"La polución demuestra que tenemos un profundo desprecio por la Naturaleza"

Jean Dorst, biólogo francés, miembro de la Academia de las Ciencias y director del Museum National d'Histoire Naturelle de Francia, dio ayer por la tarde una conferencia sobre el tema Ecología y civilización, en el Instituto Francés de Madrid. recogió en esta entrevista sus opiniones sobre la actual situación de la naturaleza y el medio ambiente.

Jean Dorst considera que la continua degradación de la naturaleza puede ser el origen de una grave crisis en nuestra civilización. «Hasta ahora -afirma- hemos luchado contra los efectos secundarios de la degradación del medio ambiente, sin detenernos en analizar el origen de este fenómeno.»«Pienso que hay tres razones básicas por las que el hombre actúa así. Por un lado, creo que tenemos un profundo desprecio por la naturaleza. La polución es un buen ejemplo de ello, vertemos todos nuestros residuos a los ríos y al mar sin percatarnos de la importancia de estos ecosistemas.»

«Por otro lado, el hombre ha tenido siempre la sensación de que los recursos de la naturaleza eran ilimitados y, finalmente, nos hemos acostumbrado a tener una fe ciega en las soluciones que la técnica pueda aportar a nuestros problemas, como si el desarrollo tecnológico pudiera resolverlo todo.»

«El crecimiento indefinido es absurdo porque nos encontramos en un mundo con unos límites muy concretos. La explosión demográfica es uno de los grandes problemas con los que nos tendremos que enfrentar a cortoplazo. La producción de alimentos también tiene sus límites, aunque opino que si se repartieran los actuales recursos alimenticios la humanidad no tendría por qué pasar hambre. »

Sin embargo, Dorst, como ecólogo, se muestra precavido ante los grandes programas tipo la revolución verde. Refiriéndose al proyecto de la comisión trilateral por el que se duplicaría la producción de arroz en toda Asia, Jean Dorst advierte de los efectos secundarios:

«Todo incremento masivo de la producción agrícola conlleva otros inconvenientes, como son el uso masivo de fertilizantes, pesticidas, y energía, al margen de las posibles alteraciones ecológicas. Hay que tener en cuenta que la revolución verde fracasó en parte porque era demasiado cara.»

Todos estos esfuerzos de incrementar la producción mundial, tanto de alimentos como de productos de segunda necesidad que eleven el bienestar, implica un aumento del consumo de energía, en caso de seguirse el modelo occidental. En ello la energía nuclear juega un papel decisivo como fuente de abastecimiento sustitutiva del petróleo y combustibles fósiles. La opinión de Jean Dorst ante esta fuente de energía es que «no se puede prescindir de la energía nuclear si queremos seguir manteniendo el actual tipo de vida».

«Las fuentes de energías alternativas blandas no pueden producirnos a corto plazo la cantidad de energía que nuestro ritmo de desarrollo requiere. No sólo la energía nuclear tradicional, basada en la fisión del átomo de uranio, sino también necesitaremos de la tecnología del plutonio, introduciendo los reactores-generadores rápidos, única solución al agotamiento de nuestras reservas de uranio. »

Ante el riesgo que para nuestra civilización supone el almacenamiento de los residuos radiactivos durante miles de años, Dorst afirmó:

«Se exagera con el riesgo de los residuos nucleares. Si bien estoy preocupado ante este problema, no puedo considerar que suponga más riesgo que otras actividades humanas. »

La postura de los ecologistas la considera exagerada en este punto, sin embargo, considera que «el movimiento ecologista es sumamente positivo porque está creando una conciencia en la opinión pública contra cierto tipo de alteraciones que pasarían desapercibidas en caso de que no fueran denunciadas por estos grupos, más sensibles.»

«Sería conveniente que los partidos políticos tuvieran en cuenta las reivindicaciones de los ecologistas, pero los partidos están demasiado atareados con los problemas tradicionales como para ocuparse de alguno nuevo.»

Ante la pregunta de si es viable una alternativa ecológica afirmó:

«Creo que la civilización industrial es, quizá, la última civilización creada por el hombre, ya que no veo otra solución a una humanidad que supera los 4.000 millones de individuos. Sin embargo, la sociedad industrial sólo podrá sobrevivir si se le aplican profundas modificaciones que eviten sus excesos. Personalmente, no sé si la sociedad ecológica es o no una alternativa a la sociedad industrial. El problema es desacelerar el actual ritmo de crecimiento. Si se es optimista, pensaremos que el hombre logrará reducir sus demandas de recursos tras cambiar su mentalidad consumista; si se es pesimista, tendremos que pensar en un conflicto mundial que nos conduciría a una regresión completa de la Humanidad.»

«Yo soy optimista. Creo que la Humanidad superará este bache. Existe una creciente toma de conciencia que conducirá a un freno del desarrollo, sin que ello produzca un trauma social excesivamente grave.»

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 02 de marzo de 1978.

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