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Entrevista:

Alberti dimite como diputado del PCE

En una larga carta, dirigida a la opinión pública, el poeta gaditano Rafael Alberti explicó los motivos que le han llevado a presentar su dimisión como diputado del PCE por Cádiz en favor del número dos de la lista, el líder campesino Francisco Cabral Oliveros. La dimisión de Alberti fue aceptada, en la mañana de ayer, por el Comité Ejecutivo del, Partido Comunista. En su Carta, Alberti explica que su dimisión es una decisión absolutamente personal y que él la considera un acto de humildad. Piensa seguir estrechamente ligado al PCE, del que es militante desde 1934, como «lo que soy, un poeta de la calle», y cree que de esta forma será más útil al partido. se entrevistó con el poeta en el hotel donde éste se aloja en Madrid.

La carta de Alberti, fechada en Madrid a 6 de septiembre, comienza explicando la ilusión y el entusiamo que sintió cuando el PCE, recién legalizado, le pidió que encabezase la lista de sus candidatos por la provincia de Cádiz, y relata la «experiencia maravillosa y emocionante de los veintiún días que duró la campaña, electoral por los puertos de la bahía y los pueblos del interior». «Pero habiendo triunfado yo únicamente y existiendo junto a mí otros candidatos experimentados, conocedores mejor que yo de toda la problemática y necesidades de la clase trabaja dora, considero que ha llegado el momento de dar paso en las Cortes al candidato que me sigue, Francisco Cabral Oliveros, un verdadero líder campesino del pueblo de Trebujena.»Alberti dice a continuación que está convencido de que «todos aquellos que me votaron no quedarán defraudados con este cambio. En cuanto a mí, un poeta exiliado durante tanto tiempo de su patria, a quien vuelven todos estos hechos en los momentos más agudos de su larga vida creadora, pido a este apasionado y valeroso pueblo andaluz que me conoció tan de cerca, dándome pruebas de amistad y cariño en los días de la campaña electoral, hasta erigirme, al fin, diputado por esta provincia, pido comprenda y acepte esta voluntaria decisión, concediéndome la libertad necesaria para continuar mi obra poética de poeta de la calle, que es la más eficaz manera de ayudarlo, y puede así caminar más que nunca a su lado en los grandes anos que se avecinan, llenos de alegría, de esperanza, de entera fe en el futuro de España, de Andalucía y de Cádiz».

Rafael Alberti (que desde el pasado 15 de junio ha visitado su casa romana del Trastevere en cuatro ocasiones) explicó a EL PAIS que en lo sucesivo piensa seguir recorriendo España trabajando para su partido, pero sin los condicionantes de «tener que sentarme en la Cámara».

No ha decidido aún dónde fijará su residencia, aunque comentó que por el momento no puede dejar su trabajo y su vida en Italia, «que está íntimamente unida a mi actual etapa creadora y donde actualmente tengo dos exposiciones abiertas, en Milán y Verona, y donde pienso concluir los tomos segundo y tercero de mis memorias tituladas La arboleda perdida». También está recopilando todas las poesías y escritos compuestos por él durante la campaña electoral para ser publicados próximamente.

"Sé que hay mucha gente que lo va a sentir"

EL PAIS: Usted alude indirectamente a ello en su carta, y pide a lo gaditanos que comprendan y acepten su dimisión. Pero ¿no cree que esto es (y perdón por utilizar la palabra) un engaño a los electores que le han votado?RAFAEL ALBERTI: Sí, creo que hay mucha gente que lo va a sentir Pero creo que lo van a comprender. Sobre todo teniendo en cuenta a la persona que me sustituye, un hombre de origen campesino, totalmente identificado con los problemas de la provincia y un verdadero líder. A mí, que llevo cuarenta años fuera de España, son muchos los problemas que se me escapan. Si hubiera salido conmigo algún diputado comunista más, no hubiera tomado esta decisión. Pero creo que desde un punto de vista de eficacia debía de dimitir en favor de Cabral Oliveros. Sentimentalmente, al comienzo, la gente puede sentirse defraudada y esto me ha preocupado durante el período de tiempo en que estuve pensando esta decisión. Yo era para los gaditanos algo nuevo, sentimental. Yo hice una campaña electoral poética... Pero quiero decir también que pienso seguir estando al lado de ellos como hasta ahora, aunque no esté sentado en el Parlamento.

EL PAIS: Dicho con otras palabras, Alberti, ¿cree que el resultado obtenido por el PCE hubiera sido el mismo si no se hubiese presentado usted?

R. A.: Quizá no. Yo saqué 15.000 votos más de los necesarios. Pero Cabral es un hombre con gran popularidad en Cádiz. Esa es una pregunta que no se puede responder.

EL PAIS: Son exclusivamente los motivos que aduce en la carta los que le han impulsado a dimitir, ¿o pueden existir otros?

R. A.: No, en absoluto. Yo soy un poeta civil. Tengo vocación política (milito en el Partido Comunista desde 1934), pero no soy un profesional de la política. Yo no estoy preparado para sentarme a discutir la Constitución: no conozco muy bien los problemas actuales y por eso creo que debo ceder mi escaño a un hombre bien preparado. Yo quiero ayudar al pueblo español como sé hacerlo, siendo un poeta de la calle. Tengo 74 años, pero estoy en el mejor momento de mi vida creadora y necesito más tiempo y más libertad para trabajar en beneficio del pueblo de España.

EL PAIS: Habrá quien diga que su decisión es una pura opción de comodidad.

R. A.: Eso no tiene ningún peso. Yo intervendré en la campaña electoral para las municipales, donde el PCE obtendrá buenos resultados. Seguiré recorriendo España, como he recorrido durante muchos años Italia, trabajando por España. Y seguiré con mi presencia en la calle.

EL PAIS: ¿Es incompatible el ejercicio de la poesía con el de la política?

R. A.: Yo no lo planteo así. Se pueden hacer las dos cosas, pero desde el punto de vista de la eficacia, creo, insisto, en que es más úlun diputado como Cabral.

"Nadie me ha obligado a nada"

EL PAIS: ¿Cómo aceptó el partido su decisión?R. A.: Se lo dije hace tiempo a Carrillo y a otros camaradas. Carrillo me dijo: «Si ese es tu deseo, no tenemos inconvenientes». Nadie me ha obligado a nada.

EL PAIS: ¿Qué tareas concretas va a emprender ahora?

R. A.: Quiero insistir en una cosa. Esta dimisión no es por comodidad. Yo siempre he llevado una vida ajetreada. Quiero seguir ahora con las cosas que tengo entre manos: mis libros y mis cuadros. Tengo reunido bastante material para iniciar el segundo tomo de mis memorias tituladas La arboleda perdida, que tendrá ochocientas páginas, para luego empezar el tercero y último. Y todo esto lo tengo que hacer en Roma, donde tengo ese material y donde puedo escribir con tranquilidad.

EL PAIS: ¿Quiere eso decir que piensa instalarse nuevamente en Roma, aunque viaje frecuentemente a España?

R. A.: No exactamente. Pienso estar más tiempo aquí, en España. Como he estado cuarenta años fuera no he tenido la oportunidad de conocer mi país más que de una manera fragmentaria. Como ahora me invitan a todas partes, pienso dedicarme a conocer España, lo que para mi futuro literario y poético considero bastante útil. No estoy cansado ni tengo la edad que tengo, ya sabe a qué me refiero. Voy a seguir rodando y quiero continuar siendo poeta errante.

Rafael Alberti, que continúa recibiendo anónimos, en el que le llaman, entre otros insultos publicables, poeta del odio, asesino, perro moscovita, traidor, a quien le continúan pintando en su coche y en su fachada cruces esvásticas (hace unos días fue reconocido en la cafetería Roma -lugar de reunión, como todo el mundo sabe, de gente de extrema derecha- en compañía de un amigo, y se le concedieron cinco minutos para abandonar el lugar) asegura estar seriamente preocupado por la situación política, aunque cree que las crisis rumoreadas estos días atrás comienzan a superarse y asegura que este país llegará a algo digno. «Aunque después de cuarenta años de dictadura es ingenuo pensar que van a darnos caramelos.» Comentando con EL PAIS la celebración de las elecciones municipales, dijo que éstas iban a ser «bravas»

«No se olvide que la Monarquía anterior cayó con unas municipales» y que servirían para arreglar muchas cosas, «porque la mayoría de los pueblos españoles están controlados por alcaldes reaccionarios y por la Guardia Civil», y entre otras, «para terminar con ese poder que está acostumbrado a dar leña sin que se le pidan explicaciones».

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 9 de septiembre de 1977

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