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Alemania parece dispuesta a tirar de la economía europea

Los dirigentes de los «nueve» países de la Comunidad Económica Europea se encuentran reunidos en la localidad germana de Bremen, en su segundo encuentro anual, para discutir aspectos relativos a la crisis económica, la estrategia europea y los problemas más importantes que afectan a la Comunidad. Corno tema de fondo aparece la inminente reunión de los máximos responsables de los «siete» países más ricos del mundo, los próximos 16 y 17 de julio en Bonn. Nuestros corresponsales en Bonn, Julio Sierra y Bruselas, Ramón Vilaró, se han desplazado a Bremen para informar, junto a Enrique Badía, enviado especial, del desarrollo de esta cumbre europea, en la que franceses y alemanes pugnan por imponer sus criterios a los socios menores.

Estrategia general económica, política energética y estabilidad monetaria se erigen como, principales protagonistas de las discusiones que los dirigentes máximos de los nueve países de la CEE iniciaron ayer en la localidad de Bremen, en la República Federal de Alemania. No faltó la clásica «sesión de noche», en la que los expertos de la CEE traducen en «orientaciones generales» las ideas presentadas por los jefes de Estado o de Gobierno. Orientaciones que se presentarán a la reunión occidental de las siete primeras potencias del sistema capitalista, que durante el próximo fin de semana se reunirán en Bonn.En las discusiones se ha confirmado la pretensión franco-alemana de llevar a la «cumbre» de Bonn propuestas concretas presuntamente avaladas por el pleno de países europeos que integran la CEE. Bremen pone de manifiesto que la creación de una «zona de estabilidad monetaria» europea no será tan fácil de realizar como podía esperarse.

Los británicos no quieren comprometerse a un sistema rígido de «flotación» de su divisa a pocos meses de una cita electoral. También temen que se erija un frente monetario europeo contra el dólar. Por otra parte, los «pequeños» de la CEE, ausentes de la «cumbre» occidental de Bonn, no ocultaron su malhumor por la iniciativa del «eje» entre Bonn y París en materia monetaria.

Sin embargo, Bonn insiste en que no hay posibilidad de reactivación económica sin previa ordenación monetaria.

«No puedo prometer nada, pero si hay algo que hacer, algo se hará», declara el canciller Helmut Schmidt ante las propuestas presentadas por la Comisión Europea, que definen toda una serie de acciones para cada uno de los países de la CEE, en su camino hacia un índice de crecimiento del 4,5 % para 1979. Schmidt, aun sin comprometerse en cifras de crecimiento para la economía alemana, parece dispuesto a hacer concesiones, atendiendo a las peticiones reiteradamente expresadas de que la RFA sea, de alguna manera, conductora de la reactivación continental. Esta postura no parece responder a un criterio unificado de las fuerzas económicas, políticas y sociales del país germano. El canciller no cuenta con un «cheque en blanco» para la formación de un fondo de ayuda, basado en el importante volumen de reservas alemanas. Según el criterio de la oposición democristiana, «Alemania no debe sacrificar el bienestar económico logrado por el esfuerzo del pueblo, so pretexto de respaldar la salida de la crisis de los países vecinales, que ellos mismos no parecen dispuestos a superar mediante sacrificios propios».

Otro elemento de discusión, planteado como anticipo al encuentro de Bonn, fue el objetivo de crecimiento global que deben fijarse los países europeos. Aceptando el 4,5 % propuesto por los expertos del la Comisión Europea, a la República Federal de Alemania le correspondería aproximadamente el 6%, tasa que no parecen dispuestos a propiciar por ninguno de los mecanismos tradicionales: política monetaria expansiva o reducción de la presión fiscal para relanzar el consumo.

Tras la discusión de las tasas de crecimiento subyace la preocupación por el paro, que se ha revelado prioritaria (en parte debido a la presión sindical) en las deliberaciones.

Precisamente en el tema del paro se alcanzó el primero de los previsibles acuerdos de esta «cumbre». La retirada del veto francés a la creación de un Fondo de Ayuda Comunitario contra al paro juvenil propiciará su puesta en marcha, prevista para enero 1979. El paro juvenil afecta 40 % de los seis millones de parados que actualmente soporta la Comunidad; son personas que tienen menos de veinticinco años y podrán beneficiarse de este fondo.

Precisamente el país más afectado por el paro, Italia, puso el acento en que, además del problema del desempleo, conviene prestar atención a otro tipo de desequilibrios socioeconómicos, igualmente gravosos para la Comunidad. Entre ellos, a la delegación italiana le preocupan fundamentalmente los que atañen al desarrollo regional y a la política agrícola común. Andreotti, primer ministro italiano, manifestó que «es de esperar una revisión crítica de la política agrícola comunitaria durante los seis meses de presidencia alemana de la CEE que acaban de iniciarse». «No queremos privilegios, sólo justicia social», dijo concretamente Andreotti, comentando las diferencias de trato entre las producciones nórdicas y meridionales en la actual Europa «verde».

Aunque no se ha entrado de lleno en su discusión, el tema de la ampliación aparece planteado en la mayoría de los aspectos ya debatidos. Los deseos de acelerar el ingreso de los tres Estados candidatos a la CEE (Grecia, Portugal y España), al parecer impulsados por Alemania, se apoyan en criterios de ampliación de mrecados.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de julio de 1978

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