanza que había, despertado en el mundo con el miedo de que se pudiese confundir la renovación de la Iglesia con su desacralización. Hoy todos los comentaristas reconocen al Papa muerto la difícil misión de poner en práctica la primavera abierta por Juan XXIII, teniendo que conciliar al mismo tiempo las impaciencias de los renovadores con el miedo de los reaccionarios. Pablo VI no ignoraba que cuando terminó el Concilio algunos obispos se volvieron a sus diócesis, diciendo, como uno de los españoles: «Y ahora tenemos que tener un poco de paciencia y esperar a que las aguas vuelvan a su cauce.»
Crisis intelectual
La crisis intelectual del Papa Montini, que empezó su pontificado con mucho empuje y abriéndose al mundo con unos viajes que hicieron temblar a la curia tradicional, tiene una fecha muy exacta: la de la lectura del libro de Maritain Le paysanne de la Garonne, en el cual se afirmaba que en relación con la «oleada innovadora» de nuestro tiempo la crisis modernista había sido como un simple catarro y no una pulmonía. Se sabe que este libro de su viejo amigo y maestro descompuso a Pablo VI., quien en su juventud había sido acusado ante el Santo Oficio como peligroso por ser el traductor en Italia de Maritain y por defender algunas de sus teorías innovadoras.
Ante la crisis espiritual de Maritain, Pablo VI dijo confidencialmente a uno de sus colaboradores: «no quiero pasar a la historia de la Iglesia como el Papa del relajamiento». Pero al mismo tiempo tampoco quería ser considerado como el Papa que había frenado el Concilio o que no era sensible a los problemas del mundo, ya que desde joven había sido considerado como el « monseñor intelectual y progresista». De hecho, una de sus primeras encíclicas fue acerca del diálogo. La más discutida, la que le costó el título de conservador, fue la Humanae Vitae, en la que condenó los anticonceptivos, contra la opinión de la comisión de expertos que él mismo había, creado. Pablo VI murió con la espina de ver aplaudido por toda la opinión mundial el nacimiento de la primera niña probeta, que nació precisamente cuando se conmemoraba el décimo aniversario de la promulgación de la encíclica. Pero es necesario reconocer que se murió sin condenar este nuevo desafío de la ciencia a la moral católica.
Como subraya hoy toda la prensa no es posible interpretar el pontificado de Pablo VI sin conocer su origen histórico, que fue también una mezcla de tradición y de progresismo. Fue formado con una educación católica tradicional y severa. Su familia era rica. Los Montini eran una de las familias mas importantes de Brescia. Su padre, el abogado Giorgio, era el director del Diario de Brescia Il C.'-, 7dino, de inspiración católica, pero que luchaba para que los calólicos tuvieran espacio en la política del país. Fue diputado desde 1919 a 1924, hasta que el fascismo lo obligó al silencio. Su madre, una mujer dulce y muy religiosa, estaba empeñada en el apostolado de la acción católica de la ciudad.Giovani Montini respiró en su
casa el antifascismo que lo condujo a odiar los re-ímer.es totalitarios y lo colocó en la oposición cuando el Vaticano y la Iglesia católica italiana aceptaron un pacto con el fascismo.
Hubo un punto en el cual, probablemente por motivos de su formación familiar rígida y tradicional, no consiguió abrir un diálogo sereno con el mundo moderno y con sus graves problemas, el problema de! sexo: No al matrimonio de los sacerdotes, no a los anticonceptivos, no al sacerdocio de la mujer, no al divorcio, no al aborto.
Sin embargo, en otros temas, como los relacionados con el Tercer Mundo, sí supo mantener una postura crítica y progresista. En palabras de Helder Cámara, arzobispo de Olinda y Recife, pronunciadas ayer por la televisión francesa: «Se trata de un Papa que llegó en el momento exacto para plantear el desarrollo en sus verdaderos términos, para exigir la justicia y denunciar las malas estructuras que oprimen a más de las dos terceras partes del mundo.»
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