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Reportaje:

Turquía y EEUU revisan su pacto

En las próximas horas se deberá empezar a decidir la suerte de dos de los problemas más graves del Mediterráneo oriental: la situación de Chipre, con dos comunidades enfrentadas, y el embargo de armas a Turquía, establecido por Estados Unidos en 1974. Existe ya, al parecer, un acuerdo entre Ankara y Washington para transformar el pacto de Ayuda Mutua en un convenio revisable cada año. Jesús Rouco, enviado especial de EL PAIS a la zona, presenta en este reportaje algunos de los aspectos más candentes del problema: las bases militares de la OTAN y de Washington en Turquía, las presiones del lobby greco-norteamericano sobre la Casa Blanca y el acercamiento político-económico de Ankara a Moscú.

A partir del próximo jueves el Congreso y el Senado norteamericanos deberán decidir si levantan o no el embargo de armas a Turquía, tal como lo acaba de pedir el presidente Carter, y si le entregarán al Gobierno del señor Bulent Ecevit los mil millones de dólares que acordó conceder a Aknkara en 1976, en concepto de ayuda militar, la Administración Ford.Hace unos días, precisamente en el momento en que EL PAIS conversaba con el primer ministro Ecevit, llegó a la ciudad una delegación norteamericana, encabezada por el senador Javitz. En el instante en que Javitz entró en el antedespacho de Ecevit, el jefe del Gobierno turco le estaba anticipando a este diario su intención de «revisar» sus compromisos militares con Estados Unidos, e incluso con la OTAN, en caso de que Washington decida mantener el embargo.

Tras la visita de Javitz, se presentó en Ankara otro grupo de negociadores norteamericanos, esta vez dirigidos por el propio subsecretario de Estado, Warren Christopher. En ambas ocasiones las discusiones sobre la cuestión del embargo y de la ayuda militar se centraron en tomo del problema de: Chipre, invadido por Turquía en julio de 1974, tras el intento de golpe de Estado consumado contra Makarios por los coroneles griegos. El viernes pasado trascendió en Washington que la revisión del acuerdo de Ayuda Mutua puede evitar, incluso, la necesidad de un pronunciamiento inmediato del Parlamento norteamericano sobre este espinoso asunto.

Chipre y el Egeo

Pese a la atmósfera de «amistad y mutua comprensión» que envolvió la entrevista de Ecevit con el premier griego, Constantino Caramanlis, en Montreux (Suiza), a mediados de marzo, el diferendo sobre Chipre no parece a punto de allanarse. «Caramanlis -dijo Ecevit a este periódico- ha demostrado en Montreux buena voluntad, pero no ocurre lo mismo con muchos otros políticos griegos.» Los dirigentes turcos tampoco confían en la «buena voluntad» de¡ sucesor de Makarios, el presidente chipriota Spyros Kiprianu, quien diez días antes de nuestra entrevista con Ecevit declaró a EL PAIS que en « las actuales circunstancias un encuentro con Denktash (presidente de la «república» turco-chipriota, creada en el norte de la isla y únicamente reconocida por Ankara) no será de ninguna utilidad ». Los responsables de los departamentos de la OTAN y de Chipre del Ministerio turco de Asuntos Exteriores le recordaron a este periódico las «antiguas vinculaciones de Kiprianu con la EOKA», la organización greco-chipriota partidaria de la enosis con Grecia y el «doble juego» que ahora trata de llevar a cabo con Atenas, para impedir, «sea como sea», un entendimiento de los liberales griegos con los socialdemócratas de Ecevit.Según los dirigentes turcos, las perspectivas de un arreglo resultan aún más inciertas a causa de las «presiones» que el lobby (comunidad) griego de Estados Unidos está ejerciendo estos días sobre el Departamento de Estado y el Congreso de Washington. Tales presiones -sostiene Ecevit- son las que han motivado' una reciente declaración del secretario de Estado, Cyrus Vance, según la cual el embargo de armas a Turquía no será levantado por Estados Unidos hasta que el problema de Chipre sea solucionado. Esa declaración fue hecha, justamente, cuando Ecevit y Caramanlis estaban reunidos en Montreux, lo que inmediatamente provocó una serie de airadas reacciones por parte del presidente del Gobierno turco, entre ellas sus palabras a EL PAIS

Colaboración con la URSS

Aparte de esas amenazas, Ankara dispone, sin embargo, de una segunda carta que al final puede volcar el debate a su favor: el creciente interés de la Unión Soviética en afianzar su posición en Turquía, que se ha traducido en las negociaciones iniciadas en 1976, durante el Gobierno centro-derechista de Suleyman Demirel, para crear un sistema de amplia cooperación económica y tecnológica entre los dos países. Podgorny (ya «purgado» por el politburó) y otros dirigentes soviéticos cometieron al comienzo de eas negociaciones (fines de 1976), el error de exigir, a cambio de la aceptación de esa colaboración económica, una «declaración política» de Ankara, que podría conducir a Turquía no sólo a «revisar» sus pactos estratégicos con Estados Unidos, sino el principio de su misma pertenencia a la OTAN. Esa exigencia ha sido últimamente eliminada, en apariencia, del programa soviético; el propio embajador de Moscú en Ankara acaba de sugerir a sus colegas occidentales que su país no está interesado en una «declaración política» que pueda ser interpretada como «injerencia en los asuntos internos de Turquía».Moscú se conformaría, pues, con una penetración económica que a la larga podría terminar también en cierto grado de cooperación política, tal como lo reconoció a este periódico uno de los máximos responsables de la sección de la OTAN del Gabinete de Ecevit. «Es lógico -nos dijo ese experto- que una inyección de miles de millones de dólares en el proceso de desarrollo industrial de la nación modifique, con el tiempo, su situación estratégico-política.»

Las cifras que en Turquía, en Grecia y en Chipre se manejan acerca de la cooperación económica turco-soviética son completamente contradictorias, pero en cualquier caso importantes, puesto que oscilan entre los 3.000 y los 6.000 millones de dólares. El embajador soviético en Ankara asegura que hablar de 4.000 millones de dólares «es muy exagerado», pero lo seguro parece ser que la cantidad no bajará de los 2.500 millones, y que servirá, entre otras cosas, para impulsar dos sectores en los que Ecevit se muestra muy interesado: la siderurgia y la petroquímica. El esfuerzo financiero soviético se dirigiría además hacia, el desarrollo industrial de Anatolia, una de las regiones más deprimidas del país, en la cual, pese a la «occidentalización» decretada en la década de 1920 por Ataturk, padre de la Turquía moderna, aún pueden verse mujeres con el velo en la cara. Conviene recordar también que la inmensa meseta de Anatolia, con fronteras con la URSS, y las provincias circundantes constituyen una zona militar de primer orden sobre todo para Estados Unidos, cuyas veinticuatro bases de escucha electrónica -cifra sobre la que tampoco existe ninguna seguridad- en Belbasi, Erzurum, Pazar, Ani, Kars, e incluso el monte Ararat, permanecen cerradas.

Un ejército de 500.000 hombres

De todas formas, las perspectivas soviéticas no le permiten a Ankara ir demasiado lejos en sus «advertencias» a occidente. El propio Ecevit nos dijo que un rompimiento con la OTAN es ahora impensable. Simultáneamente el ejército turco, de 500.000 hombres -el más numeroso de la Alianza Atlántica- depende en forma absoluta de la tecnología y los suministros norteamericanos y europeo-occidentales. De ahí la insistencia turca en el «inmediato» levantamiento del embargo de armas y en la reanudación del programa de asistencia militar.Existen, a la vez, otros factores, sobre los que el general Haig, comandante supremo de la OTAN comparte los mismos puntos de vista que Ecevit y los jefes de ejército turco. En primer lugar, li actual crisis económica del país -la más grave de todas en el área de la Alianza- le impiden ya a Ankara, desde febrero pasado seguir manteniendo sus fuerza armadas, cuyos gastos insumen nada menos que el 50% del presupuesto nacional. La ocupación militar de Chipre le lleva otro 10%.

Los planes turcos para Chipre.

Los dirigentes turcos nos han reiterado, una y otra vez, que sus enormes gastos en la isla (de másde doscientos millones de dólares, sin contar los estrictamente militares) no los inducirán de ninguna manera a retirarse del 40 % del territorio chipriota, que ocupan desde 1974, ni a aceptar allí una federación que no garantice una «verdadera autonomía» para la comunidad turco-chipriota. En ese sentido, las propuestas que en las próximas horas presentará Denktash, para la reanudación de negociaciones con el Gobierno de Kiprianu, elaboradas en Ankara -un día antes de la entrevista Ecevit-Caramanlis en Suiza, Denktash y todos sus colaboradores se trasladaron a Turquía-, sólo contemplan concesiones territoriales mínimas, el traslado de la capital chipriota, quizá de Nicosia a Varosha. (Famagusta), y la reapertura, para los hoteleros griegos, de los barrios turísticos de esa ciudad. Según esas propuestas, el esquema económico de los turco-chipriotas se desarrollaría, durante los próximos cinco años, en forma separada del greco-chipriota- -aunque con un «objetivo final evolutivo». Estos planes contradicen las tesis fundamentales de Kiprianu sobre la «unidad» de Chipre.

El desequilibrio de fuerzas

El futuro del Egeo se presenta aún más complicado, tanto para Grecia y Turquía como para la OTAN. Grecia tiene en el Egeo 3.054 islas e islotes, algunos a muy pocos kilómetros -y hasta metros- de la costa turca. La existencia de «bolsones» muy importantes de petróleo en la plataforma continental agrava esa situación, especialmente para Turquía, que actualmente invierte en la compra de crudos el 70 % de sus ingresos por exportaciones. Así, Ankara ya ha garantizado a la empresa estatal TPAO . la exploración y explotación de tres millones de hectáreas en las áreas del Egeo en disputa.Este hecho, junto con el de las tres bases de la OTAN en Adala, Esmirna y Eskishir (sólo la de Adala continúa bajo el mando de oficiales norteamericanos) es, en realidad, el factor fundamental que, en la sombra, pesa en la disputa sobre Chipre. Grecia, lo mismo que Turquía en Chipre, parece también decidida a hacer algunas concesiones en el Egeo, pero muy escasas, porque para Atenas se trata, según sugiere Caramanlis, no sólo de petróleo, sino de su «seguridad militar». Los últimos datos proporcionados por el Instituto de Estudios Estratégicos de Londres son, para Atenas, «concluyentes»: frente a los 500.000 soldados turcos, Grecia únicamente tiene 161.200, y a los 292 aviones de combate de Ankara no puede oponer más que 250. Turquía cuenta además con dos divisiones de infantería mecanizada y con un 40 % más que Grecia de submarinos, destructores y patrulleros. Pero este balance también es «concluyente» para Turquía, porque «prueba» el «mayor esfuerzo» que debe hacer para la «defensa de Occidente».

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 4 de abril de 1978