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Elecciones legislativas francesas

El difícil camino de una opción

El día 9 de septiembre de 1965, en París, en el hotel Lutetia, plataforma mundana de la clase política de izquierdas, un «aventurero de derechas», como han sospechado de él siempre los comunistas franceses, llamado François Mitterrand, convocó a la prensa para anunciar: «Soy el candidato único de la izquierda contra el general Charles de Gaulle en las próximas elecciones presidenciales.» En este momento empezó a realizarse uno de los giros históricos del socialismo francés, el que iba a culminar en la creación del actual Partido Socialista (PS) miembro de la II Internacional, el más numeroso de los partidos políticos galos y el más marxista de todos sus hermanos europeos.En efecto, contrariamente a lo que les ha ocurrido a los socialistas alemanes, británicos o italianos, el PS ha evolucionado hacia la izquierda para terminar aliándose con los comunistas. Tal es su singularidad mayor y tal es su problema: ¿ha renunciado definitivamente el PS a las alianzas con la derecha o el centro, que practicó a lo largo de su historial? La respuesta empezará a aportarla los resultados del escrutinio legislativo de los días 12 y 19 inmediatos.

La principal fuerza de la izquierda

El socialismo francés constituye la principal fuerza de la izquierda y una de las cuatro tendencias que actualmente representan el electorado que va a manifestarse en las legislativas. Su origen se sitúa en la creación de la Sección Francesa de la Internacional Obrera (SFIO), en 1905, que agrupó las diversas corrientes socialistas surgidas en el siglo XIX. Las actuales tendencias del PS no son más que una herencia histórica. Los reformistas y revolucionarios de la SFIO provocaron la primera y la más importante escisión en 1920, en el Congreso de Tours, cuando las tres cuartas partes de sus miembros la abandonaron para fundar el Partido Comunista francés (PCF).

Jean Jaurés, Leon Blum, Vincent Auriol, Paul Ramadier, Guy Mollet tejieron la historia de la SFIO a lo largo de medio siglo. Tras la escisión de Tours, la SFIO volvió a convertirse en un potente partido de masas después de la segunda guerra mundial. La guerra fría lo impulsó hacia la derecha y toda la IV República francesa tuvo como protagonista a los socialistas. En el interior combatió con igual violencia al gaullismo y al comunismo. En el exterior defendió a Alianza Popular y a la construcción europea. Su política colonial provocó una nueva escisión que dio origen al Partido Socialista Unificado (PSU). En 1958, Guy Mollet favoreció la vuelta del general De Gaulle al poder, pero, inmediatamente, la SFIO se deslizó hacia la oposición y empezó su «travesía del desierto». El intento del alcalde de Marsella, Gaston Deferre, de crear una gran federación con los radicales y los democristianos de la oposición fracasó.

Once veces ministro

Desde el comienzo de los años sesenta surge el nuevo François Mitterrand. El hijo de la burguesía media, once veces ministro durante la IV República anticomunista, desde su escaño de parlamentario de la oposición, en pocos años se perfiló como el crítico más severo y atinado del general De Gaulle. Y en medio de la desunión total de la izquierda, se produjo el acto histórico del hotel Lutetia ya reseñado. El señor Mitterrand entendió que al socialismo francés sólo le quedaba un camino para volver al poder: aliarse con los comunistas, que, tras su declive a lo largo de los años cincuenta, volvían a influir progresivamente en la sociedad francesa.

El mayo del 68 de las barricadas cogió por sorpresa a toda la política tradicional y la moribunda SFIO del señor Guy Mollet consiguió el 5,01 % en las elecciones presidenciales que siguieron a la caída del general De Gaulle.

Entre tanto, el señor Mitterrand había creado la Convención de las Instituciones Republicanas y, a raíz de su brillante papel frente al general De Gaulle en las presidenciales de 1965, agrupó a la izquierda no comunista en la Federación de la Izquierda Demócrata y Socialista (FGDS), que murió con mayo del 68.

Pasado el susto de las barricadas, en 1971, el señor Mitterrand consiguió la fusión de la SFIO y la CIR: en Epinay sur Seine nació el nuevo PS, que le nombró primer secretario. Y del 18 % del electorado que atraía en aquella época, el PS se ha convertido actualmente en el primer partido del país, con el 27 %, que le anticipan los sondeos de opinión para las próximas elecciones.

Una organización desigual

La creación del PS consolidó su política de izquierdas y propició la firma del Programa Común con los comunistas en 1972; el PS cuenta hoy con 160.000 adherentes. Su organización, por miedo a la burocracia y al centralismo democrático, es desigual. En su seno cohabitan, fundamentalmente, dos corrientes: la mayoritaria, mitteranista, y una tercera parte de los efectivos que se reclama del Centro de Estudios Investigación y de Educación Socialistas (CERES). Jean Pierre Chevenement es el líder de este ala izquierdista de los socialistas. La vieja SFIO aún sobrevive, y el alcalde de Lille, considerado como el segundo Mitterrand, Pierre Mauroy, aglutina otra tendencia más derechista. Pero el PS actual, resultado de la aventura personal de Mitterrand, es uno gracias al prestigio, a la popularidad y a la «mano de hierro» del que muchos llaman «un De Gaulle de izquierdas», es decir, Mitterrand.

El PS cuenta con 89 diputados, su electorado es el más diverso de todos los partidos políticos. Ultirnamente parece ser que ya alcanzó al PCF entre la clase obrera. Según una estadística reciente, el 33 % de los trabajadores votarían por los socialistas, contra el 35 % para los comunistas. Su implantación es más notoria en el norte sobre todo, en el centro y en el valle del Ródano.

Su influencia en el dominio de la prensa no es muy importante. El señor Defferre es propietario de Le Provençal, en Marsella, y el PS publica una revista semanal, L´Unité, una Carta diaria y tres revistas

Un cheque devuelto

En 1965, cuando el señor Mitterrand se presentó a las elecciones presidenciales, el Sindicato de Productores de Petróleo le envió un cheque de 50.000 francos (unas 800.000 pesetas) para colaborar en la financiación de su campaña. Parece ser que el líder socialista lo devolvió advirtiendo: «Envienme ustedes la misma cantidad que le han dado a los gaullistas y, en tal caso, quizá examine la proposición.» La anécdota sería reveladora de las relaciones económicas del PS con la patronal que, salvo al PCF, pretende ayudar más o menos a todas las formaciones. El PS se financia, fundamentalmente, según sus dirigentes, gracias a las cotizaciones de los militantes. Para comprar el nuevo edificio de su sede central, en París, obtuvo un préstamo de los sindicatos alemanes. Las donaciones individuales, de militantes potentes, también contribuyen.

El PS «excluye toda estrategia de tercera fuerza, y no se apoyará en ninguna otra mayoría que no sea la mayoría de izquierdas escogida por el sufragio universal», así lo establece su programa.

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